El día que Peña le ‘cayó bien’ a López Obrador

25 abril, 2022

López Obrador ya había revelado, siendo candidato, el supuesto plan para frenar su triunfo en 2018, del que Peña Nieto se habría negado a participar. ¿Es ése el origen de la simpatía del presidente al expresidente?

Twitter: @chamanesco

El día de su toma de posesión como presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador hizo un reconocimiento a Enrique Peña Nieto, por “no haber intervenido” en las elecciones, como hicieron sus antecesores.

“Hemos padecido ya ese atropello antidemocrático y valoramos el que el presidente en funciones respete la voluntad del pueblo. Por eso, muchas gracias, licenciado Peña Nieto”, fueron las palabras con las que abrió su discurso de toma de posesión en la Cámara de Diputados.

Entre el 1 de julio de 2018 y aquel 1 de diciembre, habían transcurrido cinco meses de una tersa transición entre el presidente electo y el saliente, a quien López Obrador había cubierto de calificativos, descalificaciones, denuncias e invitaciones a renunciar al cargo durante todo el sexenio.

El respeto, el agradecimiento y hasta el reconocimiento eran los nuevos tonos del discurso de López Obrador hacia su antecesor.

Incluso, el presidente entrante atribuyó a Peña Nieto la buena marcha del proceso electoral que lo llevó al poder, y no a las autoridades electorales, que se quedaron esperando -en el palco de invitados del recinto legislativo de San Lázaro-, ya no digamos un reconocimiento por la organización de un proceso impecable, sino alguna mención de quien aquel 1 de diciembre se convertía en presidente de la República.

¿Por qué tanto aprecio de López Obrador hacia el expresidente?

Hechos

Hace tres días, en la conferencia mañanera, el presidente explicó que le reconoce a Peña Nieto no haber aceptado la propuesta de “los machuchones”, quienes supuestamente lo habrían tratado de convencer de encabezar un acuerdo para lograr una candidatura de unidad que frenara a López Obrador en las campañas de 2018.

Más allá de la interpretación que hace el presidente, es cierto que, entre los dos primeros debates presidenciales de la campaña de 2018, es decir, entre el 22 de abril y el 20 de mayo, hubo contactos y encuentros entre personajes ligados al PAN y al PRI, para analizar si era factible impedir lo que parecía inevitable: el triunfo de López Obrador en su tercera campaña presidencial.

Para ese momento, López Obrador crecía en cada encuesta que se publicaba y, mientras él recorría pueblos y distritos del país, sus opositores recibían comentarios de empresarios y líderes de opinión para conminarlos a construir una candidatura común, realmente competitiva.

Ello pasaba por la declinación del priista José Antonio Meade y la candidata independiente, Margarita Zavala, quienes eran conminados a sumar fuerzas en torno a la candidatura del panista Ricardo Anaya, que ocupaba el segundo lugar en las encuestas.

La portada del diario Reforma del 2 de mayo de 2018 así lo consignaba: “Piden a candidatos sumar con Anaya”, en una nota que incluía declaraciones de Meade y Zavala rechazando las presiones para declinar.

Un día antes, tras un mitin en Zongolica, Veracruz, López Obrador dijo saber de dichas reuniones, y hasta ofreció detalles sobre una de ellas.

Relató que un grupo de empresarios, junto con Diego Fernández de Cevallos y Vicente Fox, se habían reunido con Ricardo Anaya para sugerirle que le bajara al tono de sus declaraciones contra Peña Nieto y retirar la advertencia de meterlo a la cárcel, pues así no se lograría que los demás aspirantes se sumaran a su proyecto.

Cuestionado por los reporteros que cubríamos su gira, López Obrador reveló los nombres de los empresarios que habrían participado en esa reunión, y quiénes serían los promotores de la candidatura común: Germán Larrea, de Grupo México; Alberto Bailleres, de Grupo Bal; Alejandro Ramírez, de Cinépolis; Eduardo Tricio, de Grupo Lala, y Claudio X González, de Kimberly Clark.

En esas mismas declaraciones -que aún pueden consultarse en la página oficial de la campaña de López Obrador-, el entonces candidato aseguró que un amigo suyo le contó que, como parte de esa misma estrategia, Claudio X. Gonzalez fue a ver a Peña Nieto para sugerirle que ayudara a frenar el inminente triunfo de la coalición Juntos Haremos Historia.

A lo que el priista se habría negado, pues resultaba absurda la petición por parte de quien encabezaba entonces Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad, donde se hacían investigaciones sobre la corrupción en el sexenio peñista.

Lo importante fue lo que le respondió Peña al amigo que me lo contó”, relató López Obrador a los reporteros, con una amplia sonrisa, “le dijo: ‘mira, estos que me acusan de ladrón, de ratero, ahora me vienen a pedir que me robe la Presidencia para que no llegue Andrés Manuel. ¡Fíjate cómo son de chuecos!”.

El hoy presidente remató sus declaraciones con una frase: “hasta me cayó bien Peña”.

Con el tiempo, la única declinación que se dio fue la de Margarita Zavala, quien anunció que se bajaba de la contienda el 17 de mayo, tres días antes del segundo debate presidencial, realizado en Tijuana.

Un mes después, en el tercer debate presidencial, Ricardo Anaya acusó a López Obrador de haber pactado con Peña Nieto que le entregara la Presidencia a cambio de no ser investigado.

-¿Pactaste con Peña sí o no, y le ofreciste impunidad? -retó el panista, mostrándole una fotografía donde aparecían juntos.

-Es de 2012 esa foto -le hizo ver López Obrador, exhibiendo una más de las mentiras de Anaya.

-Tú te reuniste en un año seis veces con Peña. Ahora te peleaste y ahora quieres meterlo a la cárcel, ¿sabes qué?, no es mi fuerte la venganza, ni a ti te metería a la cárcel -le reviró el tabasqueño.

López Obrador arrasó en las elecciones del 1 de julio y, dos días después, Peña Nieto lo recibió en Palacio Nacional, y fue su guía en un recorrido privado por el recinto que hoy utiliza como vivienda, oficinas y centro neurálgico de la “cuarta transformación”.

A la fecha, los simpatizantes de Ricardo Anaya sostienen que hubo un acuerdo entre ellos, incluso previo a las campañas, en las que Anaya denunció varias veces que la PGR descarriló sus aspiraciones filtrando el expediente de las investigaciones sobre sus bienes y los de su familia en Querétaro.

Hoy, Anaya es investigado y pesa sobre él la amenaza de que la FGR solicite una orden de aprehensión en su contra.   

Colofón

En noviembre de 2018, en entrevista con la periodista Carmen Aristegui, el presidente electo López Obrador dijo que no investigaría motu proprio a Peña Nieto, y que sometería a consulta un posible juicio a expresidentes.

Ante los cuestionamientos de la periodista, el presidente electo dijo, una y otra vez, que no es su fuerte la venganza (aquí la entrevista).

La Consulta Popular efectivamente ocurrió, en agosto de 2021, con una pregunta redactada por la Suprema Corte que aludía a todo, menos a un posible juicio contra los antecesores de López Obrador.

Pese a la pregunta, pese a las pocas casillas que se instalaron para llevar a cabo la Consulta, pese a que el presidente dijo varias veces que él votaría en contra de enjuiciar a Peña Nieto y a pesar de que participaron menos del 8 por ciento de los ciudadanos inscritos en la Lista Nominal, el 97.7 por ciento de los 6.6 millones que sí participaron votaron por el esclarecimiento del pasado.

Sin embargo, hoy López Obrador dice respetar y agradecer a Peña Nieto, y su gobierno no ha iniciado -ni iniciará- una sola investigación en su contra.

Periodista desde 1993. Estudió Comunicación en la UNAM y Periodismo en el Máster de El País. Trabajó en Reforma 25 años como reportero y editor de Enfoque y Revista R. Es maestro en la UNAM y la Ibero. Iba a fundar una banda de rock progresivo, pero el periodismo y la política se interpusieron en el camino. Analista político, actualmente es asesor en el Instituto Nacional Electoral.