Los titiriteros de FRENAA

25 septiembre, 2020

El campamento del frente anti AMLO en el Zócalo es fuente de bromas y anécdotas sobre el ridículo. Pero es incorrecto resumir así al movimiento. En el fondo es parte de una serie de acontecimientos que buscan construir una narrativa del caos en México. Es, también, parte del anhelado derrocamiento de la 4T que acarician los huérfanos del presupuesto, los nostálgicos de la impunidad

@anajarnajar

Las escenas son… peculiares: una pareja que arroja agua bendita en el Hemiciclo a Juárez para exorcizar, juran, el espíritu del Benemérito de las Américas.

Una mujer que, con un megáfono, pide voluntarios para ocupar las casas de campaña vacías.

Familias que no paran de rezar. Personas acompañadas de sus empleados, quienes cargan los enseres que utilizarán sus patrones en la protesta.

Historias del campamento que desde el 19 de septiembre instaló en el Centro Histórico de Ciudad de México el ultraderechista Frente Nacional Anti AMLO (Frenaa).

Las anécdotas podrían ser graciosas, si no fuera por el contexto en el que ocurren. Desde su fundación el grupo ha expresado abiertamente su intención de derrocar al presidente Andrés Manuel López Obrador.

Inclusive su vocero más visible, el empresario Gilberto Lozano, jura que cuenta con “kamikazes” dispuestos a lo que sea para cumplir el objetivo central de Frenaa.

El campamento que mantiene instalado en el Zócalo de la capital es su acción más reciente. El grupo ha sido motivo de escarnio en redes sociales de internet, y también de repudio por muchos de quienes asisten al Centro.

Sin embargo, para entender el significado de este movimiento es preciso hacer a un lado los momentos ridículos.

Una pregunta básica es a quién le conviene que exista una organización como Frenaa, y para qué la necesita.

Gilberto Lozano fue directivo en Fomento Económico Mexicano (FEMSA), un corporativo fabricante de algunas de las bebidas azucaradas señaladas como responsables de la epidemia de obesidad y diabetes en el país.

El director de FEMSA es José Antonio Fernández Carbajal, conocido como El Diablo y quien en varias ocasiones ha dicho que financiará los movimientos que se opongan a la Cuarta Transformación.

El corporativo fue obligado a pagar más de nueve mil millones de pesos que adeudaba en impuestos, algo que enfureció a El Diablo. “Voy a pagarle al SAT, pero si es necesario pondré el doble para sacar a López Obrador en 2022” dijo a algunos empresarios.

La versión se publicó en algunas columnas. Fernández Carbajal nunca la desmintió.

Hay más. Entre los líderes de Frenaa hay personajes que desde hace años se oponen al proyecto político de López Obrador. Uno de ellos es el locutor Pedro Ferriz de Con quien, en conversaciones privadas que se hicieron públicas, abiertamente ha hablado de promover un golpe de estado contra el presidente.

Pero los nombres y apellidos son una parte de la historia. Una de las arengas más frecuentes en el campamento ultraderechista es que AMLO lleva al país al comunismo.

Curiosamente es la misma bandera que agita la parte más conservadora de la Iglesia Católica. En sus publicaciones semanales la Arquidiócesis de Guadalajara ha publicado que la 4T es en realidad un proyecto comunista y anti religioso.

Inclusive el cardenal emérito de esa congregación, Juan Sandoval Íñiguez abiertamente pide frenar a AMLO. El sacerdote, por cierto, fue promotor de la canonización de varios combatientes sinarquistas en la Guerra Cristera.

En las movilizaciones con automóviles de lujo de Frenaa es frecuente escuchar y leer la vieja consigna del sinarquismo: Viva Cristo Rey.

Y en el campamento del Zócalo, casi a toda hora, hay jornadas de oraciones católicas. ¿Casualidad? puede ser, pero también puede haber otra explicación.

Los sectores más conservadores de la iglesia católica no están muy contentos con la cercanía de iglesias evangélicas a la 4T, y mucho menos con el respaldo tácito de López Obrador al activismo político de algunos ministros de esos cultos.

Así, la coincidencia con el estandarte de Frenaa y el perfil católico del campamento puede ser una especie de venganza por la alianza evangélica hacia el proyecto político de AMLO.

No es todo. Entre muchos sacerdotes y algunos jerarcas de la Iglesia en estados del centro del país –como Jalisco y Guanajuato- prevalece la certeza de que la Cristiada es una herida no cerrada.

Mala noticia. La historia enseña que mezclar religión y política es uno de los cocteles más peligrosos para cualquier sociedad. Y México ya enfrentó una guerra civil por esta causa.

Es otro de los elementos para analizar. El 19 de septiembre cuando la policía capitalina impidió que los simpatizantes de Frenaa llegaran al Zócalo, en cuentas de Twitter de ese movimiento se desplegó una intensa campaña para denunciar una supuesta represión a los mexicanos.

Con videos de las vallas de policías y escaramuzas verbales, los ultraderechistas anunciaban que en el país empezaba una dictadura. 

De hecho la instrucción explícita fue enviar los mensajes a medios internacionales, con el objetivo de crear la idea de que AMLO pretendía desatar una escalada de violencia.

A Frenaa, entonces, le conviene una foto donde se violente a sus simpatizantes. Y en ese terreno aparece otra coincidencia: la excesiva cobertura del plantón en la mayoría de los medios tradicionales.

El día que se instaló el campamento en el Zócalo había unos 150 militantes del grupo, pero los reporteros y camarógrafos superaron los 200.

El plantón es tema en la mayoría de los sitios de opinión, y algunas televisoras con transmisión continua le dedican, decenas de veces al día, un espacio al campamento.

¿Por qué invertir tanto tiempo a un grupo que, en sus mejores momentos, no logra convocar a más de 300 personas? Es, obviamente, parte de la estrategia donde también existen otros actores.

Es el caso de la disputa por el agua en Chihuahua, arropada por 14 gobernadores del país. 

También lo es la decisión de 10 mandatarios de abandonar la Comisión Nacional de Gobernadores. Y en este análisis se puede incluir la reaparición en política del excandidato presidencial, Ricardo Anaya.

El político fracasado pretende convertirse en la contraparte de López Obrador, una apuesta fresca ante el discurso presidencial que, dice, viene del pasado.

Y no debe olvidarse que uno de los objetivos estratégicos del Frente anti AMLO es buscar un candidato presidencial apoyado por todos los opositores a la 4T. ¿Coincidencia?

Estos movimientos parecen independientes entre sí, pero en el fondo son parte de lo mismo, como extraídos de un manual de desestabilización política. 

El objetivo es crear la narrativa, dentro y fuera del país, de que López Obrador no puede gobernar.

Una supuesta crisis política que permitiría conseguir respaldo de poderosos grupos conservadores internacionales, que sumarían su ladrillito al cerco que pretende imponerse al proyecto de la 4T.

Funcionó en Brasil, Bolivia y en su momento en Venezuela. Es, de hecho, el sueño de estos opositores radicales, confesado incluso por uno de sus más activos personajes, el impresentable Felipe del Sagrado Corazón de Jesús Calderón Hinojosa.

El sujeto habló de la posibilidad de impulsar un golpe de estado contra el presidente venezolano. Una obviedad para muchos: te lo digo Nicolás Maduro para que lo entiendan los adversarios de AMLO.

En este escenario el Frenaa es un títere eficiente. Porque en política no hay casualidades. Y menos en tiempos convulsos y llenos de odio promovido por los huérfanos del presupuesto.

Sí, el Frente anti López Obrador es fuente de chistes y memes en Twitter. Pero en su letra chiquita lo que se lee es la incubación de un huevo de serpiente.

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