Justicia para Odalys: demandan juicio por feminicidio

25 noviembre, 2019

La familia de Odalys Anahí Hipólito lucha para que las autoridades de San Luis Potosí investiguen la muerte de la joven como un feminicidio, pues la Fiscalía estatal cerró el caso como un suicidio. Las autoridades dejaron dudas sin responder y omitieron algunas las versiones

Texto: Marcela del Muro

Fotos: Especial

“Anahí se colgó”. Esa fue la primera frase que escuchó Juana, la mamá de Odalys Anahí Hipólito, el domingo 11 de marzo de 2018. Eran las 7 de la mañana. Atrás del teléfono estaba la mamá de Juan “N”, el novio de su hija.

Un día antes, alrededor de las 11.30 de la noche, Odalys marcó a su madre desde ese mismo número. Avisó que se encontraba bien, en una fiesta de cumpleaños en casa de su novio, y estaba acompañada de su primo Rafael. Juana había hecho planes con sus hijos Odalys y José para ese domingo: irían a comer y después al cine. Juan “N” también estaba invitado. 

Después de que le anunciaran la muerte de su hija, Juana y su hijo José se dirigieron a casa de Juan “N”. Unos minutos después salió el joven en compañía de su mamá y dos hombres. 

–¿Qué pasó? ¿Dónde está mi hija, Anahí? ¿Ustedes vieron si era ella?–, preguntó la señora desesperada. Uno de los hombres presentes, el Checo, de quien no se conocen datos personales, tomó la palabra y afirmó que sí, se trataba de Odalys, de 16 años. Un Ministerial, amigo de él, le avisó que “la güerita” se había ahorcado. Y, en cuanto supo, fue a avisarle a Juan “N”. 

Este hombre, Checo, aparece señalado en tres declaraciones, siendo Juan “N” el único que lo nombra por su apodo, y aunque fue el primer conocido de Odalys en enterarse de la tragedia, hasta ahora no se le ha llamado a declarar para la investigación. Tampoco se sabe nada sobre el “amigo ministerial”, que por la familiaridad con la que se narra este hecho parece indicar que conocía a la joven de 16 años, pero tampoco fue entrevistado por Fiscalía.

La madrugada del 11 

En los andenes de la antigua estación del ferrocarril se adaptó la Zona de Transferencia del Transporte Público, en la capital de San Luis Potosí. Donde varios parabuses se reparten a lo largo de un gran paseo peatonal delimitado por rejas, que divide las calles 20 de Noviembre y Chicosein, en la Colonia Azteca Norte. Es uno de los sitios más transitados en la ciudad, incluso en domingo, por ser la conexión de varias rutas de camiones con el Centro Histórico.

En este lugar, en el enrejado del último andén, fue encontrado el cuerpo de Odalys. El aviso a las autoridades llegó a las 5:20 de la mañana, del domingo 11 de marzo, por parte de un civil que caminaba por la zona.

El barandal, de 2.50 metros de alto, se encuentra dividido por siete barras horizontales que se distribuyen cada 32 centímetros. En la tercera barra, de arriba para abajo, se hallaba la joven suspendida completamente, a 1.90 metros del piso. Su cuerpo delgado cargaba una mochila de colores mientras se balanceaba de la agujeta blanca de su pants, amarrada a su cuello. Además del surco hecho por la agujeta, presentaba una excoriación en la barbilla que, según el Dictamen de Lesiones, fue provocada por la misma reja y, por esta razón, varias gotitas de sangre se regaron por el lugar y su ropa.

Este sitio se encuentra a tres cuadras de casa de Juan “N” y a dos cuadras de “La casa grande”, una bodega abandonada ubicada casi al inicio de la calle 20 de Noviembre, donde vivían y se reunían varios jóvenes, entre ellos Odalys y su novio.

La noche del sábado, pasadas de las 22 horas, Odalys, Juan y Rafael, primo de Odalys, salieron de ese lugar y caminaron a casa de Juan “N”.

Pasaron unas horas y la pareja comenzó a discutir, aparentemente por los planes de ir al cine con la familia de Odalys al día siguiente. Pero no hay testigos de esta discusión. Rafael, que también estaba en la casa, se quedó dormido. Por esta razón, la única narración que la fiscalía tiene de los hechos previos es la de Juan “N”.

Según él, entre la 1 y 1:30 de la madrugada, Odalys, molesta, decidió irse. Dijo que pasaría la noche en casa de una tía. Por órdenes de su madre, Juan “N” salió tras de ella para acompañarla a pedir un taxi. 

Según la historia de Juan, los ánimos se calentaron durante el trayecto: Odalys lo golpeó en la cara, provocando que él se enojara y se fuera, dijo. Pero ella lo siguió y le ofreció disculpas. En la esquina de Otahegui con 20 de Noviembre, a una cuadra de “la casa grande” y dos cuadras de donde se encontró el cuerpo, se despidieron. Odalys se quedó esperando un taxi, y Juan “N” fue por unos cigarros. Después caminó hacia la bodega abandonada y pasó de nuevo por el lugar donde dejó a su novia.

El joven estuvo menos de una hora en “la casa grande” consumiendo cristal, declaró. En ese tiempo se encontró con varias personas. Entre ellos, el Checo, quien le avisaría horas después de la muerte de su novia. Ninguno de  los mencionados en el relato fue llamado por la Fiscalía para entrevista.

Según Juan, entre las 2 y las 2:30 de la mañana, regresó a su casa. Supuestamente pasó por los andenes donde estaría Odalys colgada. Pero no la vio, dijo, porque siempre camina con la mirada hacia abajo. Llegó a su hogar y antes de dormir, lloró por la pelea con Odalys y recordó que ella lo engañó con un amigo, pero esto no provocó coraje en él sino sentimiento (tristeza).

Dormir

De acuerdo con especialistas en adicciones del Servicio de Salud de San Luis Potosí, la metanfetamina –la droga popularmente conocida como cristal– impide dormir. “Por ser un estimulante potente es muy poco probable que provoque sueño. Dependiendo de la dosis, se puede estar despierto más de 24 horas. Los principales efectos del cristal a corto plazo pueden ser: estado de alerta, inapetencia, agitación psicomotriz, poco control emocional, agresividad, irritabilidad, entre otros”. 

Celos y violencia

Bere, prima y mejor amiga de Odalys, fue llamada a entrevista para la  autopsia psicológica, estudio realizado por la Comisión Ejecutiva Estatal de Atención a Víctimas (CEEAV). Desde entonces, abril del 2018, Bere, de 17 años, sostiene la misma versión que dio a las autoridades. 

Dos días antes de la muerte, el viernes 9 de marzo, las primas estuvieron la mitad del día juntas: desayunaron, se bañaron y se arreglaron, después, fueron al centro para encontrarse con Juan “N”. Ahí, Bere estuvo un par de horas con la pareja: 

“Ella (Odalys) llevaba una blusa azul de tirantes, un poco escotada. Él le reclamó por su blusa y por a donde iríamos. Unas horas antes, me comentó que ya habían tenido varias peleas con jalones y golpes, pero solo llevaban como dos semanas de novios. Yo le pregunté, por qué aguantaba eso. Y, ella me dijo que eran sus tiempos, pero que ya estaba cansada de él. Yo sabía que pronto cortarían”. 

La última vez que Bere vio a su prima fue en los andenes de la Zona de Transferencia. 

Dentro de la autopsia psicológica hay más entrevistas que señalan que Juan era celoso y posesivo. Un conocido de “la casa grande” también menciona las constantes peleas entre ellos y los celos de él. 

La autopsia psicológica fue el único estudio realizado por las autoridades donde se citó a declarar a las personas allegadas de la adolescente –su tía y su prima–. Pero estas entrevistas no aportan legalmente a la investigación. Únicamente, fueron utilizadas para conocer el perfil psicológico y el entorno social de Odalys en vida. 

* * *

Para el primer aniversario luctuoso de Odalys, el vicefiscal del estado, Aarón Edmundo Castro Sánchez, mediante un comunicado de prensa, declaró: “Las investigaciones de Fiscalía General del Estado (FGESLP) señalan que no hay indicios de la participación de que alguien la halla (sic) privado de la vida”. En el texto agregó: “En esa investigación, desde un principio tuvimos indicios de que no había la intervención de terceros en el fallecimiento de la menor, esto de acuerdo con los datos que los Peritos de la Dirección de Servicios Periciales nos señalaron y de un video que analizó la Policía Investigadora”.

Por lo tanto, no había delito por perseguir. 

El video: ¿realmente es una prueba?

Referente al video analizado, después de varios oficios expedidos por la Coordinación de Investigación de Homicidios, el 22 de marzo del 2018 se conoció la existencia de una cámara en funcionamiento en la esquina de Manuel José Othón y Chicosein, a 250 metros del lugar. El disco compacto fue entregado el 11 de abril del 2018 para su investigación. 

En la grabación se muestra a Odalys caminando por la Zona de Transferencia alrededor de las 3:30 de la mañana, del domingo 11, se ve tranquila y conforme va avanzando su silueta es tapada por los árboles. 

Las autoridades presentaron el siguiente análisis: “…en ningún momento se observa que la persona que camina hacia el barandal, quien por las prendas de vestir que se alcanzan a distinguir, se trata de la menor Odalys Anahí Hipólito Jiménez, esté acompañada, así como tampoco se aprecian terceras personas cerca de ella…”. 

En la grabación no se alcanza a observar todo el trayecto de la adolescente. Sólo se ven unos metros del camino, y tampoco se ve si había alguien esperando a Odalys en la reja o qué pasó después de esos poco pasos recorridos. 

Según los tiempos narrados por Juan “N”, él ya habría estado en su casa, cuando Odalys aparece caminando en el video. Sin embargo, en la investigación no existe ninguna entrevista o peritaje que corrobore la declaración del joven. En otras palabras, no hay pruebas de que él efectivamente haya estado dormido en su hogar a esas horas.

Las versiones que nadie tomó en cuenta

El 6 de febrero del 2019 se presentó la resolución del caso. El resultado del examen toxicológico fue señalado como: “lo que corrobora lo manifestado por el menor Juan…”. 

Con esta única versión, los tiempos muertos entre la narración y el video continúan sin explicación y la pregunta ¿qué pasó con Odalys? sigue sin ser contestada. Pero, al margen de la carpeta de investigación, existen recuerdos de familiares, amigos y conocidos de Odalys que contradicen o dotan de nuevas versiones esta historia. 

Cuando preguntas por ella, lo primero que sus familiares y amigos recuerdan es que siempre se estaba riendo. Incluso, dicen que en el día de su velorio se notaba una sonrisa que marcaba sus hoyuelos en los cachete. Ha sido difícil aceptar la muerte de Odalys, pero aún más aceptar el suicidio cuando nadie lo imaginaba posible.  

El suicidio ha rondado las vidas de los entrevistados -se protegen sus nombres por seguridad-  algunos familiares, amigos cercanos o parejas han muerto en los últimos años, la mayoría relacionado al consumo de drogas. Todos son muy jóvenes, no pasan de los 25 años. La muerte de Odalys marcó de una forma distinta a la mayoría de ellos. No sólo sintieron tristeza, también mucha incertidumbre, desconfianza y miedo en los meses que le siguieron.

Las versiones de la noche previa a la muerte son variadas. Se dice que, Odalys y Juan “N” regresaron esa madrugada a “la casa grande” y los escucharon pelear, más fuerte de lo normal, pero nada de esto es claro. Uno de los chicos estuvo esa noche, pero no recuerda la hora y comenta: “pudieron ser las 8 (de la noche) o pudieron ser las 3 de la mañana, pero recuerdo que sus gritos se escuchaban por todo el lugar”. En las narraciones, se mencionó varias veces a una persona, que también se encuentra en la declaración de Juan: él ha contado sobre esto y es el único que recordaba bien haberlos escuchado pelear esa madrugada. Ese joven también llamó la atención de los familiares de Odalys, durante el velorio. El joven se acercó llorando a la caja y pidió disculpas. Y, también, pidió perdón mediante sus redes sociales. 

Pero hasta ahora  no ha sido localizado. 

La casa de los olvidados

Aunque no existió una investigación profunda por parte de la Fiscalía, la muerte de Odalys destapó muchas cosas. Una de las más relevantes fue “la casa grande”. En este lugar se movían muchas drogas y algunos policías, que no eran conocidos en la bodega, comenzaron a rondar el lugar en los días posteriores. La mayoría de los que se reunían ahí dejaron de frecuentar ese sitio y el grupo se distanció. De un día para otro, se comenzó a escuchar el rumor de que habían incendiado el segundo piso de la bodega. El Checo llevaba el movimiento de ahí, la mayoría opina que es posible que él lo hiciera o, bien, la policía. “La casa grande” dejó de operar después de este rumor. 

Existen distintas hipótesis de lo que sucedió con la joven, pero hay algo en lo que todos los entrevistados concordaron. De haber sido suicidio, Odalys no se hubiera ahorcado en la calle. En San Luis Potosí, nunca se había visto el cuerpo de una mujer expuesto en la vía pública. La foto del cuerpo se viralizó, rápidamente, en redes sociales, los medios de comunicación llegaron antes que la policía. 

Esto facilitó el análisis entre el círculo cercano a la joven. Se comentó que Odalys no llevaba esa ropa el día anterior. Ella siempre se arreglaba mucho, usaba ropa bonita, era limpia y, aunque no se maquillaba, siempre usaba labial. Y, si ella asistió a una reunión, ¿Por qué se cambió de ropa y se puso un pants con una camiseta holgada?

Dudas

La relevancia mediática que se vivió en el inicio del caso provocó la respuesta apresurada y sin fundamentos de la Fiscalía, que señalaron al suicidio como la principal línea.   

Desde la primera comparecencia que dio el señor José Carmen, papá de Odalys, ante la Unidad de Atención Temprana, se percató que sería un proceso complicado: él lo único que quería era velar y sepultar a su hija, y para que el trámite fuera más rápido, solo tomaron su declaración sin darle información sobre el hallazgo. Como estaba lejos del Servicio Médico Forense (SEMEFO), donde estaba Odalys, no pudo ver el cuerpo de su hija, pero firmó como testigo de identidad. 

Al salir del lugar, José Carmen vio la foto que circulaba en redes. Observó que los brazos de Odalys estaban pegados a su pecho y pensó que esa postura no era normal para una persona que se ahorca. En ese momento, se dió cuenta que alguien la pudo haber matado. Inmediatamente, regresó a las oficinas para cambiar su declaración, pero, le dijeron, ya era demasiado tarde y todos estaban ocupados.  

Dos días después, el 13 de marzo, fue llamado por la Fiscalía. José Carmen pensó que podría  dar, nuevamente, su declaración inicial y formular denuncia, pero no fue así. Fue atendido por el subprocurador de Asuntos Jurisdiccionales, el ahora vicefiscal Castro Sánchez, quien le informó los avances en la investigación: su hija se había suicidado, porque no había sido violada y además consumió marihuana. Después de esa reunión, se realizó una conferencia de prensa donde no se informó si se había aplicado el Protocolo homologado de feminicidio.

Nuevamente, el 20 de marzo de 2018, se realizó otra conferencia de prensa, encabezada por el director de la Policía Ministerial del estado, José Guadalupe Castillo Celestino. Ahí,  se informó que, de acuerdo con la declaración de Juan “N” y el examen toxicológico, Odalys estaba deprimida y drogada. Recalcó que aunque todo apuntaba al suicidio de la joven, ellos realizaban una investigación “exhaustiva y minuciosa”.

Para José Carmen estas declaraciones a medios de comunicación eran incomprensibles e intolerables. El 23 de marzo realizó una queja ante la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDH) pues los datos filtrados a medios de comunicación vulneraron los derechos de Odalys y le negaron a su familia a un trato digno. 

“¿Parezco niña de la calle?”

José Carmen sintió la necesidad de mostrarle a la población que su hija no era lo que Fiscalía decía. “Pusimos muchísimas fotos en toda la reja donde la encontraron, para que la pudieran ver en fotos y supieran que no era una niña de la calle. Ella tenía una casa y muchas personas en su familia la amamos”. Odalys tenía unos meses de haber dejado la preparatoria, pero existía el plan de regresar en el año escolar próximo, este proyecto lo haría con Bere, quien ahora está por terminar el primer año de preparatoria. 

Después de la queja ante la CEDH, las autoridades callaron, incluso con la familia, hasta que se dio la resolución del caso. Ahí se mantiene escrito que el padre de la joven no deseaba formular denuncia por los hechos ocurridos.

Caso cerrado

En días pasados, el señor José Carmen se enteró del caso de Lesvy Berlín Osorio en la Ciudad de México. Una joven de 22 años, asesinada en mayo del 2017 en las instalaciones  de la UNAM, y de quien la autoridad primero dijo que se había suicidado. También se enteró la sentencia de 45 años de su agresor: su exnovio. 

Para José Carmen, existen muchas similitudes con el caso de su hija: desde la revictimización que sufrieron por parte de las autoridades, el estigma social,  hasta la forma de morir. Pero, con pesar, comenta que al caso de Odalys no le han dado la oportunidad de ser investigado a profundidad y esto ha dejando un dolor constante en él y todos los que amaban a su hija. 

Para el señor Hipólito, la esperanza muere al último y aunque no sabe cómo hacerle para reabrir el caso, está buscando la forma y la manera de lograrlo. 

Recuerda que cuando le entregaron la cédula de notificación no quiso firmar de enterado: “Para mí, me quitaron a mi hija y pensé que de esa forma podía detener el proceso y que se siguiera investigando”. Lamentablemente el caso cerró y, como la familia no sabía cómo hacerlo y su ex representantes legales no aportaron a la causa, no se realizó imputación. 

Han sido meses difíciles para toda la familia, pero continuarán en pie de lucha para que Odalys reciba un trato digno y se investigue como se debe.

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