El exterminio de Veracruz

11 febrero, 2018

Texto: Miguel León Carmona. Foto: Especial

XALAPA, VERACRUZ.- La operación era la misma: todo joven o adolescente con “actitud sospechosa” era detenido arbitrariamente por policías del Grupo de Reacción. Les revisaban el teléfono y si encontraban elementos para sospechar una relación con Los Zetas, lo reportaban a los jefes policíacos – en algunos casos se reporta que confesaron su vínculo después de ser interrogados –. Los jefes daban la instrucción: llevarlos “al lugar correspondiente”. Eso significaba entregarlos al Grupo de Los Fieles y llevarlos a la Academia de Policía. Nadie los volvía a ver.

El modus operandi fue revelado este viernes 9 de febrero, durante la audiencia de imputación contra 19 policías y ex mandos de la Secretaría de Seguridad Pública de Veracruz por la desaparición forzada de 15 personas ocurridas entre abril y octubre de 2013.

Las detenciones fueron documentadas en tarjetas informativas, que de acuerdo con la Fiscalía General de Veracruz “no tenían como finalidad registrar de manera formal y lícita las detenciones, sino informar a la estructura de mando que participaba en la implementación de la política ilegal de combate a la delincuencia sobre el cumplimiento de las instrucciones superiores”.

Entre los jefes policíacos mencionados en las tarjetas están el ex subsecretario de seguridad pública, Nabor Nava, hoy prófugo, Roberto González Meza, director de la Fuerza Civil. Es decir, el segundo y tercer mando de la policía estatal habrían dado las órdenes directas de las desapariciones.

Con base en las imputaciones leídas por la Fiscalía, que hacen parte de la causa penal 22/2018, estas tareas eran encargadas a dos unidades de élite: el primero, llamado Grupo de Reacción, se encargaba de rastrear la zona metropolitana de Xalapa. El grupo realizaba rondines en Xalapa, Jilotepec, Rafael Lucio, Emiliano Zapata y Banderilla para detener y revisar a todo conductor o transeúnte “sospechoso”, en busca de “mensajes comprometedores” en sus celulares.

Los Fieles era el segundo equipo y el brazo ejecutor de las desapariciones. Los altos mandos decidían a quien trasladar a la Academia de Policías de Veracruz, conocida como El Lencero, ubicada en Emiliano Zapata y que en sus tarjetas se identifica como “el lugar correspondiente”.

La carpeta de investigación FEADPD/ZCX/011/2017 indica también que los desaparecidos fueron interrogadas mediante golpes o con actos de tortura y tras identificarlos como “halcones” o informantes de Los Zetas, fueron entregados con Los Fieles, quienes se encargaban de borrar sus rastros.

Estos 15 casos, ocurridos en un lapso de siete meses durante 2013, son los primeros que documentan una política de exterminio de personas operada por la policía estatal de Veracruz durante el gobierno de Javier Duarte, denunciada durante años por muchas familias.

Las víctimas

El 3 de octubre de 2013 Andrés Aguilar Marín y Jaqueline Espejo Moctezuma, ex trabajadora de la SSP, fueron detenidos arbitrariamente sobre la calle Poeta Jesús Díaz, en Xalapa. Eran las 10 de la noche. Andrés conducía el taxi marcado con el número 6859 y fue interceptado por el Grupo de Reacción, a cargo del comandante Alejandro Trujillo Rivera, El Cyber. El motivo, reportó el oficial en su tarjeta informativa, fue que el vehículo mostraba actitud “sospechosa”.

Los oficiales revisaron el vehículo y encontraron en una caja de fusibles un pastillero con 38 dosis de polvo blanco con las características de la cocaína. Trujillo Herrera lo informó a un mando superior y la instrucción fue implacable: llevarlos “al lugar correspondiente”, es decir, la Academia de Policía de Veracruz, conocida como El Lencero. Ahí, los detenidos fueron entregados al teniente Roberto Carlos López Flores, El Oso y el comandante Roberto González Meza, El Bogui, entonces director de la Fuerza Civil.

En El Lencero Jaqueline Espejo Moctezuma conoció un cuarto destinado a la tortura. Durante cuatro días fue incomunicada y obligada mediante golpes y descargas eléctricas a culparse por la posesión de droga. Pero finalmente se acreditó como trabajadora de la SSP y fue trasladada al cuartel de San José, en Xalapa, donde el entonces jefe de operaciones, José Manuel Martínez Sánchez, le informó que sería removida de área de trabajo al municipio de Pánuco, en los límites con Tamaulipas. Sobre su acompañante, le advirtió: “mejor olvídate de él”.

Cinco años después, el taxista Andrés Aguilar sigue desaparecido. Su caso es el último de los 15 documentados por la Fiscalía con base en las tarjetas informativas, cuyos registros comienzan en abril.

En la lista hay varios menores de edad. Uno de ellos es Héctor Jesús Hoyos Barradas, de 16 años, quien fue detenido el 16 de abril por el grupo policial de reacción sobre la carretera federal Xalapa-Perote, a la altura de la comunidad El Rosario, en el municipio de Rafael Lucio.

De acuerdo con la relatoría de la Fiscalía, los policías encontraron en su celular mensajes que lo delataron como informante de Los Zetas. Los oficiales lo reportaron con el entonces subsecretario José Nabor Nava Holguín, quien dio la instrucción de “ponerlo a disposición correspondiente”. El adolescente fue entregado en el puente de Las Trancas, cercano a Xalapa, a oficiales de las fuerzas especiales de las unidades SP-1719 Ysp-1765. Nunca se le volvió a ver. Sobre estos hechos también estuvieron informados José Óscar Sánchez Tirado, entonces subdirector de agrupamientos operativos, José Manuel Martínez Sánchez y Arturo Paredes Guevara directores de operaciones de la subsecretaría de Seguridad Pública.

El 28 de abril fue detenido José Martínez del Ángel, de 21 años, también sobre la carretera federal Xalapa-Perote en Banderilla, en un lugar conocido como El Gallito. Los policías encontraron en su teléfono mensajes que avisaban entradas y salidas de los policías. El comandante Trujillo Rivera reportó “al titular” y recibió como orden entregar al joven con Los Fieles, por lo que fue llevado al “punto de entrega”, a donde acudieron las patrullas 1992 y 1833, esta última comandada por Roberto González Meza.

El 30 de abril fue detenido Alberto Huerta Acosta, de 23 años, en Xalapa, cuando caminaba a la altura del edificio de la Secretaría de Finanzas y Planeación del Estado. Tras la requisa del teléfono se localizaron mensajes que detallaban movimientos de la policía. Según la tarjeta informativa del comandante Trujillo Rivera, el joven dijo trabajar para Los Zetas. Esto fue reportado al superior Nava Holguín, quien sentenció el futuro del detenido: llevarlo al “mismo punto”, con la Fuerza Especial.

Ese mismo día fue privado de su libertad José Ulises Martínez, de 30 años, en las mismas inmediaciones de SEFIPLAN. De acuerdo con las investigaciones, al ver el convoy de oficiales, el joven intentó refugiarse en un jardín del camellón, pero no pudo librar su detención. Los policías encontraron en su teléfono un mensaje que delataba su ubicación. Según el reporte, el detenido también aceptó trabajar para Los Zetas. Las fuerzas especiales se lo llevaron en las patrullas 1762 y 1993.

El 14 de mayo, José Leal Amaro y Liberio Hoyos Castañeda, ambos de 20 años, desaparecieron luego de ser detenidos sobre la carretera Jilotepec-Naolinco, en el municipio Coacoatzintla. De acuerdo con la Fiscalía, en la detención participaron 14 oficiales de la Fuerza de Reacción que estaban bajo las órdenes de Silviano Martínez Rivera. Después de revisar sus teléfonos, el grupo policial concluyó que ambos trabajaban para Los Zetas, por lo que fueron entregados con las fuerzas especiales, que llegaron a completar la tarea en las patrullas 1995, 1996 y 1726.

El 16 de mayo, Uriel Hernández Vega, de 18 años, fue detenido por policías a cargo de Martínez Rivera sobre la carretera Banderilla-Jilotepec, en Banderilla. El joven fue sorprendido cuando presuntamente hacía una llamada para reportar las referencias de la policía estatal, por lo que fue interrogado hasta confesar que trabajaba para Los Zetas. El comandante reportó los hechos al superior, quien concluyó “llevarlo al lugar correspondiente”.

El 30 de mayo, Bibiana Hernández Moguel, de 17 años, fue detenida cerca de El Gallito, cuando se encontraba sentada en las inmediaciones del Cetis de Banderilla. Su actitud era “sospechosa” y en consecuencia fue intervenida por un grupo de14 policías que recibían órdenes del comandante Trujillo Rivera. Los oficiales descubrieron “información comprometedora” en su celular. La adolescente fue llevada hasta unos cañaverales en la localidad de Alborada, en Emiliano Zapata, donde fue interrogada a golpes hasta que reconoció prestar sus servicios como “halcón” para Los Zetas. Luego, por órdenes de Arturo Paredes Guevara, fue entregada al grupo de fuerzas especiales en el puente de Las Trancas.

El 1 de junio, Antonio Morales Marín, de 22 años, fue detenido por su “actitud sospechosa” sobre el boulevard Xalapa-Banderilla, frente a SEFIPLAN, por 14 policías que iban en las patrullas 1426, 1800 y 1408. Revisaron su celular y encontraron información que presuntamente lo relacionaba con Los Zetas, por lo que fue entregado al grupo a cargo de José López Cervantes, El Black, quien “se hizo cargo”.

Con el mismo móvil de detención, Héctor Campos Cornelio y Cecilia de la Cruz Luján de 16 y 17 años, fueron privados de su libertad el 13 de junio, en una gasolinera del municipio de Jilotepec. La detención estuvo dirigida por el comandante Trujillo Rivera. Luego, los adolescentes fueron entregados al grupo de fuerzas especiales de las patrullas 1426, 1800 y 1408.

El 23 de junio fueron privados de su libertad Carlos Alberto Ruiz Barbadillo y Humberto Ruiz Arcos por el grupo de reacción, integrado por 14 agentes estatales a cargo del comandante Trujillo Rivera. Ruiz Bobadillo conducía el taxi con número económico 5874, y fue cercado por tres patrullas debido a que conducía “con actitud sospechosa”. Según las bitácoras de la SSP, los dos confesaron pertenecer a Los Zetas: Carlos Alberto fue identificado como “el central”, mientras que Huberto confesó que estaba aprendiendo a desempeñase como “halcón”.

Finalmente, José Cruz Peralta Nava, de 19 años, fue detenido el 20 de agosto sobre la avenida Lázaro Cárdenas, en las inmediaciones de la Plaza Crystal. La detención estuvo a cargo del grupo de Trujillo Rivera. El joven declaró pertenecer al grupo de Los Zetas. Lo anterior fue notificado al comandante Carlos Baxin Ortiz, El Tigre, quien se hizo cargo.

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