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El Ángel que no llegó al Zócalo

Un monumento para la Independencia iba a ser construido en la Plaza de la Constitución. La idea de Santa Anna era levantar un mausoleo para los héroes patrios, pero la obra no se llevó a cabo y poco después los visitantes y turistas comenzaron a llamar a la plaza “Zócalo”

@ignaciodealba

Lo que hoy conocemos como el Zócalo en la Ciudad de México alguna vez fue el exótico mercado Parián. Este sitio albergó una buena cantidad de locales que exhibían productos traídos por el Galeón de Manila o la Nao de la China. Las personas más encumbradas de la Nueva España acudían a comprar artículos de lujo: telas, carey, pedrería lujosa, incluso frutas y comidas de lugares lejanos; los menos privilegiados acudían en calidad de mirones.

El mercado sufrió un ataque feroz en 1828 por parte de simpatizantes que reclamaban fraude en las elecciones en las que perdió Vicente Guerrero contra Manuel Gómez Pedraza. Los manifestantes entraron al mercado Parián y quebraron vidrios, robaron cosas e incendiaron locales.

El tianguis quedó disminuido hasta que Antonio López de Santa Anna, el 11 veces presidente de México, decidió demoler definitivamente el mercado en 1843. Muchos de los comerciantes y joyeros decidieron reinstalar sus locales en la calle de Plateros –ahora conocida como Francisco I. Madero-.

Santa Anna había peleado en la guerra de Independencia, pero lo había hecho contra los independentistas. De hecho, el hombre fue comandante de San Juan de Ulúa, uno de los últimos reductos del gobierno virreinal. Pero una vez derrotadas las autoridades coloniales y firmados los tratados de Córdoba que reconocían la independencia de México, Santa Anna se unió a los ganadores. Su carrera como político empezó como gobernador de Yucatán y luego de su natal Veracruz.

Es paradójico que el autoproclamado en 1853 “Alteza Serenísima” deseara hacer un monumento en nombre de los héroes de la Independencia que él había combatido. En ese momento la explanada era conocida como Plaza Mayor.

La idea de Santa Anna fue construir en el centro de la explanada que estaba frente al Palacio Nacional un monumento, diseñado por Lorenzo de la Hidalga, cuya obra más recordada actualmente es la catedral de Tampico, Tamaulipas.

La obra planeada en el ombligo de la capital mexicana sería de la siguiente manera: con un basamento donde estarían los restos de los héroes patrios, encima de cada ángulo habría otro basamento con bajorrelieves y una estatua de un héroe en cada uno de los ángulos. Por encima de aquello una columna ornamentada y sobre el capitel una estatua de la Victoria Alada. Es decir, muy parecido al actual Ángel de la Independencia –que poco se conoce como Victoria Alada-.

Demos las gracias de que el diseño de la Hidalga no se realizó, pues aunque el proyecto es parecido las pequeñas diferencias lo hacen radicalmente más feo que el actual monumento del Paseo de la Reforma.

A pesar de que ya se tenían planos de la obra, también existía la sospecha de que el gobierno de México no tendría dinero para financiarlo. Además, en 1846 el gobierno estadounidense invadió México y por donde Santa Anna construía el monumento patrio los norteamericanos ondeaban su bandera.

Del mausoleo sólo se construyó el basamento o zócalo. Años después, sobre eso se pondría en 1875 un bonito quiosco traído de la Francia, muy al gusto de la época. Para entonces la gente ya llamaba al sitio Zócalo. El sobrio quiosco sería donado después al municipio de Huejutla, en Hidalgo.

El Zócalo fue transformado un par de veces a lo largo de los años, actualmente la Real Academia de la Lengua Española reconoce la palabra “zócalo” como: “Plaza principal de una ciudad, especialmente la del Distrito Federal”.

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Fue educado en escuelas católicas hasta que se volvió ateo. Es huraño y trotamundos. Estudió periodismo y nunca se graduó. Suele tener más fe en las viejas narrativas que en las nuevas. Le gusta escribir historias.

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