El día después de la pandemia

24 abril, 2020

El saldo de la pandemia de coronavirus será devastador en México, no sólo en las víctimas de covid sino en la crisis económica que viene. Apostarle al odio y minar la gobernabilidad no sirve. El futuro de los propagadores de odio se ata al país que quieren hundir

@anajarnajar

A falta de fútbol o lucha libre algunos convirtieron a México en el ring donde difunden mentiras, esparcen odio y provocan miedo.

Lo hacen sin el menor pudor, convencidos que de esa manera conseguirán derrocar al gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador.

No son ignorantes. Muchos de ellos tienen altos grados académicos, y hace unos años eran parte de la élite que solía orientar la opinión pública con sus análisis.

¿Hasta dónde tiene éxito su campaña de odio? No está claro. AMLO ha perdido la mitad del respaldo que tenía hace un año, según algunas encuestas.

Pero esa fotografía, realizada con base en entrevistas telefónicas, difícilmente toma en cuenta a la población a quienes el presidente habla todos los días, y a quienes dirige sus programas sociales.

Así que tal vez ése no es el mejor termómetro, y probablemente no lo sean las elecciones intermedias en 2021.

Tradicionalmente en esos comicios la participación suele ser más baja que en las contiendas presidenciales.

Hacen mal quienes le apuestan a derruir la gobernabilidad del país, y no sólo por esa miserable actitud sino porque las consecuencias de la pandemia de coronavirus serán devastadoras.

Y no sólo en la cantidad de personas fallecidas, ésas que tanto anhelan los propagadores de odio y miedo.

La Comisión Económica para América Latina (CEPAL) advierte que en 2020 la región presentará la mayor crisis de su historia reciente.

El Producto Interno Bruto (PIB) caerá en 5.3% en promedio, aunque en algunos países la contracción económica será más profunda.

El riesgo para México es alto. Desde el año pasado el crecimiento promedio de la economía es cercano al 0%. Los especialistas le llaman recesión. López Obrador dice que no es así.

Allí se queda el debate, en la superficie. Porque las estimaciones de CEPAL y otros organismos internacionales advierten una enorme pérdida de empleos por la pandemia.

Las cifras se mueven entre 3 y 7 millones de plazas laborales. Las medidas de emergencia que aplican las autoridades tal vez no sean suficientes.

Hay quienes piden usar el crédito para desastres que el Fondo Monetario Internacional (FMI) tiene para México. Son unos 50 mil millones de dólares.

López Obrador insiste en que no contratará más deudas. No está claro si la crisis que viene le haga cambiar de opinión, sobre todo por un elemento que se pierde en el debate de terror.

Entre los más perjudicados por la emergencia se encuentran millones de personas que viven al día, miembros de la economía informal sin salario fijo, seguridad social ni mucho menos seguros o atención médica estable.

El riesgo también es elevado para los integrantes de la clase media, entre quienes se cebará el desempleo. Allí priva la incertidumbre, pues en la crisis de 1995 fueron los más afectados.

Algunos prevén que el impacto de la pandemia será igual al llamado Efecto Tequila. Otros esperan un escenario peor.

En todo caso para sortear la crisis se necesita a todos, empresarios, universitarios, trabajadores y campesinos. Pero sobre todo de un gobierno fuerte.

Es una de las razones de por qué es mala idea apostarle a la venganza ruin y al fracaso presidencial. Quienes medran con la tragedia olvidan que esta vez, a diferencia de la catástrofe financiera de 1995, ellos no pueden huir del país y refugiarse en Estados Unidos o Europa, como hicieron muchos en esa época.

Ahora la crisis sanitaria y económica es global. No hay lugar seguro. No hay paraíso que les albergue. Los propagadores de odio están unidos al resto de las millones de personas a quienes pretenden hacer daño.

Qué paradoja. Ellos, quienes se esfuerzan por hundir al país, están condenados al mismo destino de quienes desprecian.

Ya se verá el día después de la pandemia.

Productor para México y Centroamérica de la cadena británica BBC World Service.
Periodista especializado en cobertura de temas sociales como narcotráfico, migración y trata de personas. Editor de En el Camino y presidente de la Red de Periodistas de a Pie.