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Carola Rackete, más allá del Mediterráneo

La aprehensión de la activista alemana, capitana del barco que rescata migrantes en el Mar Mediterráneo, evidencia la incapacidad de Europa de asumir su responsabilidad sobre la constante y creciente migración africana. Y mucho más: oportunismo político, indiferencia internacional, mentiras y sociedades divididas

Texto: Cynthia Rodríguez

Foto: Especial / Sea-Watch 3

MILÁN, ITALIA.- El 3 de julio, un día después de la liberación de Carola Rackete, fue bombardeado un centro de detención para inmigrantes en Libia. Desde la ciudad de Tajoura llegaban las grotescas imágenes de cuerpos despedazados con un saldo preliminar de 40 muertos y 80 heridos. Conforme pasaban las horas, las cifras crecían.

Las imágenes de los cuerpos negros ya en tierra, algunos otros tratando de ser transportados en ambulancia hacia algún hospital, no tuvieron tanta resonancia en los medios internacionales como sí lo tuvo — por más de dos semanas — la Sea-Watch 3, una nave construida en 1973, con bandera holandesa de 50 metros de largo y 11 metros de alto.

El bombardeo de Tajoura, muy cerca de Trípoli, la capital, es una de las muchas consecuencias de la llamada segunda guerra civil que explotó en Libia desde 2014 entre los grupos armados que derrocaron a Muamar el Gadafi en la guerra de Libia comenzada tres años antes y que, desde entonces, se enfrentan por el control del país.

Pero no es solo eso, sino que es una de las causas por las que miles de inmigrantes tratan de escapar todos los días en embarcaciones de todo tipo hacia Europa, un continente que les sigue representando una esperanza de vida, aunque no siempre lo logran.

Es ahí donde adquieren otro sentido las palabras de la joven alemana y ya famosa capitana del Sea-Watch 3 cuando en entrevista con el diario italiano Repubblica dijo:

“He podido frecuentar tres universidades, soy blanca, alemana, nacida en un país rico y con el pasaporte adecuado. Cuando me di cuenta sentí una necesidad moral: ayudar a quien no tenía las mismas oportunidades”.

Sin embargo, esta confesión que hace ella misma desde lo evidente, no ha sido suficiente para que los gobiernos europeos asuman su responsabilidad sobre la constante y creciente migración africana y que por su cercanía geográfica, tocan la puerta en Italia.

Por un lado, el Ministro del Interior italiano, Matteo Salvini, un audaz político que sabe cuándo exaltarse, insultar y llamar la atención (su crecimiento electoral lo confirma) tomó de mira a la comandante Carola mucho antes de que ella atracara en Lampedusa, luego fuera arrestada y después perdonada por la procuraduría de Agrigento, convirtiéndola en la principal enemiga por “favorecer la inmigración clandestina”, pero también en una especie de heroína moderna en altamar.

Los 42 migrantes que habían sido rescatados por la tripulación del Sea-Watch 3, se convirtieron durante 17 días (lo que duró navegando antes de atracar en Lampedusa) en botín político, pues durante esos mismos 17 días llegaron a las costas italianas 236 migrantes en diez diferentes naves, de los que casi nadie habló. Es decir, no fueron noticia.

Pero no sólo eso. La Unión Europea, siempre tan crítica hacia Italia, ante los hechos de la Sea-Watch 3, guardó silencio y puso más distancia. Por ejemplo, el gobierno holandés, cuya bandera ondea en dicha nave, confiscada ahora por las autoridades italianas, se desmarcó y desde la Cámara de Diputados, el VVD, partido del primer ministro Mark Rutte, propuso sanciones para naves de organizaciones no gubernamentales que viajan por el Mediterráneo en la búsqueda de migrantes, argumentando que de esta manera se facilita el tráfico de seres humanos.

La misma Carola, que enfrenta aún el delito de “favorecimiento a la migración clandestina” y que ha criticado fuertemente a Salvini por violar los derechos humanos, se dice desilusionada de su gobierno.

“Me dejaron sola”, confiesa esta vez al semanario alemán Der Spiegel que sale este domingo y dice:

“Mi impresión es que a nivel nacional e internacional nadie quiere ayudar. Mientras yo viajaba con 40 sobrevivientes a bordo, todos los gobiernos se pasaban la papa caliente”.

La empatía que provocó Carola en Europa hizo que los primeros días de julio, cuando ella fue arrestada y posteriormente dejada en libertad, ciudadanos diversos países juntaran cerca de 300 mil euros, gracias a las redes sociales, para enfrentar su juicio y posible sentencia en Italia.

Eso fue lo bueno. Lo malo fue cuando ningún gobierno de la Unión Europea dio un paso para adelante para aceptar a algún migrante de los que últimamente logran llegar a las costas italianas.

Carola Rackete, capitana del Sea-Watch 3, que rescata migrantes en el Mar Mediterráneo. Ilustración realizada por María Paula Ratti, que publicamos con autorización de la autora

Cuadrante del Mediterráneo

El sitio del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (UNHCR), afirma que desde enero del 2019 a la fecha, el número de inmigrantes que han llegado a Italia suma 2 mil 779, contra 18 mil 300 que han llegado a Grecia y 13 mil 260 a España en el mismo periodo. Malta reporta mil 48, lo que hace un total de 36 mil inmigrantes en poco más de seis meses. En los mismos registros hay 666 migrantes muertos.

En 2018, en los cinco países que se asoman al Mediterráneo (España, Italia, Malta, Grecia y Chipre) llegaron 141 mil 472 migrantes. El pico más alto se dio en el 2015, con más de un millón de migrantes.

Analizando los números, los 42 de la Sea-Watch y las otras decenas de inmigrantes que han llegado en otras naves estos días, no son nada en comparación con los años pasados, antes de que Libia aceptara retener en su territorio a gente que escapaba de muchas partes de Africa.

Sin embargo, la rivalidad entre las fuerzas del general Khalifa Haftar y Fayez al-Sarraj, presidente del Consejo presidencial de Libia, han ocasionado que los combates alrededor de Trípoli sean más fuertes y pesados cada día, llevando a Libia a una violencia que no tarda en explotar también en Europa, que en nombre de la legalidad, tan usada por los cada vez más conservadores gobiernos de toda la Unión, está dejando sin oportunidades de sobrevivir o (para los que logran llegar) de vivir dignamente en esta parte del mundo.

La semana pasada Fayez al-Sarraj declaró que tiene como voluntad liberar a 6 mil y hasta 8 mil inmigrantes detenidos en Libia y abandonados como consecuencia de guerras civiles. Una acción que no sólo desestabilizará a Libia, sino a toda Europa con Italia en primer lugar.

La consternación de las Naciones Unidas, cuyos esfuerzos de mediación y protección civil se topan — como la comandante alemana al mando de la nave holandesa — a un muro de indiferencia y cinismo convertido en declaraciones de gobernantes que ven el tema de migración sólo para atraer más votos.

Hace 37 años el filósofo marxista Marshall Berman publicó su libro Todo lo sólido se desvanece en el aire donde definía a la modernidad como una unidad de desunión y una vorágine perpetua de desintegración. Hoy, la Unión Europea, frente a la migración, comprueba la tesis y Carola es uno más de estos rostros, cuya valentía no alcanza para poner de acuerdo a todo un continente para mejorar sus políticas públicas de frente a lo inevitable.

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Cynthia Rodríguez

Periodista mexicana radicada en Italia, donde ha sido corresponsal para varios medios. Autora del libro Contacto en Italia. El pacto entre Los Zetas y la 'Ndrangheta, sobre los lazos entre uno de los grupos criminales más antiguos del mundo y uno de los cárteles emergentes más temidos de toda la historia en México. Tiene una maestría en Migración por la Universidad de la Sapienza y otra sobre Combate a la criminalidad organizada y la Corrupción por la Universidad de Pisa.

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