Él hace cine de autor con personajes de la clase alta mexicana. Sabe lo que le gusta y no pretende ocultarlo, algo especialmente difícil de mostrar en un momento en el que la porno-miseria o la precariedad, no sólo está de moda, sino que vende bastante bien
Por Évolet Aceves / X: @EvoletAceves
Esta semana se estrenó en Estados Unidos Dreams (Sueños), escrita, dirigida y producida por el mexicano Michel Franco. Hasta este momento desconocía el resto de sus películas, exceptuando tres y, muy particularmente, las últimas dos: Daniel y Ana (2009), Después de Lucía (2012) y Nuevo Orden (2020).
Michel Franco es un director que no pasa desapercibido. Sus propuestas cinematográficas suelen caracterizarse porque dan en el clavo, en la llaga de la polémica. Lo vimos con Después de Lucía, donde la protagonista, Tessa Ía González Norvind, es víctima de abuso escolar, con escenas crudas de violencia desparpajante, eso que hoy calificamos como bullying. Recuerdo haber visto aquella película con mis padres y hermano, y la tremenda sorpresa que nos llevábamos a cada rato. En su momento me resultó difícil asimilarla. No la he vuelto a ver, pero qué gran película es aquella. En ese momento desconocía por completo a Tessa Ía, no sabía entonces que era la hija de la también actriz Nailea Norvind —¡estupenda actriz!—, lo supe años después, ni que eventualmente incursionaría en la música como compositora y cantante.
Luego de aquel gran largometraje, tres películas del mismo director pasaron desapercibidas, entonces fue cuando llegó Nuevo Orden, esta vez protagonizada por la hermana de Tessa Ía, Naian González Norvind, junto a la participación de un gran elenco: Mónica del Carmen, Lisa Owen, Diego Boneta, Patricia Bernal, Darío Yazbek.
En Nuevo Orden —la que hasta ahora considero su mejor película— una familia adinerada que celebra la boda de los recién casados, se enfrenta ante una revolución organizada por la clase trabajadora, pronto la revolución se extiende en el país. Es una especie de utopía en la que claramente se nota la evolución en la filmografía de su director, busca consolidarse como un director arriesgado, que juega con asuntos dolorosos, como resulta ser el clasismo, la discriminación, y lo hace de manera ejemplar. La clase trabajadora se levanta en armas frente a las injusticias y abusos de la clase alta, los humilla, los encierra y los devora moralmente.
Recuerdo haber visto esta película en la Cineteca del Estado de México, en Toluca, entonces casi recién inaugurada. Y también recuerdo haber escuchado la ola de sensacionalismo que causó entre el público nacional. A muchos disgustó; a muchos encantó. Pero simplemente al hablar sobre ella, me dan ganas de volver a verla.
Semejante a la directora Alejandra Márquez Abella y su espléndido largometraje Las niñas bien (2018) —su única película sobresaliente—, ambos dialogan con la clase alta mexicana, recurriendo a los manierismos, las costumbres, y naturalmente a la escenografía y ambientación propia de esta élite, no sin olvidar sus vicios y sus despóticas felonías.
Esta semana en Nueva York se estrenó Dreams en el cine, me da gusto que el cine mexicano esté circulando a escala internacional —el largometraje se estrenó en febrero del año pasado en el Festival Internacional 75 de Berlín.
Michel Franco recurre nuevamente al uso de las tomas distantes, ausencias de close-ups, para dar al espectador una visión completa del escenario, algo que ha venido haciendo desde sus inicios y que sin duda lo distingue. A Michel Franco le gusta provocar a través del caos y de las injusticias, escenas en donde lo humano se vuelve caótico, perverso, inhumano.
En Dreams el protagonista es Isaac Hernández, bailarín y actor, y aquí quiero resaltar el gusto de Michel Franco por incorporar en sus películas a protagonistas versátiles, actores que, además de actuar, se dedican a otras disciplinas artísticas, como lo vimos con Tessa Ía —cantante— o con Lisa Owen —que, además de actriz, también es escritora—, y ahora, con Isaac Hernández, el bailarín mexicano más destacado del momento, bailarín principal del American Ballet Theatre en Nueva York y reconocido en Moscú por el Benois de la Danse como el mejor bailarín del mundo en 2018.
La película resulta provocadora al abordar la inmigración indocumentada a los Estados Unidos de un joven mexicano y chilango, Fernando, bailarín de ballet, quien se cruza en su camino con una mujer blanca y millonaria de los Estados Unidos, Jennifer (Jessica Chastain). Se juegan asuntos de poder a todo momento, el poder del dinero, por un lado, el poder de la ciudadanía estadounidense, pero también el poder erótico que implica la musculatura de un bailarín joven. Es una película con escenas eróticas que quizás hace veinte o diez años hubieran resultado pasmosas; hoy, sinceramente, no lo creo. Sin embargo, y eso hay que reconocerse, la iluminación fue precisa para destacar el cuerpo del bailarín.
Otro asunto que llegó a tocarse, aunque muy por encima, fue el de la lengua. Creo que ahí había más jugo por exprimir, y que no se exprimió lo suficiente. Lo mismo sucedió con las políticas de ICE. Aparece ICE, pero el asunto realmente no se toca de fondo, sólo muy superficialmente, cuando creo que el director pudo haberse concentrado más en esos centros de detención, y sin embargo lo abordó más desde una perspectiva amorosa y obsesiva, de abuso de poder entre los protagonistas, Jennifer y Fernando.
Aparece una escena de inmigrantes centroamericanos encarcelados, donde las rejas comienzan a incendiarse, es un momento que me recuerda a las escenas surrealistas que se vislumbraban en Nuevo Orden —para quien la recuerda, hablo del agua verde saliendo por los lavabos de la casa de la familia rica, hablo de la gente brincándose las bardas altas para irrumpir en la casa, de los contrastes visuales entre la clase alta y la clase trabajadora—, pero esta escena en Dreams dura tan sólo dos segundos. La situación migratoria entre México y Estados Unidos básicamente fue un medio, una excusa, para contar una historia de amor obsesiva y abusiva. Mi expectativa al ir a ver la película era justamente la contraria.
Sin embargo, reconozco que, mientras veía esta película, pude darme cuenta de que Michel Franco permanece fiel a sus convicciones estéticas. A lo largo de su filmografía aparece la clase alta mexicana, y no retratada desde una perspectiva comercial, de blockbuster, él hace cine de autor con personajes de la clase alta mexicana, y esa constante lo retrata como un creador consistente en sus convicciones estéticas. Sabe lo que le gusta y no pretende ocultarlo, algo especialmente difícil de mostrar en un momento en el que la porno-miseria o la precariedad, no sólo está de moda, sino que vende bastante bien.
X: @EvoletAceves
Instagram: @evoletaceves
everaceves5@gmail.com
Évolet Aceves es cuentista, novelista, poetisa, cronista y ensayista. Autora de la novela Tapizado corazón de orquídeas negras (Tusquets, 2023), forma parte de la antología Monstrua (UNAM, 2022). Periodista cultural, fotógrafa con dos exposiciones individuales. Escribe su columna en Pie de Página. Ha vivido y estudiado en Toluca (México), Varsovia (Polonia), Albuquerque (Nuevo México, EEUU) y Nueva York, donde actualmente reside con la beca GSAS otorgada por la Universidad de Nueva York, donde también da clases. Colaboradora en revistas y semanarios: Dominga (Milenio), El Cultural (La Razón), Nexos, Replicante, Este País, entre otros. Su obra ha sido presentada en ferias del libro y universidades de México, Estados Unidos, Polonia y Alemania.
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