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El rehén era el ejército

Tras capturarlo en Culiacán, el Gobierno federal liberó a Ovidio Guzmán. El argumento fue evitar la muerte de inocentes. No era así: el rehén era el ejército

Por Noroeste / InnDaga

La falsa paz de Sinaloa

Hasta el 17 de octubre, Sinaloa comenzaba a mencionarse como caso de éxito en materia de reducción de la violencia a nivel nacional.

Contrario a la tendencia nacional, la tasa estatal de homicidio doloso en Sinaloa es para 2019 la más baja de los últimos 10 años: 31.39 homicidios por cada 100 mil habitantes. En 2010 alcanzó un máximo de 86 homicidios por cada 100 mil habitantes por la pugna entre los Beltrán Leyva y los Guzmán al interior del Cártel de Sinaloa. El entonces presidente Felipe Calderón consolidó su estrategia de combate frontal al narcotráfico.

Dicha tasa representa el doble del registro de 2004 con 15.02 homicidios por cada 100 mil habitantes, el registro más bajo de los últimos 29 años para el estado. La tendencia a la baja en el caso de Sinaloa contrasta con el comportamiento ascendente a nivel nacional.

En 2018, el INEGI registró 36,685 homicidios en el país y es ya el año más violento de la historia del país .

Mientras que México se pone más violento, Sinaloa parecía escapar esa epidemia. Por eso, el 30 de marzo de 2019, el gobernador de Sinaloa Quirino Ordaz Coppel celebraba así que Culiacán cumpliera una semana sin homicidios:

“Por primera vez en la historia, efectivamente no ha habido asesinato en los últimos seis, siete días, es histórico”.

Esa incipiente paz se derrumbó el 17 de Octubre cuando el Cártel de Sinaloa sembró el caos, el miedo y la psicosis en Culiacán para impedir el traslado a prisión de uno de sus líderes, Ovidio Guzmán López. El hijo del chapo fue detenido en una vivienda de la calle José Muro Pico #2403 del sector Tres Ríos de la capital. 

Ese día, de acuerdo con las cifras oficiales de la Secretaría de Seguridad Pública, la Comisión de Víctimas y el Gabinete de Seguridad federal, en Culiacán murieron 15 personas, (3 de ellas civiles ), fueron heridas otras 20, se despojaron 46 vehículos y se quemaron 9 de ellos. Además, diversos comercios del sector Tres Ríos resultaron con costosos daños materiales en fachadas y cristales como consecuencia de las balaceras y los enfrentamientos.

El denominado “Jueves Negro”, Culiacán se convirtió en tendencia nacional en redes sociales y en el principal problema del Gobierno federal. La razón fue el intento de captura de Ovidio Guzmán López, hijo de Joaquín Guzmán Loera con Griselda López, de 29 años de edad. 

La orden de Estados Unidos

Según la explicación del Gabinete de Seguridad, el 2 de abril de 2018 la Corte Federal de Columbia expidió una orden de aprehensión contra Ovidio Guzmán. El delito: “asociación delictuosa para introducir drogas” a su territorio, en específico, fentanilo.

El procedimiento judicial fue el siguiente:

El 13 de Septiembre de 2019 EU solicitó a México la orden de detención provisional con fines de extradición y el 25 de septiembre de 2019, un Juez federal emitió la orden de detención provisional en México. 

La orden activó la investigación que llevaría al diseño del operativo que fue planeado, coordinado y ejecutado por el Grupo de Acción e Inteligencia contra el Narcotráfico (GAIN).

El objetivo de dicho grupo es capturar objetivos criminales de alto rango a través del trabajo de inteligencia y la realización de acciones precisas en el territorio nacional. Opera desde el sexenio de Ernesto Zedillo en 1995 y cuenta con 663 detenciones a la fecha, 46 en el sexenio de López Obrador.

A pesar de la amplia experiencia, ese día los elementos de SEDENA y la Guardia Nacional que ejecutaron el operativo fueron superados en número y poder de fuego por el Cártel de Sinaloa y la cacareada pacificación de Sinaloa desapareció en una tarde.

El nombre del titular de dicho grupo fue revelado irresponsablemente por el General Secretario Luis Cresencio Sandoval a solicitud expresa del presidente de la república en la conferencia matutina del miércoles 30 de octubre. Noroeste no lo reproduce para proteger su integridad y la de su familia.

El operativo fallido

Conforme al plan y las 15:15 horas, hora del Pacífico, las autoridades mexicanas lo lograron: ingresaron por la cochera de la vivienda y sacaron de la casa a su objetivo, Ovidio Guzmán, junto con dos personas más.

Afuera ya sonaban las balaceras de los cuernos de chivo y los calibre .50. Las redes sociales y Whatsapp se llenaban de videos y audios de calles bloqueadas por vehículos artillados y personas fuertemente armadas usando chalecos antibalas y pasamontañas.

A pesar del aparente éxito inicial, la situación ya estaba comprometida. Todo se complicó en minutos y, en un hecho vergonzoso, el Ejército tuvo que liberar a Ovidio.

Lo que parecía una victoria se convirtió en la derrota más grande en materia de seguridad para el gobierno de López Obrador hasta ahora.

Aún cuando el gobierno federal no ha mostrado evidencia de amenazas concretas o de ataques directos contra la población civil, el argumento del Presidente de la República para la liberación de Guzmán López es que había que proteger la vida de las personas inocentes por encima del éxito del operativo.

Por su parte, el Secretario de Seguridad, Alfonso Durazo, pidió “no sobredimensionar” los hechos de Culiacán y aseguró que un “tropiezo táctico” no invalida toda la estrategia del gobierno mexicano actual en materia de seguridad.

Sin embargo, un análisis realizado por la Unidad de Investigación de Noroeste Inndaga, sobre el informe oficial presentado por el Gabinete de Seguridad muestra que, si bien la población de Culiacán estuvo en alto riesgo durante la tarde que duró el operativo fallido, la verdadera razón por la que el Gobierno federal decidió abortar las acciones y liberar a Ovidio Guzmán tras retenerlo de las 15.17 horas a las 18.49 horas en su domicilio, fue la agresión a los militares y sus familias.

El rehén era el Ejército

Según los datos de SEDENA, el jueves 17 de octubre hubo 41 víctimas, de las cuales 15 fallecieron, 20 resultaron heridas y 11 más fueron privadas de la libertad.

Del total, 9.8% son civiles, 14.6% presuntos delincuentes y el resto, 75.6%, miembros de las fuerzas de Sedena, Guardia Nacional, Policía Estatal y Policía Municipal, quienes participaron mayoritariamente en el operativo. 

El dato clave es que los 11 retenidos por los criminales eran militares. Hubo además un fallecido y nueve heridos de la recién creada Guardia Nacional y tres policías (dos municipales y un estatal) lesionados.

Ese día, el Ejército subestimó al Cártel de Sinaloa, pues de acuerdo con la información proporcionada por el General Luis Cresencio Sandoval en la conferencia matutina del miércoles 30 de octubre, al menos participaron 385 personas bien coordinadas en 76 vehículos como mínimo, muchos de ellos blindados, equipados con armas automáticas de grueso calibre, chalecos antibalas y pasamontañas, entre ellas fusiles calibre .50 de capacidad antiaérea.

Por parte de las autoridades habrían participado directamente en el operativo 46 elementos en nueve vehículos en el Círculo Interno y 99 elementos de los cuatro equipos (A, B, C y D) que integraban el Círculo Externo de Seguridad, todos ellos en 14 vehículos.

Un total de 145 efectivos y 23 vehículos contra los 110 agresores y 22 vehículos estimados por parte del grupo criminal.

En la zona del operativo donde se diseñaron y apostaron los dos círculos de seguridad, el gobierno sí contaba con una superioridad numérica de 35 elementos y un vehículo.

Las dos fallas del operativo

Sin embargo, esa superioridad no pudo hacerse valer toda vez que, según la línea de tiempo que nos mostró la misma SEDENA, sucedieron dos enormes fallas en el operativo, una de ejecución y otra de planeación:

1. La ejecución: el “Círculo Externo” que no cerró.

Mientras el comando que integraba el Círculo Interno se enfocaba en la captura del objetivo, la tarea del Círculo Externo era garantizar la seguridad para el aseguramiento y posterior traslado.

Pero la rápida reacción criminal al empezar a atacar desde las 14:50 horas a tres de los equipos del Círculo Externo (A, C y D) en el bulevar Enrique Sánchez Alonso y en el Crucero con Universitarios, impidió que dicho círculo cerrara la pinza para garantizar la seguridad del Círculo Interno y proveer las condiciones para el traslado del detenido.

Los saldos de esos enfrentamientos fueron tres heridos del Equipo “A”, 9 heridos y un muerto del Equipo “C” y dos heridos del Equipo “D”, para un total de 14 heridos y un fallecido. Además de seis vehículos impactados por arma de fuego.

En esa zona murieron José Arturo, Nicolás y Noé, víctimas inocentes del fuego cruzado y las balas perdidas de los enfrentamientos entre las fuerzas de seguridad y las del Cártel de Sinaloa. 

2. La planeación: el ataque a los militares.

De manera simultánea a los ataques en Tres Ríos y media hora después de asegurar a Ovidio Guzmán, a las 15:50 horas, el Gabinete de Seguridad comenzó a recibir información de ataques directos a instalaciones militares en distintos puntos de Sinaloa y de la privación ilegal de la libertad de 11 de sus elementos: uno en la unidad habitacional, dos en la sindicatura de Jesús María, tres en El Sufragio y cinco en la caseta de peaje de Costa Rica.

No previeron una reacción de esa naturaleza y el cártel los tomó desprevenidos en sus flancos más débiles: puntos sin protección y familiares.

Los ataques a instalaciones y vehículos del Ejército sucedieron en cinco ubicaciones externas a la zona de los círculos de seguridad del operativo:

  • 1. Destacamento de El Fuerte,
  • 2. Base de “El Sufragio”,
  • 3. Las inmediaciones de la Novena Zona Militar,
  • 4. Caseta de peaje de Costa Rica; y
  • 5. Unidad Habitacional de la colonia 21 de Marzo.

Una reacción para la que el ejército no se preparó ni se coordinó con el resto de las corporaciones. Fue allí, lejos del operativo, donde el ejército perdió la batalla del “Culiacanazo”.


La fuga del Penal de Aguaruto

Además, cabe mencionar que aunque no fue un ataque directo al ejército, la fuga de 51 reos del penal de Aguaruto a las 17:04 horas sumó mayor incertidumbre, miedo y psicosis a la situación. Dicha fuga dejó como saldo un reo muerto, dos custodios privados de la libertad y la destitución del Director del Penal, Eduardo Arturo Bailleres tres días después.

Tras fuga, destituyen a director del penal de Aguaruto, en Culiacán

En la Unidad habitacional, donde viven 140 familias alojadas en 16 edificios localizados al sur de la ciudad (protegidos sólo por una barda y un enrejado en el acceso principal), los criminales que dispararon llegaron en al menos tres vehículos, allanaron cuatro viviendas y retuvieron a un elemento que se encontraba conviviendo con un grupo de niños; lanzaron, además, dos granadas que no se activaron y dañaron vehículos particulares.

En Costa Rica, el Ejército fue abordado por 30 vehículos y 150 agresores, contra los apenas 24 efectivos del ejército y 4 vehículos que escoltaban dos convoyes de cisternas de combustible que no tenían nada que ver con el operativo. De ahí, el Cártel de Sinaloa se llevó a cinco personas, cuatro de tropa y un oficial, quienes se ofrecieron voluntariamente.

Tres elementos militares de tropa fueron retenidos tras el ataque a la estación “El Sufragio” y dos más (un oficial y uno de tropa) fueron interceptados francos en el crucero de Jesús María, sindicatura de Culiacán.

Otro dato clave es que a pesar de contar con tres aeronaves equipadas con fuerte armamento para apoyar el operativo y el posible traslado del detenido, el Gabinete decidió no usarlas por no encontrar las condiciones para evitar daños colaterales. Una de ellas recibió seis impactos de arma de fuego desde tierra.

En total, las fuerzas de estado recibieron ese día 11 ataques, tres en la zona del operativo en el sector tres ríos y 8 más en la zona externa al operativo en distintos puntos de la ciudad de Culiacán y el estado de Sinaloa.

La ‘negociación’ y las preguntas sin responder

El operativo claudicó a las 18:49 horas cuando el Gabinete de Seguridad consensó con el Presidente López Obrador detener las acciones y liberar al objetivo allí mismo en su vivienda en una decisión que el Gobierno Federal define como “humanista”.

Un oficial y cuatro elementos de tropa retenidos fueron liberados a las 19:17 horas, casi media hora después, de que Guzmán López fuera dejado en libertad. El resto, de acuerdo con sus testimonios, fueron trasladados a Culiacán y liberados en la carretera internacional al norte.

Hasta ahora se desconocen los hechos entre las 15:17 horas en que Ovidio Guzmán estuvo retenido y las 18:49 horas en que fue puesto en libertad. Nunca estuvo formalmente detenido pues nunca hubo orden de cateo.

Quedan todavía muchas preguntas sin responder por parte de las autoridades:

¿Qué pasó al interior de la vivienda de José Muro durante las tres horas y media que el estado mexicano tuvo en su poder a Ovidio Guzmán mientras el Cártel secuestraba militares y agredía a sus familias?, ¿Hubo una negociación explícita? y ¿existe un video de la liberación?

Este trabajo fue publicado originalmente en Noroeste que forma parate de la Alianza de Medios de la Red de Periodistas de a Pie. Aquí puedes consultar la publicación original

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