Julio Galán en el Museo Tamayo

18 junio, 2022

El Museo Tamayo, a propósito del mes del orgullo, presenta la exposición Julio Galán: Un conejo partido a la mitad, compuesta mayormente por pinturas al óleo sobre lienzo o madera, y otras más elaboradas con gises pastel.

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La obra de Julio Galán (1959-2006) está plagada de una atmósfera sombría, nostálgica, maternal, con claros simbolismos cuir, eróticos, pueriles y globalizados.

En gran medida puede apreciarse en su pintura la técnica mixta, en donde convergen objetos de la vida cotidiana: un cinturón de cuero negro, flores plastificadas, abalorios de plástico que simulan gotas de lluvia o brillantes sobre el vestido de una mujer —que también es él, se deduce por su rostro— que toca una guitarra, entre otros objetos que valen la pena observar con atención. Aunado a la técnica del collage, uno de sus recursos creativos más recurrentes, que van desde fotografías ovaladas a ilustraciones de revistas o fotografías de desnudo explícito, que sirven de fondo y al mismo tiempo conversan con el resto de su obra.

Además de la obra pictórica, también hay un par de esculturas de formato pequeño con incrustaciones de amorfas piedras pequeñas de diferentes colores. Una escultura un tanto más grande se encuentra en la sala de exposición inicial: unas piernas de lo que pareciera ser, a decir por sus pantalones rayados, un bufón o un personaje caricaturesco, mismas que están sujetadas por un lazo; por en medio de las piernas, pasando por detrás de la cuerda, se asoma un minúsculo y sugerente pene saliendo del pantalón. Esas mismas piernas aparecen en la pintura contigua de dicha exposición, el visitante atento se habrá dado cuenta de que hay una diferencia en la pintura: las zapatillas negras de apariencia persa que tienen la escultura, aparecen en la pintura con un breve tacón de aguja casi imperceptible.

Amante del esteticismo, Galán da muestra de su afición hacia el arte de la vestimenta y el gusto por las antigüedades, lo cual queda registrado en las fotografías tomadas por Graciela Iturbide y las demás de Juan Rodrigo Llaguno, con quien el pintor trabajó mucho de la mano.

Asimismo, aparecen dos de sus muñecos, evidencia del traslado de su creatividad a la intervención e incluso a la performatividad: Morelio —retratado por Graciela Iturbide junto al artista, dejando entrever una complicidad (¿amorío?) entre Galán y Morelio— y Aurelia, una preciosa muñeca antigua vestida a la usanza de los años veinte, con múltiples collares alrededor de su cuello, una pulsera de perlas, un prendedor en su vestido adornado con chaquiras y una corona; claramente Galán pintó los ojos, las pestañas y las chapas de Aurelia.

Hay, entre otras curiosidades, un pequeño cuaderno con el retrato de Andy Warhol, pues Galán llegó a tener cierta cercanía con el artista pop por antonomasia; en otra sala se exhibe una revista abierta con un artículo periodístico acerca de Galán.

Las uñas y los labios pintados, el rubor y las delicadas pestañas, las sombras cosméticas y su rostro en general, en la mayoría de sus obras, son una especie de reafirmación de su fluidez en el género, evidentemente inclinado hacia el gusto por la multiplicidad de posibilidades estéticas femeninas.

Lo pop y la feminidad se toman de la mano para conjugar obras en donde los accesorios, el maquillaje y los detalles del atavío, cobran una fuerza inaudita que hace de Galán un artista exquisito. Único.

Si bien utiliza técnicas fundamentadas en lo tradicional, como el óleo o el pastel, se puede notar una constante necesidad de ruptura, tanto temática como en los demás recursos materiales, previamente mencionados. Contextualizando su obra, cuando el movimiento punk estaba en su auge, se pueden observar en la obra de Galán detalles propios de lo punk, de lo salido de los convencionalismos. Esa ruptura está presente a todo momento. En ocasiones hay pinturas con personajes que se asemejan a Robert Smith (vocalista de The Cure), con carices vampíricos, poco convencionales pero muy bien aceptados en el underground. En Galán, también ocasionalmente góticos y determinantemente femeninos.

Poco se habla sobre este pintor y su legado. La única artista en la que se percibe cierta similitud a la de Julio Galán, es la pintora Lucía Maya, con una paleta y con rostros significativamente parecidos a los de Galán. Sólo hablo de similitudes, porque la obra de Maya no tiene ese velo de puerilidad que la de Galán sí.

La infancia es un factor que permanece en sus cuadros; la infancia como cimiento de su identidad, pero también de un profundo sufrimiento ocasionado por dos instituciones poderosas: la familia y la Iglesia.

A pesar de la maestría y dominio técnico de este artista autodidacta, Julio Galán ha permanecido en el olvido. Se le debería recordar no sólo en junio, mes del orgullo, aunque es buen motivo para sacarlo del olvido de vez en vez. La divergencia de su expresión de género, plasmada en su obra, es fundamental para su apreciación, pero la obra de Julio Galán merece ser vista no sólo por haber sido un artista cuir, sino porque realmente fue un excelente pintor, consolidado y con una obra extensa que demuestra una creatividad versátil, de la que se adueñó y en la que materializó sus deseos.

Évolet Aceves escribe poesía, cuento, novela, ensayo, crónica y textos híbridos. Psicóloga, fotógrafa y periodista cultural. Estudió en México y Polonia. Ha colaborado en revistas y suplementos culturales, como: Pie de Página, Nexos, Replicante, La Lengua de Sor Juana, Praxis, La Libreta de Irma, El Cultural (La Razón), Revista Este País, entre otros. Fue galardonada en el Certamen de ensayo Jesús Reyes Heroles (Universidad Veracruzana y Revista Praxis, 2021). Ha realizado dos exposiciones fotográficas individuales: México Seductor (2015) y Anacronismo de la Cotidianeidad (2017). Ha trabajado en Capgemini, Amazon y actualmente en Microsoft. Esteta y transfeminista.