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Dos mujeres, una lucha: los desaparecidos en Guerrero

Entre las historias de Tita Radilla y María Herrera hay tres décadas de distancia pero un denominador común: su lucha por la búsqueda de desaparecidos en Guerrero

Texto: Daniela Rea

Fotos: Lucía Flores

El tiempo de estas mujeres, Tita Radilla y María Herrera, se hila con una historia de 34 años. El 25 de agosto de 1974 el maestro Rosendo Radilla, padre de Tita, fue desaparecido por el Ejército; el 28 de agosto de 2008 Raúl y Salvador, hijos de María, fueron desaparecidos por criminales. Las dos historias sucedieron en Guerrero.

Una mujer que representa la lucha contra las desapariciones forzadas que cometió el Ejército durante la Guerra Sucia; otra mujer que es ícono de la búsqueda de personas desaparecidas durante la mal llamada Guerra contra las drogas.

Están aquí reunidas al pie de la Estela de Luz para hacer un homenaje a Raúl y a Salvador, que este día 28 de agosto cumplen 11 años de haber sido desaparecidos. Pero también un homenaje a Gustavo y a Luis Armando -otros dos hijos de María que fueron desaparecidos en Veracruz en el 2010- y a Rosendo Radilla y al Vaquero Galáctico y a Roberto Galván y a los migrantes y a los normalistas y a los más de 40 mil desaparecidos.

En la explanada de la Estela están los nombres de todos ellos y más inscritos en placas de metal que fueron colocados por integrantes del Movimiento por la Paz desde el año 2011. 

Tita Radilla y Julio Mata llegaron desde Guerrero para acompañar a María y a su hijo Juan Carlos, que se ha dedicado a buscar a sus cuatro hermanos desaparecidos, a nombre del Frente Guerrero por Nuestros Desaparecidos. Están otros familiares, solidarios, compañeros de lucha y activistas como Santiago Aguirre, director del Centro ProDH y Ana Lorena Delgadillo, directora para la Fundación por la Justicia y el Estado de Derecho.

El Frente Guerrero lee un mensaje a quienes escuchan:

“Se necesita verdadera voluntad política y coordinación de todas las instituciones, colectivos, sociedad civil ante esta crisis humanitaria que requiere medidas extraordinarias para que los más de 37 mil cuerpos no identificados sean entregados de manera digna a sus familias y las miles de personas desaparecidas a lo largo del territorio sean encontrados.

“Deseamos ver muestras reales de transformación en este gobierno, saldando la deuda pendiente que tiene con nuestros desaparecidos desde los años sesenta, asegurando todas las condiciones, sin limitaciones para las familias en sus diligencias”.

Después de que se leyó el comunicado Tita Radilla toma el micrófono: 

“Creo que es bastante difícil para nosotros, la verdad, estar en estos momentos pensar en nuestros seres queridos desaparecidos. Les invito a que lo digan, a que comuniquen, a que sean solidario con quien sufre porque quiza el dia de mañan apodamos ser vicitmas tambien. Nadie esta excento y la violencia no acaba”.

Tita también reclama la violencia de Estado que desde el gobierno de Vicente Fox simuló la búsqueda de desaparecidos a través de fiscalías especiales “no hubo ningún desaparecido encontrado, ni responsable sancionado y todo sigue igual”.

María Herrera toma el micrófono y platica que a ella le gusta México, le gusta su país. Que ahora que andan llamando a unos lugares “pueblos mágicos”, en realidad todo el país es mágico. Mágico porque aquí desaparecen a las personas.

La voz de María suena agrietada, duele. María está cansada y enferma, pero aún así, sigue. Minutos antes de que iniciara el homenaje María estaba preocupada por comprar tortillas, queso, lo que fuera para ofrecerle un taco a quienes vinieron a acompañarla. Consiguió una canasta de tacos sudados y refrescos. María es como una mamá de todos.

Y luego, en un gesto de compasión más allá de lo imaginable, María dice:

“Pido perdón porque no hemos sabido velar en su magnitud ese dolor de todas esas madres cuyos hijos están desaparecidos”. Ella es una de esas madres, ella busca a cuatro de sus ocho hijos.

Cuando María termina de hablar, ella y Tita se dan un abrazo fuerte, largo. 

El 17 de septiembre del 2011, en Chilpancingo, Guerrero, Tita Radilla y María Herrera se encontraron por primera vez cuando la Caravana de la Paz por Justicia y Dignidad, encabezada por Javier Sicilia, recorrió los caminos del sur del país. Un recorrido que enfrentó a las violencias históricas del sur con las violencias recientes del norte. 

El abrazo que María y Tita se dieron ese día como el que se dan hoy, cuenta la historia de un país que se hila con los nombres de sus desaparecidos.

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Reportera. Autora del libro “Nadie les pidió perdón”; y coautora del libro La Tropa. Por qué mata un soldado”. Dirigió el documental “No sucumbió la eternidad”. Escribe sobre el impacto social de la violencia y los cuidados. Quería ser marinera.

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