El secuestro de Venezuela

11 enero, 2026

No nos engañemos: el apresamiento de Maduro no fue «captura», fue un secuestro imperial. Estados Unidos, desnudando su ansia petrolera, usurpa la soberanía venezolana e instaura un brutal nuevo (des)orden donde la fuerza bruta reemplaza al derecho. Latinoamérica entera está en la mira

Por Saúl Sánchez López / Pop Lab

No nos engañemos —ni nos dejemos engañar—, lo que sucedió la madrugada del sábado fue nada más que un vil secuestro, por más que la retórica imperialista insista en llamarlo eufemísticamente “extracción” o “captura”, bajo el pretexto de que Maduro tenía una orden de arresto. Un gobierno no puede simplemente levantar cargos o hacer acusaciones rimbombantes (“narcoterrorismo”) y usarlas como pretexto para forzar un cambio de régimen. Y el hecho de que lo haya hecho en el pasado, como sucedió con Irak, no lo normaliza en lo absoluto. 

Y no, las violaciones a los derechos humanos ni las acusaciones de dictadura justifican en modo alguno lo ocurrido. Uno puede perfectamente condenar al gobierno venezolano y también la agresión bélica de Estados Unidos. No hay por qué tomar un bando o caer en visiones dicotómicas. Quien crea que las acciones de EE.UU. buscan restaurar la democracia, liberar o mejorar la vida del pueblo venezolano no podría ser más ingenuo. El mismo Trump lo dijo explícitamente: ¡vamos por el petróleo! Ahora mismo, Venezuela se ha comprometido a mandar de 30 a 50 millones de barriles de crudo a Estados Unidos, y Chevron, que es la única empresa que está transportando petróleo desde Venezuela, ha enviado ya 11 buques cisterna al país. De hecho, se espera que esta semana Trump se reúna con representantes de las principales empresas petroleras.

Recursos, poder militar, amenazas… ya no estamos hablando ni siquiera de realpolitik, sino de una auténtica política de la fuerza, pura y bruta (power politics). La administración Trump busca reinstaurar la hegemonía estadounidense por las armas, ignorando tanto la multipolaridad distintiva del siglo XXI como el multilateralismo que sustenta a las Naciones Unidas. Si algo queda claro después del cobarde ataque contra Venezuela es la total ruptura del derecho internacional y el orden basado en reglas creado tras la segunda guerra mundial, precisamente para evitar un conflicto similar, y del cual —irónicamente— Estados Unidos fue uno de los principales arquitectos. 

En su conferencia de prensa, Donald Trump se refirió a la Doctrina Monroe —rebautizándola ególatramente como “Donroe”— como parte de la nueva estrategia de seguridad nacional para asegurar el dominio “americano” en el hemisferio occidental. Los Estados Unidos de América siempre han sido un país imperialista, pero al menos lo ocultaban hipócritamente bajo una narrativa de democracia, libertad y derechos humanos; ahora están definiendo abiertamente objetivos territoriales estratégicos (Groenlandia) al más puro estilo del “espacio vital” de los nazis. 

Entramos pues de lleno a un nuevo (des)orden mundial basado en poder e intereses, donde los más fuertes pueden hacer básicamente lo que les plazca usando cualquier justificación por inverosímil que esta sea, mientras el resto del mundo mira para otro lado o tiembla de miedo, no teniendo más recurso que la simple diplomacia como medio de disuasión (a excepción de aquellos que se hicieron a tiempo de armamento nuclear, como Corea del Norte).

Ahora fue Venezuela, pero Cuba, Colombia y México están avisados. El narcotráfico, la dictadura, el comunismo… son un comodín discursivo que puede emplearse a discreción para emprender otra agresión militar en la región. Aquellos que festejan lo sucedido, o bien, pecan de ignorantes o son parte de una quinta columna latinoamericana, traidora y entreguista, situada inequívocamente en la extrema derecha. Gente que prefiere ceder la soberanía de su país y verlo en llamas, antes que gobernado por la izquierda. Una postura tan irracional como despreciable.

Hay que ser claros: no solo fue secuestrado Nicolás Maduro, fue secuestrada toda Venezuela. Ahora mismo, la nueva presidenta Delcy Rodríguez está siendo extorsionada por el gobierno de Trump para entregar el petróleo como condición para dejarle gobernar en paz y no volver a atacar su país. Y este es un mensaje directo para la totalidad de Estados latinoamericanos, especialmente aquellos gobernados por la izquierda o cuyas políticas no respondan a los intereses estadounidenses: ustedes pueden ser los próximos.

Frente a este escenario distópico urge una respuesta mundial contundente, pero viendo la debilidad de las organizaciones internacionales, la tibieza cómplice de la Unión Europea y la inacción de otras potencias, a los latinoamericanos no nos queda de otra más que organizar una defensa colectiva con los recursos que tenemos a nuestra disposición. El comunicado conjunto presentado por España, Brasil, México, Chile, Colombia y Uruguay es un comienzo, pero hará falta mucho más para domar a la bestia que se ha desatado.

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