Metros cuadrados

4 julio, 2020

Metros cuadrados busca hacer un mapeo de la cuarentena a través de historias visuales que ejemplifiquen lo diferente y peculiar del confinamiento se vive en la Ciudad de México y sus periferias

Por Quetzalli Nicte Ha González 

Metros Cuadrados es un proyecto fotográfico que retrata la cuarentena de diversas familias en la Ciudad de México y su relación con el espacio que habitan; ese espacio físico y delimitado al que el covid 19 los ha recluido. La decoración interior convertida en el nuevo paisaje de donde emana la reconciliación o se enfatiza el encierro; cada metro cuadrado de nuestros hogares parecía haber sido domando y conocido; sin embargo, ahora es explorado desde una situación inusitada y reinterpretado en medio de una pandemia. La cuarentena no es la misma para todos. La familia es diversa. El contexto cambia colonia a colonia y cada factor modifica la vivencia.

Claudia Chumacero. Veterinaria

Departamento de 64 metros cuadrados en un predio de 240 metros cuadrados donde viven cuatro familias.

Impulsora, Ciudad Nezahualcóyotl.

Con 36 años Claudia me recibe contenta en su hogar. Uno de cuatro hogares que coexisten en el mismo predio de sus padres. Cada hermano tuvo su espacio para construir, ella tenía claro que quería 3 recamaras y un boiler que le permitiera pararse y bañarse de inmediato. «No soy de las personas que piden 5 minutos más. Para ir a la facultad sonaba el despertador y listo, de golpe para arriba». 

Madre soltera de un niño de 10 y una adolescente de 13 años, Claudia Chumacero decidió presentar el examen a la UNAM luego de separarse del papá de sus hijos y estudiar veterinaria para poder obtener un trabajo que les diera mayores oportunidades. 

Acostumbrada a ir contra corriente sin que la detengan los prejuicios y presiones sociales de que debe conseguir un hombre para ser feliz, Claudia cuenta orgullosa: «Yo puse el piso de la casa, así como lo ves, la mezcla y todo». Se le oye satisfecha de saber que paso a paso obtuvo su propio espacio. Lo que más le pesa de la cuarentena es que le cerraron el Gimnasio. De 3 años para acá se ha vuelto su refugio y 2 horas diarias eran religiosamente destinadas a ese lugar. » No soy gastalona, tengo una bolsa, unas zapatillas y un vestido; eso sí, muchos tenis». 

Para sus hijos la reclusión ha significado convivir más con los primos que viven en la misma casa, dormir más, escribirse por teléfono con sus amigos. » La traigo a raya, tengo una aplicación que hace que a las 10 en punto de la noche, el celular se le muera, no puede hacer ya nada, sino imagínate, no se duerme nunca» explica sobre su hija. Ciudad Nezahualcóyotl encabeza la lista de contagios en la zona oriente.

Teresa Pérez Osorio. Profesora de Primaria cesada 

Casa de 174 metros cuadrados. Nicolás Romero, Estado de México. 

La profesora Teresa fue de las que festejó el derrumbe de la reforma educativa del expresidente Enrique Peña Nieto. Hace seis años fue cesada por oponerse a las nuevas reglas punitivas que obligaban a los docentes a presentar exámenes periódicamente. Maestra de educación primaria, espera pacientemente se resuelva su caso y su plaza sea reinstaurada. Ella es una mujer acostumbrada a luchar dura y tenazmente. Toda esa fuerza fue necesaria para vencer el covid 19. 

«Es horrible, discapacitante, el día 30 de marzo empecé con las primeras molestias, temperatura alta y un dolor de cuerpo insoportable que sentía que me partía la espalda, luego llegó la tos y el dolor en el pecho para jalar aire». 

La maestra vive con su hija y su nieto de ocho años. Cuando se sintió peor, le avisó a un amigo suyo del magisterio disidente, el profesor Figueroa; éste se movilizó y consiguió que doctores de Atizapán fueran a su casa. Éstos le detectaron la sintomatología y realizaron la prueba coronavirus en ese preciso instante. Cuatro días después le avisaron que tenía el virus. Confinamiento absoluto. Ningún vecino se enteró en esos momentos. El mismo profesor que les ayudó a conseguir atención médica les llevó despensa para que ellas no salieran. El nieto de la maestra Tere fue el único que no presentó ningún síntoma y se sometió a una reclusión rigurosa en su cuarto, del cual no salió durante semanas.

«Yo entiendo que hay gente que no cree ,o no quiere creer, pero sí es importante tomen en cuenta la gente que está a su alrededor», cuenta su hija. La única salida que tuvo la maestra los días anteriores a sentirse mal fue a su cita médica en la clínica 72 del IMSS. Luego se informó que tenían registrados al menos 20 médicos con coronavirus.

Paulina Mendoza Ramos, economista 

Departamento de 65 metros Alcaldía Benito Juárez, CDMX. 

Paulina es una joven feminista que trabaja para una empresa que realiza análisis de resultados de la implementación de programas sociales. El inicio de la cuarentena lo pasó en Tabasco porque allá finalizaban un trabajo «Parecía que no pasaba nada, allá todos estaban muy relajados, ya que volví a la Ciudad de México fue que dimensioné todos los cambios». 

En la decoración sobresale una pintura a medio terminar, la realizó el padre de Víctor, su pareja. Es el retrato de su hijo mayor que murió en un trágico accidente en un río en Ginebra, Suiza. «Para Víctor es muy importante, me pidió dejarlo aquí y yo la conservo con cuidado». 

«Lo más difícil de la cuarentena es no poder hacer cosas recreativas. Una sabe que tiene el tiempo de hacerlas ahora porque no hay tanto trabajo, pero no se puede; sólo queda estar encerrada». Pau fue las primeras mexicanas en hacer un viaje en motocicleta hasta la Patagonia, tiene corazón viajero. Está consciente de que el confinamiento puede extenderse. Le gusta observar por la ventana de su edificio sobretodo ahora que el flujo vehicular ha disminuido y la contaminación ha bajado. A sus 32 años piensa en proyectos por venir apenas esto termine, en los viajes que le gustaría hacer y en pasar más tiempo con su familia.

Isaac Alcántara, estudiante Universitario 

Casa 120 cuadrados Alcaldía Gustavo A Madero 

«Quedas atrapado contigo mismo, quitas la presión de la escuela, la del trabajo y te das a la introspección. Las primeras semanas fueron difíciles, pero luego ya me dio cierta paz». Isaac de 21 años, pasa la cuarentena con su madre, su abuela y su hermano mayor. Le gusta pasar algunas de sus tardes en el cuarto de su hermano mientras él trabaja; ya sea para jugar videojuegos o simplemente estar. Lo primero que hará al salir es ver a sus amigos. Es la palabra que suena una y otra vez cuando piensa en lo que viene, los amigos; esos con los que ha hecho borracheras virtuales y charlas de desahogo. 

«Vamos bien en la cuarentena, estamos aquí pero nos damos nuestra distancia y pues no nos hemos llegado a hartar». Se puede ver a la abuela cuidar de sus plantas en la azotea o permanecer en su cuarto. “Ella tiene otro ritmo, otros horarios en todo”, cuenta Isaac. La hora de la comida es donde más interactúan, él, su madre y su hermano. Charlan sobre el último capítulo de una serie, o el porqué deberían ver alguna película; de pronto, el tono cambia cuando el covid 19 llega a la sobremesa, se materializa en nombres de posibles contagios a personas que conocen. Sólo Isaac y su hermano salen por suministros. Tienen todo un ritual a la entrada de la casa para desinfectarse. Antes de cerrar la puerta dejan afuera una de las alcaldías catalogada como focos rojos de la Ciudad de México por un alto nivel de contagios.

Enrique y Jean, académico y gestor cultural 

Depto: 100 m. cuadrados, Benito Juárez.

Enrique Pineda es maestro de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, de la UNAM y Jean Pierre, es gestor cultural en proyectos comunitarios en la Ciudad de México. Llevan seis años juntos. Ambos realizan trabajo desde casa a partir del inicio del semáforo de alerta. Enrique realiza también su posdoctorado; es especialista en luchas sociales, resistencias socioambientales y pueblos autónomos. 

“Mi relación con el exterior ha cambiado radicalmente. En la docencia y la militancia que son dos actividades esenciales en mi vida, todo se ha reducido a una dinámica virtual. Al interior hemos tenido que redistribuir la repartición del trabajo doméstico para que sea más igualitario”. 

Una de sus preocupaciones es tener parado un proyecto de colaboración con los campesinos de San Salvador Atenco; antes de la cuarentena realizaban brigadas quincenales de apoyo a la producción para recuperar tierras de siembra luego que el proyecto del aeropuerto fue cancelado. “La visita de personas externas a la comunidad campesina ahora es peligrosa, porque podemos contagiar a la gente de allá”. Apenas haya condiciones, Enrique y el colectivo Comunal en el que participa se integrarán de manera presencial. 

A ambos les preocupa contagiar a sus familias, sobretodo a sus madres; por ello, han tratado de mantener el aislamiento y eso ha detonado que las compras por internet aumentaran drásticamente. “Nos ha hecho conscientes de la enorme precariedad que viven los repartidores y lo multimillonarios que se están haciendo portales como Amazon”, explica Enrique. El ejercicio es una actividad que compartían ya antes de la pandemia y que realizaban en gimnasio. En estas circunstancias, Enrique se ha apropiado de la azotea mientras que Jean prefiere realizar sus rutinas en el interior del departamento. Jean cocina, Enrique lava trastes. Están picados con series como Dark y Mr Robot.

Jessica, Charlie, Darwin, Maka, Uva y Chili 

Depto: 55 metros cuadrados, más patio, Álvaro Obregón. 

Esta es una familia multiespecie: dos humanos, dos perritas y dos gatitas. Jessica trabaja en una asociación civil que hace mediciones y monitoreo de poblaciones vulnerables. Charlie tiene un negocio de pins, realiza sus diseños, impresiones y las vende. La cuarentena ha sido extraña para todos, las perritas solían salir muchísimo a parques y espacios abiertos; pero eso ya no es posible, así que tienen que conformarse con pasar más tiempo en casa o pasear ahí mismo en la unidad. Maka, una de las gatitas es la integrante más reciente, llegó en esta cuarentena. La arrojaron a su patio y ellos decidieron adoptarla. Por su propia salud decidieron esterilizarla, sin embargo, fue una experiencia dura debido a que por la pandemia acudieron a una veterinaria de la colonia y no al de confianza. La gatita llegó más débil de lo que esperaban y fue angustiante cuidarla. «Yo no salgo prácticamente para nada. Las primeras semanas sí fueron muy duras, mi hermana es enfermera y al principio no la veía porque ella tenía miedo a contagiarnos. Yo vi cómo personas a su vez se alejaron de ella y dije, basta, no la dejaré sola, tomaremos todas las precauciones, pero seguiré viéndola cada vez que ella necesite.

Delia y Guadalupe Mendoza. Jubiladas 

Casa: 200 metros cuadrados. Tlalpan, CDMX. 

Las hermanas Delia y Guadalupe Mendoza decidieron irse a vivir juntas en medio de la pandemia por covid 19. Ambas químicas jubiladas que trabajaron el sector salud durante muchos años, hoy se resguardan en una casa del pueblo de San Andrés Totoltepec. “Mis hijos me preguntaban: ‘¿quieres venirte?, ¿cómo vas a estar allá sola? Mejor regrésate’.  Yo contestaba: ‘No, para qué, yo estoy re bien aquí, nada me va a pasar’, cuenta doña Delia vivía  en Cuernavaca cuando el primer caso de covid-19 fue detectado en México. 

“Luego de algunas semanas que todo empezó, me sentí mal, yo creo que fue la angustia, el estrés de ver que todo empeoraba y crecía y yo estaba sola. Me pregunté: ‘¿Qué va a suceder si me contagio y no puedo avisar, no se entera nadie, yo solita con mis perros?’.” Así lo cuenta doña Delia de 73 años. Se regresó y pasó una breve temporada con su hija hasta que habló con su hermana Guadalupe quién también se encontraba sola viviendo en un departamento. 

“Decidimos conseguir una casa para las dos. Queríamos jardín y por la zona porque así estamos cerca de mi hija y nietos, compré un brincolín pensando en ellos, para que pudieran entretenerse, pero ahora no pueden usarlo, ya mejor Delia lo usa para asolear a sus tortugas”, comenta doña Guadalupe. 

Para ellas ha sido un paso importante compartir un espacio, pero sienten que esta pandemia las impulsó a tomar decisiones para poder acompañarse y cuidarse. Intentan no salir en absoluto, aunque luego no pueden evitar salir a comprar bolillo o fruta. “Nos vamos con tapabocas y acá por el rumbo no hay tanta gente. Mis hijos me traen despensa, me hablan y me preguntan qué traernos aunque no siempre llegan con lo que queremos”, cuenta risueña doña Delia. Les gusta el tequila, los juegos en su ipad o celular, ver la conferencia del secretario Hugo López-Gatell y las telenovelas turcas. 

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