El 14 de febrero en que no se compró el amor

13 febrero, 2021

La gente compra el amor, dice un vendedor. Pero este año, los enamorados han podido pagar poco, y quienes han gastado, han preferido endeudarse en un centro comercial que adquirir un artículo de temporada para el 14 de febrero.

Texto y fotos: Isabel Briseño

CIUDAD DE MÉXICO.– Mucha gente camina por las calles, los centros comerciales lucen abarrotados, hacen filas hasta de 40 minutos para poder ingresar a los restaurantes. «Demasiada gente pero poca venta».

Metálica suena al interior de una camioneta color arena que se encuentra estacionada en la calle de Obrero Mundial frente a un centro comercial. En el interior y exterior de ésta se observan orquídeas, tulipanes, rosas, chocolates y dulces diversos en forma de arreglo. Junto a la camioneta se encuentra Cano, quien fue a recoger más mercancía y a preguntarle a Peter cómo va la venta de ese lado de la calle.

Este par de amigos de 30 años de edad, llevan dos años dedicándose a la venta de artículos de temporada. Iniciaron el día de ayer 12 de febrero durante unas 4 horas aproximadamente; hoy 13 piensan laborar unas ocho o nueve horas; y mañana que es el día fuerte, saben que deben invertir unas 12 o 15 horas para que salga la venta. 

La gente compra el amor, dice Cano.

 

Belén lleva seis años dedicándose a la venta de artículos de temporada: Día de madres, navidad, día del amor y de la amistad. Ella platica que en años anteriores la venta era buena pero éste ha sido diferente por la pandemia. “Para todos los que nos dedicamos al comercio ha estado feo”. La vendedora de peluches recuerda que en otros años se re surtía hasta por cuatro veces; pero en esta ocasión sigue esperando que salga la primera mercancía, “aunque solo salga lo de la inversión”, dice Belén.   

«La plaza ya abrió y sí hay gente pero casi no nos compran, prefieren ir a endeudarse con las tarjetas de crédito, si preguntan por los precios sobretodo por el stich, pero se van y cuando vuelven a pasar por aquí ya llevan sus bolsas de tiendas». 

Stich llama la atención por ser el peluche más grande, tiene un costo de mil 500 pesos, pero también tiene otros obsequios más económicos que decora Belén. 

Un equipo de cinco personas –cuatro de ellas mujeres– llevan 35 años a las afueras del panteón Francés vendiendo flores en un puesto fijo. Pero desde hace una semana añadieron a los arreglos florales para difuntos, flores alegres de colores y globos.

Pilar Balderas, María, Regina y Ángeles son las encargadas de atender durante el día este negocio; los hombres integrantes de esta familia –que proviene de Ciudad Nezahualcóyotl– atienden por las noches, pues el puesto permanece abierto las 24 horas del día.

“La plaza ayuda a que haya gente. Por lo menos pasan por aquí, porque cuando estuvo cerrada estaba muerto”, platica Mary, mientras acomoda los girasoles y suena algo de música salsa.  

Llevan una semana ofreciendo productos y tienen la esperanza de que terminen con su mercancía, la jornada laboral que cubren estas mujeres es de 12 horas, al finalizar, las reemplazan sus familiares hombres.

Cayó la noche y la venta sigue floja, dice Paty, ella escucha reggaeton sentada junto a su prima Nayelli, pese a que no han vendido mucho sonríen. Viven en la colonia Buenos Aires y desde hace 4 años ofrecen artículos cada 14 de febrero, mercancía que cargan desde su hogar hasta su lugar de venta que se ubica frente al Centro Médico Nacional Siglo XXI.

La fecha es mala, dicen, pues de haber caído entre semana habría más gente por el hospital, “ahorita si hay una que otra consulta pero es mínimo, entre semana hay muchos doctores”; las madres de éstas jóvenes mujeres venden alimentos desde hace 25 años afuera del hospital ubicado en la alcaldía Cuauhtémoc de lunes a viernes, es por eso que conocen bastante bien el flujo de personas. 

Los globos transparentes van de los 100 a los 170 pesos, pero también hay paletas de 10 pesos. Iniciaron a vender el día 12 estos artículos de 3 a 8 de la noche acompañadas de sus pequeños hijos.

Nunca me ha gustado que las historias felices se acaben por eso las preservo con mi cámara, y las historias dolorosas las registro para buscarles una respuesta.