David Alfaro Siqueiros, el arte de la revolución

9 octubre, 2020

Este muralista se formó en la guerra y en la pintura, su gran legado son los murales que se despliegan como material propagandístico. Desde sus días en la revolución, Siqueiros construyó una poderosa narrativa contra el poder. Este es un recorrido por algunos de los sitios en donde vivió. 

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David Alfaro Siqueiros decía que nació en Camargo, Chihuahua. Pero su acta de nacimiento declaraba que estaba registrado en Irapuato, Guanajuato, donde vivió con sus abuelos en la calle Allende en el centro de la ciudad. Actualmente en el lugar hay un café llamado Café Galería Siqueiros. 

El abuelo Antonio Alfaro, apodado “Siete Filos” fue un chinaco -guerrillero liberal- que luchó en la intervención francesa. El hombre le inculcó un espíritu anticlerical al futuro pintor. Por parte de su madre, los Siqueiros Feldman, eran una familia de políticos y artistas arraigados en Chihuahua. 

En el año 2004, la crítica de arte, Raquel Tibol, publicó en Proceso una investigación basada en documentos certificados que reveló que, en realidad, David Alfaro nació el 29 de diciembre de 1896 en la Ciudad de México en la calle Arcos de Belén, número 30. En ese sitio ahora hay una mueblería Famsa. 

También el nombre del artista cambió. Según Tibol,  realmente se llamaba José de Jesús, pero su primera esposa Graciela Amador le puso David después de visitar el David de Miguel Ángel.

Desde muy temprana edad, Siqueiros se involucró en movimientos sociales. El primero que se le conoce fue en la Escuela Nacional de Bellas Artes, ubicada en la Academia de San Carlos. Siqueiros se implicó tanto en la huelga estudiantil que le aventó una pedrada al director, el porfirista José Rivas Mercado. El joven pintor nunca se graduó de la academia; en lugar de eso se envolvió en los vientos revolucionarios. 

En 1914, a la edad de 18 años, Siqueiros se unió al ejército constitucionalista de Venustiano Carranza. El pintor participó en la toma de Guadalajara, Aguascalientes y León. Además, estuvo en la persecución de Pancho Villa en los estados del norte. 

Después de la revolución, Siqueiros se acercó a varios círculos de artistas y conoció a Diego Rivera, José Clemente Orozco y al secretario de Educación Pública, José Vasconcelos, quien lo invitó a participar en la decoración de la Escuela Nacional Preparatoria, ubicada en San Ildefonso. Ahí Siqueiros realizó sobre el cubo de una escalera la obra “Espíritu de Occidente” (1922); luego en la Universidad de Guadalajara pintó, con Amado de la Cueva, “Ideales agrarios y laboristas de la Revolución de 1910” (1924). La obra del artista se detuvo debido a su involucramiento en las luchas sindicales, por esos años fundó el periódico El Machete.

Siqueiros viajó por Europa y la extinta URSS (Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas). Se insertó de lleno en el marxismo. Era un artista con una fuerte influencia política. Para él, su actividad artística y política no se disociaban. El gran formato del muralismo era una herramienta de propaganda. El estalinismo lo alejó de Rivera –trotskista- y otros intelectuales. La radicalización de Siqueiros era acción.

En 1930 Siqueiros estuvo encarcelado en la penitenciaría de la Ciudad de México; supuestamente, por participar en un intento de asesinato al presidente Pascual Ortiz Rubio. Aún en la cárcel el artista fue acusado de sedición y recluido en Taxco, Guerrero. Logró violar el arraigo en su contra y asistió a eventos artísticos. 

En la Guerra Civil Española, Siqueiros apoyó el bando republicano, primero fue productor de arte de agitación y propaganda. Luego, se incorporó al ejército, como enlace, y finalmente con el grado de teniente coronel comanda brigadas de Teruel, Toledo, Córdoba y Extremadura.  Nunca dejó las armas ni la brocha; era “producción ideológica”.

En prácticamente todos sus viajes por Europa, Asia, y Sudamérica la producción artista no se detuvo. Para Siqueiros la apuesta por la libertad comprometía la lucha contra el fascismo, en su obra “Autorretrato” (1945) –conocida como Coronelazo- el hombre se retrató en su carácter político, un brazo extendido que lucha. 

Pero en México Siqueiros era un personaje tan conocido como incómod. Lejos de ser el muralista del folclor, su actividad política le daba dolor de cabeza a más de uno. En 1940 fue apresado de nuevo, esta vez siete meses en Lecumerri, señalado de participar con varios estalinistas para intentar asesinar al político soviético León Trotsky. Ese mismo año una conspiración logró el asesinato.

El presidente Manuel Ávila Camacho logró interceder por Siqueiros quien fue condicionado a abandonar el país. El poeta Pablo Neruda ayudó para que el artista se refugiara en Chile, ahí siguió trabajando y pintó “Muerte al Invasor” (1941). Muchas de las obras del muralista están en sedes obreras, por ejemplo en la Ciudad de México existe un escondido mural en las instalaciones del SME “Retrato de la Burguesía” (1932).

Siqueiros tuvo una obra prolífica en varios países. Uno de sus trabajos más conocidos  está en el Castillo de Chapultepec, la obra llamada “Del Porfirisimo a la Revolución” (1960). Por esos años Siqueiros vivió en la calle Tres Picos #29 en la colonia Polanco, para estar cerca del sitio donde trabajaba, actualmente en el lugar hay un museo.  

Pero en el mismo año en que Siqueiros terminó el gran mural de Castillo de Chapultepec fue encarcelado por sedición después de llamar al presidente Adolfo López Mateos “neoporfirista”, tras la represión contra el movimiento ferrocarrilero. En realidad, las versiones de sus encarcelamiento son confusas, hay quien aseguró que la querida hermana de López Mateos era trotskista, e intercedió con su hermano, el presidente, para detener a Siqueiros.  

Uno de los últimos proyectos de Siqueiros fue la construcción de la Tallera, la primera escuela de muralismo en el mundo. El hombre levantó en Cuernavaca el proyecto, del que dijo:  

“Un taller grande, inmenso, lleno de máquinas, con andamios supermóviles, con laboratorios para probar la química y la durabilidad de los colores, con materiales plásticos en abundancia, sin el sufrimiento de la limitación, con un departamento de fotografía, con cámaras fílmicas, con todo, todo lo que necesita un pintor muralista, hasta con los elementos y accesorios para penetrar en el escabroso campo de la dinámica de los colores y la relatividad de las formas geométricas en el espacio activo”.

En la calle venus 52, de la colonia Jardines de Cuernavaca, Siqueiros hizo parte del mural “Marcha de la Humanidad” (1971) que se instaló en el Polyforum del World Trade Center, en la Ciudad de México. Esa fue la obra más grande que realizó el artista.

También en la Tallera, Siqueiros vivió los últimos años de su vida. Ahí murió en 1976. La Tallera y la casa de Polanco fueron heredados “al Pueblo de México”, por el artista. Sus restos se conservan en la Rotonda de los Hombres Ilustres, en el Panteón de Dolores. 

Fue educado en escuelas católicas hasta que se volvió ateo. Es huraño y trotamundos. Estudió periodismo y nunca se graduó. Suele tener más fe en las viejas narrativas que en las nuevas. Le gusta escribir historias.

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