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“Ante la crisis periodística, no hay más que la organización gremial”: Zuliana Lainez

La precarización laboral del periodismo es un tema urgente, porque es el drama diario de los periodistas en América Latina, asegura la vicepresidenta de la Federación Internacional de Periodistas. Sin embargo, los casos que mejor han soportado esta crisis destacan por la organización gremial

Texto: Reyna Haydee Ramírez

Fotos: Duilio Rodríguez

No hay más: la realidad nos alcanzó y hoy es urgente incluir en la agenda de seguridad de periodistas la precariedad laboral, dice contundente la periodista peruana Zuliana Lainez.

Recién electa primera vicepresidenta de la Federación Internacional de Periodistas (FIP), Lainez destaca que es una prioridad atender las condiciones laborales de los periodistas en el mundo, y particularmente en América Latina y México, donde es un tema tan grave como la impunidad y la seguridad.

Lainez es parte del comité ejecutivo de la organización global FIP, con sede en Bruselas, que representa a 600 mil profesionales de la comunicación agrupados en 187 sindicatos, federaciones y asociaciones en 140 países. En América Latina hay 19 sindicatos afiliados, con cerca de 20 mil agremiados.

También participó en la coalición internacional de organizaciones de libertad de expresión que estuvieron en México hace unos días para visibilizar la grave situación del periodismo mexicano, donde la precariedad laboral se suma al riesgo de la inseguridad y la impunidad.

“En México es un factor de extrema preocupación en el gremio, porque los expone más al peligro”, dice.

Es peor en las regiones

Zuliana llama a distinguir lo que pasa en las capitales de los países, donde los periodistas suelen tener contratos, aunque sean precarios, de lo que ocurre en las regiones, donde el periodismo es más vocacional que una forma de ganarse la vida.   

“La gente que está en los estados (es el mismo caso que Perú, Ecuador, Colombia o México) lo que hace es autogestionar su trabajo”.

En Perú, por ejemplo, hay 10 mil periodistas afiliados a la organización sindical, pero al menos 30 por ciento, son también profesores.

“Hay colegas que bien podrían estar pensionados, pero nunca cotizaron al sistema público o privado, no les alcanzaba y están condenados a trabajar hasta el final. Lo que ganas en esto es para el día a día y eso nos está condenando, literalmente, a trabajar hasta el fin”.

Los más desprotegidos, insiste, son los periodistas locales: los que son asesinados, victimados, son reporteros de las regiones.

Sin embargo, también aclara: “Vemos con inmensa expectativa que diferentes organizaciones que sólo veían temas de seguridad, ahora han empezado a tratar el tema, creo yo que por imperativo de la realidad. También la precariedad laboral es un componente de riesgo”.

La eclosión, difícil panorama

Hay una eclosión en el mercado de los periodistas. Y no se avizora que mejore, advierte Lainez.

Lo explica de este modo: el surgimiento de las plataformas digitales ha puesto un nuevo reto a los medios: el financiamiento y la sustentabilidad. La gente se ha acostumbrado a que la información sea gratis.

Algunos de sus integrantes dan talleres. Otros colegas presentan investigaciones y pueden aspirar a fondos concursables. Hay medios que han nacido con un fondo semilla, que viene de la cooperación internacional, pero esto sólo puede durar un par de años.

Ninguno de estos modelos es suficiente. Y el otro gran espacio de financiamiento, que serían los recursos públicos, sigue sin reglas claras.

“Lamentablemente en nuestros países de América Latina, la publicidad no está regulada y depende de criterios políticos, la publicidad se sigue usando para premiar y castigar”, dice Lainez. 

Para los recién egresados de las universidades, la cosa es peor: sienten que tienen que hipotecar todos sus derechos laborales por el prestigio de estar en un medio grande.

Los pocos espacios hacen que los periodistas jóvenes aceptan ya no ganar un salario, sino incluso invertir sus recursos para una cobertura, por esa idea de que hay que pagar “derechos de piso”.

”Están matando el mercado para toda la gente que viene. No vemos qué haya para adelante”.

El papel de los dueños

Lainez critica la falta de responsabilidad de los dueños de los medios de comunicación, que reclaman al Estado las carencias hacia el gremio periodístico sin cumplir con sus propias obligaciones. 

Su responsabilidad, dice, inicia desde la carga de trabajo que en muchas ocasiones repercute en la salud de los trabajadores.

“El mayor problema que enfrentan los periodistas en la era digital es no tener horarios, trabajar las 24 horas del día. El estrés en esto es brutal y están apareciendo enfermedades propias del sector, por estar con el móvil todo el tiempo, problemas de la vista. Y no se están atendiendo debidamente. Es muy distinto a los problemas de alcoholismo y de divorcio que se registraban hace décadas”, advierte.

Además, los medios pasan el costo de las crisis económicas (o, en el caso de México, la reducción de la publicidad oficial) a los periodistas. No quieren perder sus ganancias y las únicas opciones para mantenerlas son los despidos de trabajadores y el aumento de la carga laboral para los que se quedan.

El fantasma del recurso público

“En América Latina los periodistas venimos de una concepción cultural en la que creemos que lo público no es nuestro. Y tenemos que dejar de ver ese fantasma”, dice Lainéz.

En la misión internacional, los activistas tuvieron reuniones con diversas autoridades, entre ellas con el titular de Comunicación Social de Presidencia, Jesús Ramírez Cuevas, quien les habló de tres proyectos: dar seguridad social a periodistas, crear un fondo concursable para proyectos, operado por la Unesco, y que una parte de la publicidad oficial vaya a mejorar las condiciones de los reporteros.

“Están pensando una fórmula para los criterios de asignación de publicidad a los medios que esté ligada también a los derechos laborales”.

La propuesta es que los empresarios no tengan un grandísimo convenio de publicidad y sus trabajadores tengan un nivel de precariedad brutal. Y eso está bien, pero hay que poner en la mesa varios temas.

Por ejemplo, el periodismo no tiene horario, pero un periodista sí. Es decir, un medio tiene que atender las 24 horas, pero con tres periodistas.

Otro tema es de el los freelance, que tienen un esquema de “colaboradores” del medio y no de trabajadores, aunque sean colaboradores constantes.

“A los medios hay que empezar a cortarles esa retórica de que están llenos de colaboradores. No, tienen trabajadores y tienen que asumir una responsabilidad con esos trabajadores”, dice.

Pero también aclara: “no podemos meter presión solos, primero hay que derribar un montón de barreras”.

Entre ellas, dice, la de nuestros propios comportamientos. “No me gustaría decir, como dijo el Presidente de México: ‘Los medios son mis adversarios, porque sí estigmatiza mucho esa frase. Pero sí tenemos que ver cómo actuamos (…) ¿Un periodista para qué quiere una foto con el vocero de comunicaciones? ¿Para subirlo en sus redes sociales y luego decir ‘tengo cercanía’? Eso no es periodismo”.

El Estado tiene la obligación de garantizar las condiciones para el ejercicio libre. Recibir recursos públicos, en principio, no debería afectar la línea editorial de un medio. Pero “sí hay que ser muy autocríticos y entender cuál es nuestro papel. Los periodistas no somos amigos de los funcionarios públicos. No tenemos que llevarnos bien con los que ostentan el poder”.

¿En algún país hay muestras de buena voluntad, donde los dueños tengan interés o estén haciendo algo?

— Son muy pocos los casos, porque hasta los medios más progresistas de izquierda cada vez que les hablan de derechos laborales, giran la cara.

¿Quién lo hace bien?

— Diría con tristeza que en los que tienen mejores condiciones laborales son Uruguay y Costa Rica. La gente en Uruguay ha logrado involucrar al Estado, es el único país en América Latina que tiene unas reglas clarísimas de distribución de publicidad oficial, acordes con el sistema interamericano de derechos humanos, que debería ser ejemplo para muchos países.

Uruguay ha logrado seguridad social, salud, negociación colectiva, guarderías en los medios, lactarios, porque tienen un sindicato único. “Lo han logrado porque han tenido la capacidad de unión”.

Y Costa Rica, pues “es nuestra Suiza latinoamericana”.

El ejemplo del Cono Sur

Hay una gran diferencia entre el Cono Sur con el resto de América Latina, dice Lainez: en Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay y Brasil los periodistas tienen una fuerte cultura sindical. Ahí tienen claro que la única arma para defender sus derechos laborales es el sindicato y hay sindicatos muy potentes en los medios.

“Hay una conciencia de clase impresionante que se ve en el Cono Sur, pero no en el resto de América Latina, donde esa conciencia es muy débil”, explica.

Desde su perspectiva, “siempre ha habido una estigmatización del sindicato”.

“Entiendo que aquí hay mucha desconfianza, por los actos de corrupción sindical, pero hay una cosa puntual: los sindicatos en todos los países son los que están legitimados para hacer negociaciones. Son los que pueden llevar quejas a la Organización Internacional del Trabajo (OIT)”.

El tema no es eliminar la organización gremial, sino que los periodistas nos apropiemos de nuestros derechos, en incluso, demos las batallas dentro de las organizaciones.

“Nos falta darnos cuenta que todos lo hacemos nosotros, estamos en capacidad absoluta de llevar adelante un proyecto político”, dice.

¿Qué tendríamos que hacer?

— Primero decirle a la gente que hay que organizarse. No digo que hagan un sindicato si no quieren, pero por ejemplo, Periodistas de a Pie es una respuesta a eso, no sólo a temas de seguridad.

La precariedad laboral es un tema de seguridad, insiste la activista. ¿Cómo nos organizamos si no tenemos los recursos suficientes? Hay que seguir otras fórmulas, hay cooperativas de prensa como en Buenos Aires.

Lainez ejemplifica con el caso de El Tiempo: cuando los dueños decidieron de forma repentina que desaparecerían el medio, los periodistas respondieron con la negativa a abandonar el edificio. Sabían que ellos hacían el periódico. Y después de dos años funcionan como una cooperativa.

“La respuesta es organizarnos, en redes en lo que sea, empezar a mirar no solo la organización para protegernos, sino para conseguir mejores condiciones de vida, de trabajo. Se lo debemos a la profesión”.

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Fotógrafo, editor, interesado en arte, cine, arquitectura, literatura, la escalada en roca y de los deportes en general, menos el futbol. duiliorodriguez.com

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