Compartir las tierras de los tratados

29 julio, 2021

Barbara Lavalle, mujer sabia y guardiana de la historia indígena guía miembros de la Red para Compartir las Tierras de los Tratados en un tour a pie de la finca de Joel Mowchenko, cerca de Mossbank, Saskatchewan en julio pasado

La Red para Compartir las Tierras de los Tratados busca combatir la hostilidad rural hacia el movimiento indígena en las praderas de Canadá, renunciar a los privilegios sobre las tierras ocupadas y reconocer que el régimen de propiedad privada de tierras está basado en el robo

Por Katie Doke Sawatzky, publicado el 5 de julio, 2021, por Briarpatch Magazine.

Fotos: cortesía Valerie Zink.

Traducción: Kevin E. Hernández Martínez, con el apoyo de Pie de Página in English.

CANADÁ.- El 9 de agosto de 2020, un pequeño grupo de indígenas y colonos se reunieron en una propiedad en las afueras de Bladworth, Saskatchewan, cerca de los límites territoriales del Tratado 4 y el Tratado 6. El anciano Ross Gardypie rezó una oración en lengua Cree para la ceremonia de la pipa. Las mujeres prepararon comida para el almuerzo y los hombres la colocaron sobre una lona en el campo, cerca de la tierra, como es costumbre durante una celebración. Hubo conversación y risa. Un poco más tarde el grupo salió caminando hacia un pequeño pastizal de ocho hectáreas, adonde Mary Smillie e Ian McCreary, pareja de agricultores, llevan su ganado para carne en el verano. Todos se dispersaron en diferentes direcciones para caminar por el terreno por un rato. El guardián de conocimiento Kevin wâsakâyâsiw Lewis y su abuela encontraron decenas de plantas medicinales cerca de los árboles. Una pareja encontró una bergamota silvestre.

“Fue uno de los mejores eventos de compartición de tierras que hemos tenido”, dice Amy Seesequasis, quien coordinó el evento, “por el aspecto ceremonial y por el hecho de que había personas no indígenas e indígenas juntos en una ceremonia. Para mí eso es algo que nunca pensé que vería en mi vida”.

Es una escena sencilla pero que marca el comienzo de una nueva forma de compartir el territorio en las Praderas. La reunión fue organizada por la Red para Compartir las Tierras de los Tratados (TLSN, por sus siglas en inglés), una organización de base formada por agricultores colonos, ganaderos y otros terratenientes que desean compartir sus terrenos con usuarios de tierra indígenas. De acuerdo con su folleto, el grupo está “comprometido a poner en práctica la relación de los Tratados [entre las Primeras Naciones y la Corona] a través del aprendizaje conjunto y continuo, mientras cumplimos nuestro papel como personas de los Tratados y establecemos un camino diferente a seguir para el área rural de Saskatchewan”.

“Deberíamos saber cómo compartir. Vaya, es un comportamiento de jardín de niños”, dice Smillie, enfermera retirada y facilitadora de salud comunitaria. “Pero […] no tenemos infraestructura para eso, ni mecanismos para compartir la tierra”.

Un contrapunto

La idea de la Red surgió como respuesta a dos eventos que ocurrieron en las praderas canadienses de Saskatchewan entre 2016 y 2018.

El primero fue el asesinato del joven hombre Cree Colten Boushie en la propiedad de Gerald Stanley en agosto de 2016. Dos años después, Stanley fue juzgado y posteriormente absuelto por un jurado compuesto exclusivamente por personas blancas. En los meses previos y posteriores al juicio de Stanley, el racismo y la hostilidad hacia las comunidades indígenas alcanzó un punto máximo en Saskatchewan. Un grupo de Facebook llamado “Propietarios armados” se formó un mes después del asesinato de Boushie y acumuló a 5 mil miembros. Un miembro de un grupo privado de Facebook de la Policía Montada de Canadá afirmó que Boushie “se lo merecía”. El racismo se extendió desde las redes sociales hacia la sociedad rural en general. En 2017, apenas cuatro meses después del asesinato de Boushie, la Asociación de Municipios Rurales de Saskatchewan aprobó un acuerdo para presionar al gobierno a fin de que “expanda los derechos y justificación para que un individuo pueda defenderse o protegerse a sí mismo y las personas bajo su cuidado y su propiedad”. La idea era que una persona debería ser capaz de disparar a alguien para proteger la propiedad privada.

“Había un ambiente horrible aquí en el área rural de Saskatchewan”, dice Smillie.

Al mismo tiempo, el gobierno de Saskatchewan estaba vendiendo activamente tierras de la Corona, algo que ha estado haciendo durante la última década. Entre 2008 y 2020, alrededor de 400 mil hectáreas de tierras de la Corona se han vendido, con una cantidad récord —93 mil 500 hectáreas— vendidas en 2017. La venta de estas tierras —especialmente tierras de la Corona desocupadas sobre las que los pueblos de las Primeras Naciones tienen derecho, consagrado en los Tratados enumerados, de cazar y recolectar durante todo el año— es condenado por la Federación de Naciones Indígenas Soberanas (FSIN). La FSIN dice que el gobierno no está consultando a las Primeras Naciones sobre la venta de las tierras de la Corona, como es necesario para atender las obligaciones pendientes del Acuerdo de 1992 sobre el Marco de Titularidad de Tierras de los Tratados.

Valerie Zink, organizadora comunitaria y guionista documentalista, vio la necesidad de que los colonos rurales contrarrestaran este racismo y la erosión de los derechos de los Tratados. Zink, quien creció en una granja lechera en las estribaciones de Alberta, se preguntaba de qué modo los terratenientes podrían compartir tierra con sus vecinos indígenas. Ella conocía a terratenientes que se sentían de la misma forma pero no sabían qué hacer. En julio de 2018, Zink se reunió con Saulteaux y el cazador cree Philip Brass en Fort Qu’Appelle, Saskatchewan. Brass propuso una idea que Smillie llama “elegantemente simple en su diseño”: construir una red de terratenientes dispuestos a proveer acceso a usuarios de tierra indígenas.

La idea se desarrolló hasta llegar su forma actual: además de compartir información de contacto dentro de la red, los miembros pueden indicar públicamente su apoyo instalando anuncios en sus terrenos, un movimiento atrevido respecto a los omnipresentes letreros de “Prohibido el paso” en las cercas del área rural de Saskatchewan.

Después de organizar dos eventos en Wanuskewin y Fort Qu’Appelle en 2019, Smillie y Seesequasis se unieron a la naciente red a comienzos de 2020.

Actualmente, Seesequasis coordina a los oradores de los eventos de la Red. Artista Cree y Métis y madre, miembro de la primera nación Beardy y Okemasis Cree, es directora de educación pública de la Oficina del Comisionado de los Tratados (OTC), que provee educación sobre los tratados de Saskatchewan. La Red y la OTC se han asociado para solicitar subvenciones y han organizado eventos virtuales de forma conjunta. En la reunión en la propiedad de Smillie en agosto, la OTC y la Red establecieron una colaboración formal a través de una ceremonia de la pipa y un festín.

“La disposición de estas mujeres para crear una sociedad segura e inclusiva es lo que realmente me impactó”, recuerda Seesequasis. “Tenemos roles y responsabilidades como personas de los Tratados, y obligaciones para enseñarnos entre nosotros con respeto, así como para dar acceso y espacio justo a cada uno, y tener ese beneficio mutuo”.

El docente de educación basada en el territorio y fundador de los campamentos de cultura Kâniyâsihk, Dr. Kevin Lewis, habla sobre varios usos de las plantas originarias que se encuentran en el pastizal de la propiedad de Mary Smillie e Ian McCreary en Bladworth, Saskatchewan, en una reunión con la Oficina del Comisionado de los Tratados en agosto de 2021.

No hay reconciliación sin tierra

La hostilidad rural hacia el movimiento indígena a lo largo de las praderas no es nueva. La ley sobre los Indios (Indian Act) de 1876 y el sistema de pases de 1885 confinaron a los pueblos originarios de las planicies en reservas, parcelas de tierra mucho más pequeñas que sus territorios tradicionales. Se usaron políticas de hambruna para forzar a los pueblos de las planicies a firmar acuerdos con la Corona.

Además de las ventas anuales de tierras de la Corona al mejor postor, en otoño de 2018, el gobierno de Saskatchewan aprobó enmiendas en su legislación sobre la violación de la propiedad que, de ser decretadas, impondrían a los usuarios de la tierra la responsabilidad de obtener consentimiento del propietario antes de ingresar a sus terrenos. Para Brass, pedir permiso para cazar es un ejemplo de un paradigma paternalista que privilegia a los colonos e ignora los derechos indígenas.

“Es el colmo”, dice Brass. “Es una frustración ardiente que repercute en el cuerpo y mente de los pueblos indígenas. Es porque estamos bajo ocupación, nuestro territorio está ocupado, alterado […]. Es indignante”.

Brass me dice que ha visto que la hostilidad hacia cazadores indígenas se ha intensificado en años recientes. Sabe de cazadores que han sido perseguidos por camiones que los siguen pegados al parachoques. Cuenta que fue cuestionado por colonos mientras desollaba un ciervo. Le preguntaron su nombre, anotaron el número de su placa, y le preguntaron de qué comunidad venía. En un texto, recuerda la historia de un cazador que, al regresar a su vehículo, se encontró con la frase “VETE AL CARAJO INDIO” pintado con aerosol en la grava frente a la puerta de su camioneta.

Dado que las tierras de la Corona alrededor de su reserva están vendidas, Brass conduce al municipio rural de Garry, ubicado 45 minutos al noreste de Peepeekisis, para cazar en pastizales comunales y tierras provinciales de vida silvestre. Pero los granjeros han recibido permiso del gobierno para que su ganado paste en una superficie de tierra de vida silvestre en el área que es principalmente hábitat de ciervos. Brass teme que esto lleve a interacciones acaloradas.

“Parecen tener la noción de que tienen la autoridad en las tierras de vida silvestre para echar a los pueblos indígenas”, dice Brass. “Han creado una bomba para la confrontación en esa área”.

Brass, quien es consejero indígena para la organización Conservación de la Naturaleza de Canadá (NCC), sostiene que la ignorancia de los colonos sobre la caza realizada por los indígenas es parte del problema. A diferencia de la mayoría de los colonos cazadores que cazan por deporte, dice que la caza es la base de la cultura indígena y juega un papel importante en el ecosistema de la pradera.

“El búfalo y los pueblos indígenas y su uso del fuego, trabajando en conjunto durante milenios, fueron quienes permitieron la existencia la pradera originaria a lo largo de las Grandes Llanuras”, afirma. “Ningún ecosistema está en completo funcionamiento a menos de que pueblos indígenas accedan a él. La cantidad de animales que tomamos y la cosecha de plantas es esencial para la salud de un ecosistema y viceversa. No podemos prosperar, nuestra salud no prosperará, nuestras lenguas no sobrevivirán, a menos de que ejerzamos prácticas basadas en la tierra en nuestro territorio de origen”.

Brass sostiene que la caza en su comunidad también es una forma de supervivencia debido a la pobreza sistemática en las reservas. Esto quiere decir que ocurre en caminos secundarios camino a la ciudad, no en un viaje recreativo que muchos no pueden pagar.

Barbara Lavallee guía a miembros de la Red para Compartir las Tierras de los Tratados en un recorrido a pie por la finca de Joel Mowchenko cerca de Mossbank, Saskatchewan, en julio pasado.

Ser personas de los tratados: escuchar y aprender

Además de los eventos de compartición de tierras, el comité de la Red organiza eventos virtuales para educar a miembros colonos sobre la relación de los indígenas con la tierra. Smillie oganizó un círculo de lectura en donde leyeron Braiding Sweetgrass (Trenzando hierba santa) de Robin Wall Kimmerer. Seesequasis planeó un evento de identificación de plantas para que agricultores y ganaderos puedan identificar plantas en sus terrenos que recolectores indígenas podrían tener interés en cosechar. Otro trató de sortear conversaciones difíciles con vecinos sobre los letreros de la Red, misma que planea colocarlos este verano.

En los últimos dos años, la Red ha delineado sus principios y ha celebrado eventos de compartición de tierras, pero la verdadera prueba ocurrirá este verano, cuando los letreros de la Red se instalen y los indígenas empiezan a acceder a tierra compartida fuera de eventos formales. El grupo sigue conversando sobre las expectativas tanto de los terratenientes como de los usuarios de tierra. Mientras que la mayoría de los terratenientes acepta que la gente recolecta plantas medicinales y bayas, algunos siguen desconfiando de la caza. Smillie me dice que ella y su esposo están contentos con tener cazadores en sus terrenos siempre y cuando su ganado no esté afuera y sus cercas no sean aplastadas por vehículos, como les ha sucedido en el pasado. Aprecian que las personas los llamen y les pregunten antes. Hasta ahora, la red incentiva el acceso a pie y desaconseja abrir fuego a menos que todas las partes estén de acuerdo.

Brass aboga por un acceso sin obstáculos a las tierras dentro de la Red, lo que incluye la habilidad de cazar sin pedir permiso. “La reconciliación no se trata de un horizonte de buena onda, sentados en círculo cantando kumbayá. Se trata simplemente de renunciar a tu poder y privilegios sobre la tierra que ocupas y reconocer que el régimen de propiedad privada de tierras está basado en el robo”.

Seesequasis también está de acuerdo en que la caza y la recolección en su territorio es parte del derecho inherente de su pueblo al autogobierno, el cual precede a la imposición de las leyes coloniales. Pero afirma que la ley sobre los Indios fue la que arrebató los derechos de los pueblos originarios de las planicies de moverse libremente en sus territorios y legalizó prácticas discriminatorias.

“La reconciliación, considero, debería consistir en reconocer el verdadero territorio de la gente”, dice. “Pienso que eso está empezando a suceder cuando hacemos el reconocimiento de tierras, pero eso apenas roza la superficie. Tenemos que hacer más por honrar y reconocer a quién pertenece la tierra. Pertenece a todos nosotros, pero los pueblos indígenas tienen un derecho inherente a ella porque su sustento se basa en ella”.

Seesequasis incluso ve las conversaciones sobre la tierra en asambleas de la Red como algo poderoso, particularmente cuando la “reconciliación” a nivel de gobierno muy a menudo se enfoca en programas y no en la tierra. Incluso los 94 Llamados a la Acción de la Comisión de Verdad y Reconciliación de Canadá no mencionan devolver tierra a jurisdicciones indígenas, algo por lo que el movimiento de Devolución de Tierras (Land Back) aboga.

“El hecho de que personas en la Red estén reconociendo que la tierra es parte de esa conversación es muy importante”, dice, “porque si el impulso sigue creciendo, mostrará a personas en esos altos niveles: ‘Mira lo que la gente está haciendo a nivel de base. […] Tal vez sea mejor cambiar nuestra perspectiva, nuestro enfoque’”.

Miembros de la Red para Compartir las Tierras de los Tratados exploran la pradera originaria en la propiedad de Joel Mowchenko cerca de Mossbank, Saskatchewan, en julio pasado.

Lo que la tierra ofrece a todos

La familia de Joel Mowchenko ha trabajado la tierra cerca de Mossbank, Saskatchewan, desde 1909. Mowchenko vive en Moose Jaw, pero su cuñado administra las 560 hectáreas de la finca agropecuaria mixta. Entró en contacto con la Red a través de amigos que cultivan cerca de North Battleford: publicó un video donde mostraba sus terrenos en la página de Facebook de la Red en junio de 2020. Barbara Lavallee, monitora ambiental indígena, publicó en una respuesta que identificó características distintivas en la pradera originaria. Poco después, Zink le pidió a Mowchenko que organizara el primer evento de compartición de tierras el 22 de julio de 2020.

En ese entonces, “El [papel] potencial que los agricultores y los titulares de las tierras podían desempeñar en la reconciliación era una gran pregunta para mí”, dice Mowchenko. “No sabía qué pasos podrían tomarse para avanzar en una dirección positiva”.

En la reunión, cuenta que Lavallee señaló unas piedras apiladas en la propiedad. El padre de Mowchenko le explicó que los colonos habían apilado las piedras, pero Lavallee le dijo que observa desde una dirección diferente. Las piedras se extendían a lo largo del barranco y eran de tamaño uniforme: todo indicaba que eran parte de una trampa para búfalos sobre el barranco. Durante miles de años, pueblos indígenas cazaban búfalos haciéndolos caer de precipicios y barrancos bordeados por mojones o piedras. Las patas del animal se rompían con la caída, de forma que eran más fáciles de matar y luego procesar al fondo de la persecución. Mowchenko dijo que Lavallee pensó que probablemente habría restos de un sitio de matanza al fondo del precipicio.

“Lo vi y dije: ‘¿Cómo es que no lo vi antes?’”, recuerda Mowchenko. “Fue fantástico enterarme de eso”.

Joely BigEagle-Kequahtooway, artista oriunda de Regina y fundadora del Instituto de Artes del Pueblo Búfalo, le dijo que el enterramiento de cráneos de búfalo cerca de hormigueros era un modo efectivo de limpiar los huesos antes de usarlos en Danzas del Sol o ceremonias en cabañas de sudar: las hormigas comen la carne sin dañar la estructura.

Cuando los colonos consideran compartir tierra, explica Mowchenko, a menudo lo abordan con una mentalidad de suma cero: “asumen […] que alguien más va a obtener más y que ellos tendrán menos”. Pero después de organizar el evento de compartición de tierras en julio, su mentalidad cambió. El hecho de que otros usen hormigueros o recolectan salvia no les afecta en absoluto, y los cazadores les ayudarían a controlar especies que a veces dañan cultivos. “Esto sería ganar-ganar”, dice.

Smillie tenía una reacción similar a los descubrimientos de la gente en su pastizal. “Tenemos que abrir estas tierras porque hay mucho más que descubrir de lo que Ian y yo o nuestros hijos podemos”, explica. “Tenemos una visión tan estrecha de lo que hay aquí”.

Seesequasis espera que una vez que el sitio web de la Red se publique este verano, el comité podrá difundir información sobre ella al compartirla con comunidades indígenas, municipios rurales y pueblos. Afirma que la Confederación de las Primeras Naciones del Tratado Seis se ha puesto en contacto con ella para formar una red en Alberta. Por ahora, la Red mantiene su enfoque en Saskatchewan puesto que la OTC tiene el mandato de servir a esta provincia, pero Seesequasis señala que las fronteras provinciales no limitan los tratados.

La Red planea lanzarse oficialmente en junio de 2021 con otra reunión al aire libre. Sus letreros también se entregarán a los terratenientes en el lanzamiento. Los miembros de la red esperan que, en el mejor de los casos, los letreros creen oportunidades para un mayor movimiento dentro de los territorios tradicionales y, por lo menos, sean símbolos de paz y recordatorios de la intención de los tratados en un paisaje alterado por el dominio de los colonos.

Katie Doke Sawatzky es una periodista freelance, colona que vive en Regina, en el territorio del Tratado 4, patria de los Métis. Para su proyecto de investigación de posgrado, creó un sitio web multimedia sobre el estado de las praderas nativas en Saskatchewan y las comunidades que las protegen disponible en prairiecommons.ca.

Este artículo fue publicado originalmente por Briarpatch Magazine en Saskatchewan y traducido con apoyo de Pie de Página in English. Haz click aquí para leer la versión original.

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