Los vaivenes de Margarita

8 febrero, 2021

En 2020, Margarita Zavala y Felipe Calderón quisieron fundar un partido que desbancara a Acción Nacional, al que llamaban antidemocrático y corrupto. Hoy, Zavala regresa al PAN por la puerta trasera, para tratar de ser diputada

Twitter: @chamanesco

En octubre de 2017, Margarita Zavala Gómez del Campo renunció al Partido Acción Nacional, acusando al entonces dirigente, Ricardo Anaya Cortés, de haber cancelado la democracia interna, la transparencia y la participación de la ciudadanía en la selección de candidaturas.

Tres años después, la esposa del expresidente Felipe Calderón regresa al partido de su vida gracias, precisamente, a que Anaya –y otros dirigentes antes de él– cancelaron la democracia interna, la transparencia y la participación ciudadana en la selección de sus candidaturas.

La decisión del partido que hoy dirige el michoacano Marko Cortés de postular a Zavala como candidata a la Cámara de Diputados, tanto por la vía plurinominal como por el distrito 10 de la alcaldía Miguel Hidalgo, corresponde precisamente a una decisión cupular, que desdeña y agravia a las y los panistas que no se fueron de su partido en 2018 –cuando no los hicieron candidatos a algo– y se quedaron ahí en aquella noche triste en la que perdieron casi todo.

Decía Margarita Zavala, en su video-renuncia del 6 de octubre de 2017, que durante dos años trabajó para ser nominada candidata del PAN a la Presidencia de la República en los comicios del 2018, pero Anaya bloqueó sus aspiraciones, y por eso tuvo que renunciar a 33 años de militancia, pues para poder registrarse como candidata independiente debía manifestar su interés en octubre de 2017.

“Durante dos años, pedí un método democrático, transparente y claro, que se escuchara a los ciudadanos para tomar una decisión; pedí reglas, lo pedí en público y en privado; lo pedí a la Comisión Permanente, por escrito y en video. Y la respuesta siempre fue una evasiva”, se quejó la ex Primera Dama.  

Al final, Zavala fue candidata a la Presidencia.

Con múltiples irregularidades, logró entregar a la autoridad electoral más de un millón y medio de apoyos ciudadanos para registrar su candidatura independiente (más de 200 mil le fueron invalidados en la revisión), y a finales de marzo de 2018 pudo arrancar su campaña.

En abril, Zavala participó en el primer debate de aspirantes a la Presidencia, frente a Jaime Rodríguez El Bronco, José Antonio Meade, Ricardo Anaya y Andrés Manuel López Obrador. Pero en mayo las encuestas le hicieron ver que nunca rebasaría el 6 por ciento de las preferencias, y tiró la toalla.

Al final, Ricardo Anaya hundió al PAN en su peor resultado electoral desde 1994 y, en medio de la debacle panista, Margarita Zavala anunció la fundación de un nuevo partido político, a partir de su asociación civil, denominada México Libre.

El 11 de noviembre de 2018, Felipe Calderón renunció a su militancia panista, argumentando que había dejado de ser “el instrumento de participación ciudadana para la construcción de un México mejor, como pensaron sus fundadores”.

En su carta de renuncia, el expresidente anunciaba que enfocaría sus esfuerzos en la creación de un nuevo partido: “México requiere urgentemente una opción de participación política a cuya creación ya vienen contribuyendo nuevas voces ciudadanas, especialmente jóvenes, y permanecer en el PAN sólo implica una desviación y pérdida neta de tiempo, recursos y capacidad de organización que deben dedicarse a impulsar ese esfuerzo con todo vigor”.

Durante todo el 2019, Calderón y Zavala promovieron la creación de su partido bajo la premisa de que el PAN era controlado por “una camarilla” y un dirigente, Marko Cortés, cuya esencia “es la traición, la corrupción y la hipocresía”.

La denostación al PAN era el aceite que movía el proyecto de Calderón-Zavala, quienes buscaban fundar un nuevo partido de derecha, para convertirse –nuevamente– en la némesis de López Obrador. 

Nuevamente con irregularidades, a principios de 2020 Zavala y Calderón lograron acreditar la realización de más de 20 asambleas distritales y presentar las más de 234 mil afiliaciones de ciudadanos requeridas para solicitar el registro de México Libre como partido político nacional.

Pero esta vez el INE le dijo no, al detectar que una parte de su patrocinio era de origen dudoso, por haber sido recolectado mediante una aplicación electrónica bancaria explícitamente prohibida para el financiamiento de partidos políticos. Una resolución que fue avalada por la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. 

Ante su nuevo fracaso, Zavala acusó al INE y al Tribunal Electoral de someterse a los designios del gobierno federal y Morena, y en octubre emprendió una nueva aventura política: la de regresar al partido de sus amores por la puerta oscura de las negociaciones cupulares, los arreglos poco transparentes y la imposición desde los órganos directivos.

Precisamente lo que le criticó a Ricardo Anaya.

Decía Zavala, en el video de su renuncia: “Durante este tiempo, (Anaya) canceló totalmente la vida democrática interna y la participación ciudadana en el PAN. Durante los últimos años, ningún ciudadano ha sido aceptado en el PAN como nuevo militante. Se manipuló gravemente el padrón interno hasta volverlo inservible, y con este pretexto se han cancelado las elecciones internas del partido para postular candidatos, con lo cual las aspiraciones políticas de los militantes están condicionadas por la dirigencia, subordinándolas a sus intereses personales. En suma: impuso en el PAN condiciones antidemocráticas que tanto criticamos en el PRI y en otros partidos”.

Era octubre de 2017, pero el diagnóstico retrata fielmente al PAN del 2020 y 2021, el PAN de Marko Cortés, que en noviembre pactó una insólita alianza con el PRI, el partido de Estado frente al cual Manuel Gómez Morin fundó Acción Nacional en 1939, y que la semana pasada hizo procesar “fast track” las candidaturas de Margarita Zavala y otros ex funcionarios del sexenio calderonista, como Francisco Ramírez Acuña (ex secretario de Gobernación); Cecilia Romero (ex directora del Instituto Nacional de Migración) y Ana Teresa Aranda (subsecretaria de Población y Asuntos Migratorios de Segob).

La Comisión Permanente del PAN de Marko Cortés se parece bastante a la de Ricardo Anaya, que tanto espantaba a Margarita Zavala.

Si no, pregúntenle a las panistas de la Ciudad de México, que no entienden cómo una exmilitante que vive en la alcaldía Álvaro Obregón fue postulada en el distrito 10 de Miguel Hidalgo, uno de los más competitivos para el PAN. Y, además, colocada en un lugar privilegiado en la lista de representación proporcional.  

Si esta vez nada le falla, Zavala regresará en septiembre a la Cámara de Diputados, en donde ya estuvo entre 2003 y 2006, en la Legislatura LIX, donde poco o nada se recuerda de sus iniciativas, sus intervenciones en tribuna, su trabajo en comisiones o el contacto con sus representados.

Aquella vez también fue plurinominal, impuesta por la cúpula de un partido que ya comenzaba a ser dominado por el calderonismo. En aquella Legislatura, de la mano de Germán Martínez, Juan Molinar y una veintena de diputados con arraigo en sus estados, Zavala usó la curul para apuntalar la candidatura de su marido y llegar a Los Pinos en 2006.

Fue Primera Dama hasta 2012; en 2015 quiso ser diputada federal, pero Gustavo Madero le cerró el paso; en 2017 quiso ser precandidata presidencial, y Ricardo Anaya la bloqueó; en 2018, fue candidata independiente, pero tiró la toalla antes del 1º de julio, y en 2020 quiso fundar un partido, pero le negaron el registro.

Hoy vuelve al PAN, porque quiere regresar a San Lázaro; dice que para ayudar a construir un bloque que sirva de contrapeso “al populismo de Andrés Manuel López Obrador”.

Será candidata de la Alianza Va por México; postulada por el PAN, el partido al que renunció y criticó duramente en los últimos dos años; del PRD, partido al que combatió durante dos décadas, y del PRI, partido contra el que lucharon su padre (Diego Zavala) y otros fundadores de Acción Nacional desde los años 40.

No es la congruencia la base de su aspiración. Todo sea por llegar a la Cámara.

Periodista desde 1993. Estudió Comunicación en la UNAM y Periodismo en el Máster de El País. Trabajó en Reforma 25 años como reportero y editor de Enfoque y Revista R. Es maestro en la UNAM y la Ibero. Iba a fundar una banda de rock progresivo, pero el periodismo y la política se interpusieron en el camino. Analista político, actualmente es asesor en el Instituto Nacional Electoral.