La industria de alimentos y la omisión del Estado ponen en riesgo a infantes y adolescentes

19 diciembre, 2022

Obesidad y sobrepeso acechan a 11.8 millones de estudiantes de preescolar, primaria y secundaria, al desenvolverse en ambientes escolares que propician el consumo de productos no saludables

Texto: Kennia Velázquez / @KenniaV6

Ilustración: Pinche Einnar

GUANAJUATO.- Frituras, bebidas azucaradas, dulces y otros productos ultraprocesados están al alcance de niñas, niños y adolescentes en sus escuelas poniendo en riesgo la salud de los estudiantes a pesar de que su venta, tanto dentro como fuera de sus instalaciones, está prohibida

Las escuelas son consideradas ambientes obesogénicos, porque fomentan el consumo de alimentos y bebidas de alta densidad energética, altos en azúcar, grasas no saludables y sal, y son bajos en fibra dietética, proteína, vitaminas y minerales y tienen un potencial de saciedad bajo. Estos productos representan un tercio de la energía alimentaria total en México. Se estima que el crecimiento promedio de las ventas de estos productos asciende hasta el 10 por ciento anual en países como el nuestro.

Si tomamos en cuenta la agresiva publicidad dirigida a los más jóvenes de estos productos, el riesgo al que están expuestos es enorme. Un documento de la Organización Mundial de la Salud y Unicef considera que ”los niños de todo el mundo están enormemente expuestos a la publicidad de las empresas, cuyas técnicas de marketing explotan su vulnerabilidad de desarrollo y cuyos productos pueden dañar su salud y bienestar

Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) niños y niñas “con sobrepeso tienen un menor rendimiento escolar, obtienen notas más bajas, son más propensos a faltar a la escuela y están fuera de la escuela durante más tiempo que los niños con un peso saludable”, suelen estar mucho menos satisfechos con su vida y son hasta tres veces más propensos a sufrir acoso, pero además tienen menos probabilidades de completar su educación superior.

La evidencia científica ha demostrado que el consumo de comida y bebida ultraprocesada está asociada a mayores riesgos de mortalidad por todas las causas, obesidad, enfermedades cardio-metabólicas, hipertensión, cáncer, trastornos gastrointestinales, asma, caries, depresión, enfermedades inflamatorias, lo que provoca un deterioro en la calidad nutricional y hay indicios que estos productos afectan el rendimiento escolar. Ninguna investigación ha encontrado que el consumo de estos comestibles proporcione beneficios para la salud y en cambio está probado que las dietas que no contienen exceso de azúcares libres, grasas totales, grasas saturadas y sodio fueron la mejor opción para los infantes de 2 a 4 años.

El 50% de los niños y niñas mexicanos desarrollará diabetes en algún punto de su vida. Foto: Shopify Photos

Pese a lo anterior y que se ha demostrado cómo los actuales ambientes escolares influyen en el desarrollo de obesidad y sobrepeso, las autoridades no han tomado cartas en el asunto, lo que pone en riesgo a 11.8 millones de estudiantes de preescolar, primaria y secundaria.

Las escuelas como espacios de formación deberían promover la alimentación saludable, sin embargo, un estudio del Instituto Nacional de Salud Pública mostró que durante una jornada escolar los infantes consumen más de 550 calorías ingeridas en productos chatarra y bebidas azucaradas, lo que significa casi el 50 por ciento de sus requerimientos de energía diarios.

La prevalencia de obesidad y sobrepeso entre niños y niñas de 5 a 11 años ha crecido de manera alarmante: en 1999 era de 26.9, para 2020 era de 38.2 por ciento, según la Encuesta Nacional de Salud. Se calcula que el 50 por ciento de los infantes mexicanos desarrollará diabetes en algún punto de su vida y que para 2030 el 23.6 por ciento de las personas entre los 5 y 19 años tendrán obesidad.

Un análisis que comparó el desarrollo de infantes y adolescentes del mundo, de 1985 a 2019, reveló que en las niñas mexicanas se produjo poco o ningún aumento de altura, pero se ganó mucho más peso. Tanto niñas y niños mexicanos tuvieron un índice de masa corporal mayor en relación con la media mundial a medida que crecían.

Investigadores del Duke Clinical Research Institute han documentado cómo “la obesidad a los 3 años y el sobrepeso a los 6 años predijo el síndrome metabólico a los 11 años. La obesidad a los 6 años predijo cambios ateroscleróticos subclínicos a los 11 años”. Lo que concluyen es que si un infante a los 3 años tiene obesidad la tendrá hasta la adolescencia temprana, y aumenta el riesgo de enfermedad cardiovascular en cuanto los niños desarrollan obesidad.

Otros estudios han encontrado que un mayor consumo de productos ultraprocesados está asociado con un aumento en la acumulación de grasa desde la niñez hasta la adultez temprana. Especialistas han hecho un llamado urgente a implementar medidas para frenar la obesidad y sobrepeso infantiles y a buscar cambios en los sistemas alimentarios a nivel local, regional y mundial.

Cada vez más especialistas señalan que se deben tomar en cuenta todos los factores que contribuyen a la obesidad. “Por ejemplo, los desiertos alimentarios van en aumento y socavan la capacidad de los padres para alimentar a sus hijos con comidas saludables. Elegimos tratar los problemas de obesidad como una responsabilidad personal, ‘tú te hiciste esto a ti mismo’, pero cuando observas cómo nos movemos y vivimos, cómo son nuestros sistemas alimentarios, las políticas públicas, cómo los cambios sociales y ambientales han causado cambios en nuestro comportamiento».

Las deudas pendientes

En 2014 se dieron a conocer los lineamientos generales para el expendio y distribución de alimentos y bebidas preparados y procesados en las escuelas, pero un alto porcentaje de centros educativos los incumplen.

Según la plataforma Mi Escuela Saludable, el año en que entraron en vigor dichas normas, entre el 67 y 83 por ciento de las escuelas incumplía algunos de los lineamientos. Para el ciclo escolar 2018- 2019, no se acataban entre el 74 y 94 por ciento.

Organizaciones de la sociedad civil han pedido a la Secretaría de Educación Pública cumplir con los Lineamientos en todas las escuelas públicas y privadas del país y que se prohíba el expendio, distribución, venta y publicidad al interior y afuera de las escuelas de productos ultraprocesados que presenten sellos de advertencia y que se oficialice la asignatura Vida Saludable.

La Cámara de Diputados votó a favor de reformar la Ley General de Educación para prohibir la venta, consumo y publicidad de productos chatarra y bebidas azucaradas en las escuelas a nivel nacional. La minuta fue turnada al Senado desde el 3 de noviembre para que al ser aprobada se puedan implementar dichos cambios. Pero a pesar de la importancia de la medida, aún no ha sido votada.


Estas reformas son importantes porque precisan que las autoridades educativas deben atender los criterios nutrimentales que contribuyen a una alimentación saludable en el ámbito escolar. También detalla quienes son las autoridades responsables de la prohibición de venta de alimentos con bajo valor nutrimental y alto contenido calórico en las inmediaciones de los planteles escolares.

Finalmente, propone recuperar las tradiciones culinarias y preparaciones locales, dando preferencia a los alimentos de cada región.

Pero llevamos varios años de retraso. En 2019 la Comisión Nacional de Derechos Humanos emitió una recomendación general dirigida secretarios de estado, legisladores estatales y federales, gobernadores y a los sistemas de protección de niñas, niños y adolescentes para que se garanticen los derechos a la vida, al desarrollo, a vivir en condiciones de bienestar y a un sano desarrollo integral, a la protección de la salud, a la alimentación adecuada, al agua y al saneamiento, entre otros, que se ven vulnerados por no tomar medidas para atender el sobrepeso y la obesidad.

La Comisión recuerda que es obligación del Estado “combatir la obesidad infantil y recomienda limitar la exposición de niñas y niños a la comida rápida, de alto contenido en grasas, azúcar o sal, que es muy energética, pero carece de suficientes micronutrientes, y a bebidas de alto contenido en cafeína u otras sustancias de posibles efectos nocivos, ello, a través de controles a la comercialización y su disponibilidad en las escuelas”.

Además de señalar que las autoridades han sido omisas y que en cambio responsabilizan a las familias, recalca que el sobrepeso y la obesidad en niñas, niños y adolescentes “constituye una emergencia epidemiológica y un problema de derechos humanos que compromete su desarrollo integral y el bienestar de la sociedad mexicana”.

La CNDH pide modificar los Lineamientos así como establecer mecanismos para su implementación y cumplimiento efectivo, supervisión, evaluación y sanciones.

También recomienda la elaboración de una iniciativa que garantice el derecho a una adecuada alimentación y nutrición, y la prevención, control y atención del sobrepeso y obesidad infantil. Y solicita la inclusión en los planes de estudios asignaturas que traten el cuidado de la salud, la nutrición y malnutrición, origen y consecuencias del sobrepeso y obesidad. Pide además, la prohibición de expendios de alimentos de alto contenido calórico en los planteles escolares y en las zonas contiguas a ellos.

Lo único que falta para atender esta emergencia sanitaria en México es voluntad política y privilegiar los derechos de niñas, niños y adolescentes a los intereses comerciales.


¿Qué son los productos ultraprocesados?

Los alimentos ultraprocesados no son alimentos reales: son formulaciones de sustancias alimenticias que se modifican mediante procesos químicos, los expertos los definen como aquellos que fueron producidos con ingredientes de bajo costo, tienen larga vida útil, están listos para ser consumidos y son muy sabrosos.

Para identificarlos basta con revisar en la lista de ingredientes si contiene alguna sustancia que no son comunes en las cocinas, como: jarabe de maíz con alto contenido de fructosa, aceites hidrogenados, proteínas hidrolizadas, saborizantes, potenciadores del sabor, colorantes, emulsionantes, o edulcorantes.

Los alimentos ultraprocesados son: refrescos carbonatados; bocadillos envasados dulces o salados; chocolate, dulces; helado; panes y bollos empaquetados; margarinas y otros productos para untar; galletas, pasteles; cereales para el desayuno; platos de pasta y pizza; nuggets, salchichas, hamburguesas, sopas, fideos y postres ‘instantáneos’ en polvo y envasados, entre muchos otros.

*Esta nota fue realizada por POPLAB, integrante de la alianza de medios de la Red de Periodistas de a Pie. Aquí puedes leerla.

Portal periodístico independiente, conformado por una red de periodistas nacionales e internacionales expertos en temas sociales y de derechos humanos.