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Los migrantes construyeron la Ciudad de los Dioses

La huella de los migrantes está presente en todas las grandes ciudades. Teotihuacán, considerada como una megalópolis preindustrial, también fue edificada con las manos de los que llegaron de fuera para ponerla en pie

Texto y fotos: Ana Cristina Ramos

Teotihuacán, una de las ciudades preindustriales más grandes del mundo, también se construyó con base en la migración. La gran ciudad de 20 kilómetros cuadrados se empezó a edificar a partir de la llegada de antiguos pobladores de Puebla y Tlaxcala en el año 80 D.C, que migraron por la erupción del volcán Popocatépetl. Después, las periferias de las ciudad se fueron llenando con personas provenientes de lo que ahora es Oaxaca, Veracruz y Michoacán.

De acuerdo con la arqueóloga Linda Manzanillo, quien ha dedicado más de cuatro décadas a estudiar esta cultura prehispánica, fue la necesidad de alimentos lo que hizo que las personas llegaran a esa gran ciudad.

“Migraron porque en sus lugares de origen tuvieron estrés nutricional en la infancia, no estaban comiendo bien; eran artesanos en sus lugares de origen y el sistema de caravanas que cada barrio organiza le llama a estos migrantes  a vivir a la gran ciudad y, como sucede actualmente, el migrante va a la ciudad para tener mejores condiciones de vida. Ellos iban a ser alimentados por su trabajo”, explica la investigadora, presente en el Segundo Foro de Megaciudades, celebrado en el Museo Nacional de Antropología.

Los migrantes llegaron a vivir en la periferia que rodeaba 22 barrios, donde había viviendas multifamiliares.

La antropóloga explica que aproximadamente 125 mil personas vivían y trabajaban en Teotihuacán y se dedicaban a distintas actividades, sobre todo manufactura de artesanías, construcción y la traslado de caravanas de bienes lujosos. 

La multietnicidad era un elemento de la llamada Ciudad de los Dioses pero también una marcada disparidad. Existían casetas o puntos de restricción por los que sólo podían pasar las élites; la respuesta parece muy obvia: los atavíos y los tocados son una manera de reconocer a estas diversidades étnicas, diversidades jerárquicas y de oficio. 

Y la organización de la ciudad estaba en función de la productividad. Los multifamiliares estaban acomodados no para estar con su parientes; sino con las personas con quienes comparten oficio.

“Son grupos corporativos, grupos de trabajo, relacionados a una actividad de trabajo en particular, les tocaba preparar estuco y aplicarlo en las construcciones del barrio”, señala, “los grupos sociales son más importantes que los individuos, de tal manera que la propaganda de los murales vemos a seres anónimos haciendo rituales o procesiones colectivas, aquí vemos grupos”.

Para los arqueólogos es más fácil ver sus rituales funerarios o midiendo los isótopos de estroncio tanto de los dientes como de los huesos; porque en los primeros quedaron las marcas del lugar de origen y en los segundos del lugar de muerte. 

“Así que la vestimenta, la cultura culinaria, la cultura funeraria, el ritual doméstico son elementos de identidad de cada uno de estos grupos étnicos”, sostiene la arqueóloga.

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