Brasil: horas críticas

2 octubre, 2022

El triunfo de Lula en la primera vuelta de Brasil sugiere un retorno a la cordura, tras cuatro años de gobierno de Bolsonaro; pero su 48.3% fue insuficiente para vencer a la ultraderecha

Twitter: @chamanesco

Durante los próximos 28 días, Brasil vivirá horas cruciales para la historia de su democracia, en la recta final de la contienda entre Jair Bolsonaro, quien busca la reelección para un segundo periodo presidencial, y Luiz Inácio Lula da Silva, quien ya fue presidente entre 2003 y 2010.

Los resultados de la primera vuelta celebrada este domingo en el gigante sudamericano sugieren un retorno a la cordura, tras cuatro años de un gobierno encabezado por un líder populista de ultraderecha -Jair Bolsonaro-, con claros y muy graves desplantes autoritarios.

Sin embargo, los 57 millones de votos obtenidos por Lula (48.36 por ciento de la votación total con el 99.73% de los votos computados) no fueron suficientes para una victoria en primera vuelta y, el próximo 30 de octubre, ambos candidatos volverán a medir fuerzas, ya sin los otros nueve aspirantes que aún aparecieron hoy en la boleta electoral como actores de reparto.

Si bien la democracia parece abrirse paso tras la jornada electoral, Brasil queda partido en dos polos que se enfrentarán con todo en las próximas semanas, antes de que los 156 millones de electores brasileños regresen a las urnas para finiquitar la elección en la segunda vuelta.

El triunfo preliminar de Lula es una buena noticia para la democracia, no sólo por lo sucedido durante el gobierno de Bolsonaro: crisis económica, una mala gestión de la pandemia, la polarización de la sociedad, el crecimiento de la posesión de armas de fuego en los domicilios y la proliferación de discursos de odio desde el poder.

También es una buena lección para quienes creen que puede ganarse una elección azuzando a sus seguidores en contra de las instituciones, para quienes sólo saben reconocer el buen funcionamiento de las autoridades electorales cuando a ellos les favorece el voto.

Y es que la campaña de Bolsonaro se basó en una estrategia de descalificación, cuestionamientos y críticas al Tribunal Superior Electoral de Brasil, y amenazas al orden constitucional brasileño.

No extraña que uno de los últimos actos de campaña de Bolsonaro haya sido subir a sus redes un video en el que el expresidente Donald Trump le manifiesta su respaldo desde el cómodo asiento de un jet privado y con las investigaciones del Asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021 como telón de fondo. 

Como Trump y otros líderes populistas de diverso signo ideológico (Nayib Bukele en El Salvador es otro ejemplo), Bolsonaro recurrió a la narrativa del fraude por anticipado, la amenaza de no aceptar los resultados si no le favorecían y el cuestionamiento al sistema de emisión y escrutinio de votos, que en el caso brasileño desde hace más de 20 años se lleva a cabo en urnas electrónicas.

Estrategias a las que el presidente-candidato sumó un elemento por demás inquietante en una sociedad democrática: su estrecha cercanía con un sector del Ejército, lo que incluso ha llevado a observadores locales e internacionales a manifestar su preocupación por un golpe militar promovido por un Bolsonaro derrotado y negado a dejar el poder.

Y no sólo es la prensa internacional la que ha hecho esta advertencia. En un documento de la misión de observación de la Unión Interamericana de Organismos Electorales, publicado días antes de la jornada electoral, puede leerse el siguiente párrafo:

En el contexto brasileño hay preguntas que se plantean algunos actores sociales y políticos: si habrá violencia debido a los resultados de la elección, en caso de que perdiese el presidente Jair Bolsonaro. O bien, si éste impulsará una ola de violencia para intentar un golpe de Estado”.

Hay razones para que estas preguntas sean mucho más que una preocupación en la mente de algunos analistas:

Desde sus inicios en política, Bolsonaro ha apelado al militarismo. Como legislador, primero, y como presidente después, ha exaltado algunos aspectos “positivos” de la dictadura (1964-1985), ha justificado la persecución a líderes sociales de izquierda por parte de fuerzas militares (incluida la expresidenta Dilma Rousseff), ha elogiado públicamente a torturadores de la dictadura y ha pedido a sus seguidores prepararse para “una guerra” en caso de que le hagan “fraude”.

En las próximas horas y días, las reacciones de Bolsonaro a los resultados de la primera vuelta serán un buen indicativo del rumbo que tomará ese discurso extremista y si crece o se disipa la amenaza de un golpe de Estado.

* * *

Pese a todo, la prensa brasileña e internacional reportaba este domingo una jornada electoral pacífica, con largas filas en algunos centros de votación y con los dos contendientes reales siendo ellos mismos hasta su última declaración a boca de urna. 

“No queremos más odio”, dijo Lula, con entusiasmo y confianza en que aún era probable su triunfo en primera vuelta.

“Con elecciones limpias, que gane el mejor”, expresó Bolsonaro, con ese escepticismo con el que, de principio a fin, cuestionó al TSE y a las urnas electrónicas.

Cerrados los centros de votación, Bolsonaro apareció arriba en los primeros reportes del sistema habilitado por el TSE, acercándose por un momento al 49 por ciento de los votos computados.

Pero cuando las actas ingresadas en el sistema llegaron al 70%, se revirtió la tendencia: Lula remontó y llegó a colocarse en primer lugar con poco más del 47 por ciento de los votos contabilizados, frente a un 44% de Bolsonaro.

Casi al final, con un 99.73 por ciento de los votos contabilizados, la ventaja se amplió un poco. Lula ganó la primera vuelta, con el 48.36 por ciento, pero no pudo aniquilar el fantasma del autoritarismo, el extremismo y la ultraderecha representado por el actual presidente.

Como ha ocurrido con otros outsiders de la política de estilo populista, Bolsonaro tuvo un voto oculto y finalmente logró más apoyo del que predecían las encuestas, que le daban entre 38 y 41 por ciento de las preferencias.

Los 51 millones de votos (43.26 por ciento) de Bolsonaro dejan entrever que vendrán días intensos para Brasil, en donde los candidatos volverán a la campaña en busca del apoyo de los nueve aspirantes que se repartieron casi un 10 por ciento de los votos emitidos este domingo.

Nuevamente, Brasil será un referente para medir el estado de salud de las democracias, no sólo por lo que implicaría un giro a la izquierda en una de las democracias más grandes del mundo, sino por la capacidad de sus instituciones para resistir los embates de un Bolsonaro herido, pero envalentonado.

Periodista desde 1993. Estudió Comunicación en la UNAM y Periodismo en el Máster de El País. Trabajó en Reforma 25 años como reportero y editor de Enfoque y Revista R. Es maestro en la UNAM y la Ibero. Iba a fundar una banda de rock progresivo, pero el periodismo y la política se interpusieron en el camino. Analista político, actualmente es asesor en el Instituto Nacional Electoral.