“Llevamos agua bendita para orarles por todo lo que les hicieron”

26 enero, 2020

Lupita Delgado busca a su hija Luz Alejandra Martínez Delgado. La joven fue llevada por el hijo de un sicario hasta Nuevo Laredo, Tamaulipas. Después de cuatro años en depresión, Lupita salió a los campos a buscar restos humanos: «me siento bien de ayudar a las demás familias»

Texto y foto: Daniela Rea

Soy Lupita Delgado, busco a mi hija Luz Alejandra Martínez Delgado.

En Congregación Hidalgo, Coahuila, fue la primera búsqueda. Nos dijeron: “Van a ir formados, van a ir buscando en zigzag con la varilla”. Así fue como nos empezaron a enseñar. Nosotras no teníamos método, lo hacíamos a lo loco y a lo loco encontrábamos. 

Andamos con la varilla aquí y allá.  Va una caminando y va metiendo la varilla. Yo voy caminando y veo la yerba y la voy quitando, yo busco a lo loco, pero hemos encontrado, hemos encontrado. 

Yo me acuerdo que cuando comenzábamos las búsquedas no sabíamos nada, ya hasta que nos empezaron a enseñar cómo era la parte del fragmento, del hueso, del cráneo. Yo digo que he aprendido mucho porque nunca llegué a pensar que iba a andar en esto, años atrás nunca hubiera pensado. A mí ya no me pueden decir “¿tú conoces esto?”. Me he enseñado a base de la vida porque no sabía nada. 

Nunca pensé andar en búsqueda y ahora que ando aquí pienso: Dios, yo no te pedí andar aquí, pero tú eres el bueno, tú me traes aquí, ¿y para qué? ¿Para aprender más cosas? En el Grupo Vida hemos aprendido muchísimas cosas. 

*** 

Mi hija desapareció en Tamaulipas. Vivíamos en la comunidad de Lucero, municipio de Tlahualilo, Durango y el hijo de un sicario se la llevó hasta Nuevo Laredo, Tamaulipas. Allá personas armadas los levantaron y se los llevaron. Me llamaron desde el celular de mi hija, me dijeron que si les daba 10 mil dólares a ella la iban a soltar. No volví a saber de ella ni de ellos.

Caí en una depresión mayor, estuve con ganas de morir. Durante cuatro años no busqué, no pude. Ya de ahí me incorporo y le decía a mi esposo:

–Vamos a buscarla.

–¿Dónde?

–No pues no sé, pero vamos a buscarla.

–Es que ¿dónde, dónde?, dime un lugar a donde no hayamos ido.

Uno siempre hace todo lo que puede, pero nunca hace lo suficiente. Después de un tiempo me incorporé porque tenía dos hijos y tengo que salir adelante. Me separé de mi pareja porque sentía que me detenía para la búsqueda. Y me incorporé con las compañeras de Grupo Vida.

Yo supe de ellos porque me hice muy amiga de los taxistas y les platicaba de lo que me había pasado. Ellos me dijeron de este grupo que busca desaparecidos y así llegué.

Al inicio yo pensaba que si veía un huesito me iba a desmayar y un día me animé y esa primera vez encontré una mandíbula. Ese día estábamos buscando en Patrocinio y de pronto me empecé a sentir cansada, me fui a sentar debajo de un árbol y recargué mi mano en un montículo, tierra de labor, tierra suelta y cuando la levanté se me vino una mandíbula. Me sentí muy triste, pensé en la persona a quien le hicieron eso. Yo digo que no importa en que ande uno, si andaba mal, si vendía droga, nadie tiene derecho a hacerles eso. 

A partir de ahí dije, me mentalicé, que si ando en busca de mi hija, la voy a encontrar y puede ser así, de una forma muy dolorosa.  Y poco a poco se me fue quitando el miedo para la búsqueda y comencé a ver si era un hueso o un terrón o un pedacito de madera. Aprendí que un hueso es poroso y no se quiebra tan fácilmente.

Y cuando vamos a la búsqueda y escucho palabras que a lo mejor no conozco y las escribo y consulto. Porque hasta abogadas tenemos que ser.

*** 

Siempre las mujeres han cuidado a los muertos. Una vez encontramos un esqueleto casi completo y las mujeres le oraron. “Vamos a orar antes de que se lo lleven (los peritos)”, nos dijo Silvia. 

En cada lugar que vamos llevamos agua bendita para orarles por todo lo que les hicieron. Por lo que la gente nos platica, por las personas que dan los puntos, sabemos lo que les hicieron ahí. Que los quemaban y también los sepultaban. Los encontramos encintados con cinta, de los pies, de la cara. 

Yo siento que a mi hija la mataron por todo lo que pasó. En la Fiscalía dicen que debemos estar preparadas y no, al momento que digan que es uno de nuestros hijos va a latir nuestro corazón, no vamos a comer, porque no entra la comida, no estamos preparadas aunque digamos que somos fuertes, aunque vayamos a una búsqueda.

Pero en lo personal, desde que estoy en un colectivo y tengo apoyo y tengo responsabilidad me siento bien de ayudar a las demás familias. No seré abogada pero aprendo y apoyo un poquito. Y ellas me apoyan a mí.

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¿Qué hace a una persona ser persona?

Reportera. Autora del libro “Nadie les pidió perdón”; y coautora del libro La Tropa. Por qué mata un soldado”. Dirigió el documental “No sucumbió la eternidad”. Escribe sobre el impacto social de la violencia y los cuidados. Quería ser marinera.

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