Góndola: el amor como acto de resistencia

7 febrero, 2026

En las montañas de Georgia, un teleférico se convierte en el frágil y poético escenario de un romance silencioso. Dos jóvenes conductoras, explotadas por un patrón misógino, tejen su amor a la distancia a través de miradas, pequeños gestos y la complicidad de sus pasajeros

Texto: Andi Sarmiento

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CIUDAD DE MÉXICO. – Góndola es una cinta alemana dirigida por Viet Helmet que presenta una historia desarrollada en un teleférico en una zona rural remota, escondida entre las montañas de Georgia. Este transporte es administrado por un hombre y conducido por dos chicas de menor edad; a lo largo de la cinta, vemos cómo estas dos son partícipes en múltiples historias de vida que se desenvuelven dentro de la cabina, a la vez que los participantes en estas vivencias, es decir, los pasajeros, forman parte importante también en la experiencia romántica de nuestras protagonistas.

Este largometraje no tiene diálogos, por lo que destaca la emocionalidad en las acciones a través de las miradas y los sonidos que se convierten en música. Asimismo, la forma en que los hechos son narrados nos da mayor facilidad para conectar con el sentir de las chicas, desde el amor hasta la desesperación.

Expresarse sin palabras

Principalmente, el filme funciona como una metáfora sobre lo que es amar románticamente a la distancia. Las jóvenes son las únicas conductoras, con lo que se entiende que existen solamente dos cabinas que se mueven simultáneamente en direcciones contrarias; a pesar de no encontrarse físicamente durante la jornada laboral, logran una comunicación constante, transmitiendo sus sentimientos mutuamente.

Todo se consigue sin necesidad de palabras: los celulares aquí no existen, pero tampoco utilizan medios tradicionales como las cartas. Se expresan a través de acciones mudas, que dicen más de lo que podría hacer la palabra.

Por medio de pequeños detalles y dinámicas que cada una complementa al llegar a su estación, y posteriormente a través de la música, la naturaleza y su propia comunidad, va creciendo el amor y la conexión entre ambas.

Así, se forja un ambiente en el que, cada vez que sus cabinas se encuentran, el momento en que se ven cara a cara, a pesar de ser tan solo unos instantes, se vuelve cada vez más especial e incluso erótico.

No obstante, el vínculo no es reforzado exclusivamente por ellas, sino también por las personas que las rodean.

El amor teje comunidad

Por un lado, está la influencia que tiene su jefe, que va de la mano con la precariedad laboral en la que se desenvuelven.

Viven a merced de un patrón misógino, autoritario y acosador, que no remunera justamente la labor de las trabajadoras. Al no operar nadie más en el teleférico, el lazo entre las mujeres se fortalece al ser el único pilar para soportar la explotación. El amor es un acto de resistencia, pues mientras este se consolida, lo hace también su rebeldía para oponerse ante quien solo las ve como una herramienta para ganar dinero e intenta suprimir toda acción romántica que pueda interferir con su ego e intereses.

Por otro lado, están los pasajeros que, día con día, presencian el desenlace del amorío. Desde infantes hasta personas mayores, cada quién tiene una historia detrás que le lleva a utilizar el transporte y, en consecuencia, este se vuelve una pieza fundamental para el desarrollo de sus vidas; por lo tanto, ocurre lo mismo con las conductoras.

Estas personas no las ven con la avaricia de su patrón y, como resultado, empatizan y colaboran para que el romance prevalezca. El amor, entonces, termina tejiendo una comunidad.

Otras formas de ver el mundo

Finalmente, la obra nos hace ver la diferencia entre las percepciones que podemos tener sobre el mundo dependiendo de cuáles sean nuestras prioridades, y cómo la vida puede sentirse más amena cuando nos fijamos en las pequeñas cotidianidades que suelen pasar desapercibidas.

La cinta nos muestra diversas escenas que van desde lo cómico hasta lo conmovedor, en las cuales nos involucramos emocionalmente con las protagonistas; tanto nosotros como espectadores como los personajes podemos presenciar las anécdotas simpáticas, chistosas y consoladoras. Todos menos el patrón, que es el único que no forma parte de la comunidad, quien no tiene red de apoyo, quien no disfruta de la armonía ni la naturaleza, el que actúa principalmente bajo el enojo y quien tiene más dinero.

Góndola es un relato permeado por el juego, la música y el arte, por las emociones y lo comunitario; son elementos que, dentro de un sistema en el que solo importa el capital y la producción, son vistos como irrelevantes. Se nos ha enseñado a medir el valor de las cosas en torno a qué tan comercializables son, y considero que esa mentalidad nos ha generado un fuerte daño como sociedad, pues nos ha hecho olvidarnos de darnos el tiempo de amar, de sentir y expresar todas las emociones que nos hacen humanos.

Esta película está disponible en la Cineteca Nacional.

Andi Sarmiento

Me gusta escribir lo que pienso y siempre busco formas de cambiar el mundo; siempre analizo y observo mi entorno y no puedo estar en un lugar por mucho tiempo