Mientras la Casa Blanca endurece el bloqueo contra Cuba con nuevos aranceles energéticos, en el Zócalo de la Ciudad de México cientos de ciudadanos han convertido la solidaridad en un acto de resistencia cotidiana: recolectan víveres y medicinas para una isla hermana que, al otro lado del mar, resiste la asfixia
Texto y fotos: Andrea Amaya
CIUDAD DE MÉXICO. – Ante el reciente endurecimiento del bloqueo energético contra Cuba, impulsado por una orden ejecutiva de Donald Trump el pasado 29 de enero, la respuesta ciudadana en territorio mexicano ha sido contundente, pues mientras la estrategia, que impone aranceles ad valorem a los socios energéticos de la isla para golpear sus ingresos y paralizar la vida cotidiana de millones de habitantes, ha encontrado un muro de fraternidad en México.
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Mientras las decisiones geopolíticas se escriben en aranceles y decretos, en las calles de México se escribe otra historia: la de la solidaridad que nace desde el pueblo.

En la plancha del Zócalo de la Ciudad de México, cientos de ciudadanos se han sumado al centro de acopio instalado bajo el lema «De pueblo a pueblo, acabemos el bloqueo». El latido de la solidaridad se siente con fuerza entre quienes llegan a donar víveres y medicamentos.
Francisco Rosas López, integrante del colectivo «Solidaridad Militante va por Cuba», explica que elegir el Día del Amor y la Amistad para iniciar la colecta no fue casualidad: «¿Qué mejor día para mostrar esta hermandad?», comenta mientras organiza los productos que no dejan de llegar.
Rosas, un veterano que ya en los años noventa participaba en el envío de barcos de petróleo a la isla, recuerda que el bloqueo es una «guerra económica» activa desde 1962.
«A veces la gente no tiene una idea clara de lo que implica este genocidio. Queremos ampliar el núcleo de solidaridad de pueblo a pueblo», explica, anunciando que la movilización se extenderá también a Puebla y Celaya.
La campaña, activa hasta el 22 de febrero, busca recolectar desde leche en polvo para niños hasta material quirúrgico, jeringuillas y medicamentos para la presión arterial. Es la ciudadanía organizada la que responde ante la emergencia humanitaria.
Quienes mejor entienden lo que está en juego son quienes tienen el corazón dividido entre México y Cuba. Olivia Garza, vicepresidenta de la Asociación de Cubanos Residentes en México «José Martí», vive con angustia la distancia:
«El hecho de que Cuba no cuente con petróleo significa paralizar al país. Sin luz, sin agua, sin escuelas ni hospitales funcionando, es un acto de genocidio», afirma con una mezcla de preocupación y firmeza.
Para Garza, la medida no es solo administrativa, sino un ataque directo a la dignidad humana:
«Son nuestros amigos de la infancia, la familia, los vecinos los que están padeciendo. Es una política diseñada para asfixiar por hambre y penurias».
Su gratitud hacia el pueblo mexicano es inmensa: «México ha sido el primero en alzar la voz y decir ‘no podemos dejar morir al pueblo cubano’. Cuba siempre ha brindado solidaridad al mundo; hoy, el pueblo cubano resiste de manera heroica y merece ser apoyado».

La solidaridad popular ha encontrado eco en las instituciones. Mientras los ciudadanos se organizan en el Zócalo, el gobierno mexicano, a través de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), ha canalizado esta voluntad colectiva en acciones concretas. La Marina trasladó vía marítima más de 814 toneladas de víveres destinados a la población civil de la isla caribeña.
Los buques Papaloapan e Isla Holbox transportaron a La Habana productos de primera necesidad como leche, productos cárnicos, galletas, frijol, arroz, atún en agua, sardina y aceite vegetal, así como artículos de higiene personal. Es la mano del pueblo mexicano, extendida a través de su gobierno, llegando a las costas cubanas.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha mantenido una postura que refleja el sentir de las calles. Al calificar las sanciones como injustas, la mandataria recordó que la política exterior de México prioriza la ayuda humanitaria por encima de las presiones externas.
«Pueden o no estar de acuerdo con el régimen cubano, pero no se debe afectar a los pueblos nunca», sentenció Sheinbaum, reafirmando que México no dará la espalda a sus hermanos caribeños. Sus palabras resuenan con la acción ciudadana que ya está en marcha.
En un mundo donde la geopolítica suele medirse en aranceles y decretos, México ha decidido recordar que la fraternidad entre los pueblos de América Latina es un lazo que ninguna orden ejecutiva puede desatar. En las calles de México, la consigna es silenciosa pero potente: mientras otros construyen muros, aquí se siguen tendiendo puentes.
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