Aquí y ahora

7 junio, 2020

Quizá la pandemia sea un buen momento para experimentar otra forma de bienestar a partir de qué fotografiamos y cómo. De sensibilizarnos sobre lo que nos rodea y quiénes somos a partir de nuestra mirada

@maria_efemere

Tomo fotografías para informar. Como periodista, antepongo la acción de comunicar, a partir de cada persona o espacio en la foto, a sus acciones, más que a la estética, a cómo me siento o a mi propia creatividad. 

Estos días de incertidumbre pandémica varias veces me he preguntado: ¿y si pudiera meditar a partir de la fotografía? ¿Y si además de hacer una fotografía “clara”, informativa, me diera tiempo para tomar mi cámara y solo buscar sentir?

Entre 1925 y 1934 Alfred Stieglitz tomó 220 fotografías de nubes, éstas conforman su serie “Equivalencias”. Son completamente atemporales. Su no-lugar es el cielo, un cielo que podría ver cualquiera desde cualquier zona geográfica. 

Verlas te obliga a sentir el aquí y ahora. Lo principal es sentir la forma y el fondo. No pensar qué es, en dónde está y por qué.

La fotografía, al ser una extensión de uno de nuestros sentidos, puede tener como fin crear una experiencia, como lo hizo Stieglitz con sus nubes, volver una foto estímulo y con ello relajar nuestras mentes, desconectarnos.

¿Cómo? Pensemos en la forma y el fondo. 

La fotografía de Stieglitz es una referencia en las técnicas de, llamémosle “fotomeditación”. Al igual que las de Minor White y Edward Weston. Al mirar la forma y el fondo, volvieron a sus fotografías evocaciones con las que la mente trasciende espacio-tiempo y genera introspecciones en quien mira. Pero también en quién hace.

En su ensayo “El ojo y la mente de la cámara” , el fotógrafo Minor White escribió:

“Uno siente, uno ve a través del visor un mundo más allá de las superficies. El visor se vuelve como las palabras de una oración o de un poema, como dedos o cohetes adentrándose en dos infinidades: el inconsciente y el universo visual-táctil. Luego uno puede mirar las fotografías y tratar de encontrar en ellas algo que pueda explicar lo que pasó [..]. Los fotógrafos que usan la cámara como un profundo medio de expresión, o aquellos que la utilizan para documentar situaciones humanas, habrán experimentado una sensación como si la cámara desapareciese en la unión entre sujeto y fotógrafo. Y lo que a mí ahora me impresiona es que ya no me preocupa probar que algunas fotografías puedan provocar lo mismo en la gente que la pintura (lo llaman arte). Simplemente pretendo producir en otros cierto grado de experiencia —¿deberíamos llamarla espiritualidad? ¿Identificación?— utilizando fotografías como estímulo.”

Técnicas para meditar con la fotografía, como el Miksang, piden a quiénes la estudian cómo mirar la forma y el fondo y luego hacer click. Concentrarse en el acto fotográfico más que en la técnica para ir más allá de lo que vemos-pensamos hacia lo que sentimos y somos. Desconectar el pensamiento y mirar el fondo, el color y la textura.

“Pocos miramos, pensamos todo el tiempo”, dijo alguna vez el budista Chogyam Trungpa, maestro del Miksang. Por ello, en sus técnicas de meditación se simplifica la foto, se usa una cámara en automático o el celular, y se mira con la única intención de mirar para estar más cerca de lo que nos rodea.

Quizá la pandemia sea un buen momento para experimentar otra forma de bienestar a partir de qué fotografiamos y cómo. De sensibilizarnos sobre lo que nos rodea y quiénes somos a partir de nuestra mirada. De conectar con nuestros espacios, cámara en mano. Y no limitarnos a una única forma de fotografiar.

Quizá pueda ser un camino para volver a encontrar sentido en un presente en el que “lo raro ya es normal”. 

Foránea siempre, lo suyo es lo audiovisual y el periodismo es la vía por donde conoce y cuestiona al mundo.

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