La palma aceitera amenaza una región emblemática de conservación

24 octubre, 2019

Desde 2016, el gobierno mexicano se propuso sembrar 100 mil hectáreas de Palma en Campeche, estado que tiene la mitad de su territorio sujeto a conservación ambiental. Incidentes causados por empresas ponen en alerta a organizaciones ambientales y expertos que advierten sobre los riesgos de este polémico plan

Texto: Rodrigo Soberanes / Mongabay Latam

Fotos: Robin Canul y Mongabay

CAMPECHE.- En Campeche aún quedan comunidades mayas que siembran y cosechan sus alimentos por un tiempo razonable y después dejan que la tierra se recupere durante 25 años. Es por eso que quedan parajes escondidos de humedales que tienen una belleza que ya es muy difícil encontrar.

En la península de Yucatán, la presencia maya es emblemática por sus vestigios arqueológicos construidos en medio de inmensos territorios selváticos, que atraen a millones de turistas. Pocos saben que está en marcha un proceso de destrucción de los ecosistemas que las comunidades denuncian por los efectos negativos que causa.

En este territorio, que cuenta con el mayor porcentaje de espacios destinados a la conservación ambiental, el gobierno de México quiere poner en marcha uno de sus planes económicos más ambiciosos: sembrar miles de hectáreas de palma africana para satisfacer la demanda interna y colocar los derivados de este monocultivo en el mercado internacional.

Lo que preocupa a pobladores, autoridades locales y expertos es que si estos planes llegan a concretarse, el estado de Campeche, ubicado en la región maya de la Península de Yucatán, se convertiría en el primer productor de aceite, por encima de Chiapas, un estado que ha sido testigo de cómo la palma ha penetrado en la selva Lacandona.

¿Qué es lo que le espera a uno de los estados mexicanos con más territorio bajo protección ambiental?

Un plan ambicioso

El Gobierno de México tiene planeado sembrar 100 mil hectáreas de palma africana en los próximos años. Así lo anunció en marzo de 2016 (durante la administración del expresidente Enrique Peña Nieto).

“Campeche está sentando las bases para transformarse, despetrolizar su economía y ser ejemplo a nivel nacional e internacional, detonando el enorme potencial productivo del campo”, se lee en el comunicado oficial emitido por el Gobierno el 11 de marzo de ese año.

Este anuncio fue respaldado en ese momento por el gobernador de Campeche, Alejandro Moreno, quien dijo que el proyecto además “propiciará inversiones sin precedentes, generará empleos, despetrolizará la economía e impulsará la transformación del Estado».

Según las estimaciones oficiales, con el establecimiento de esas 100 000 hectáreas, Campeche aumentaría sus espacios cultivados a 120 mil, “por lo que […] se convertiría en el principal Estado palmicultor del país”.

El investigador de la Universidad Intercultural de Chiapas, León Enrique Ávila, le llama “corredor palmífero mesoamericano” a la extensión de tierra sembrada con el monocultivo en los estados de Tabasco, Chiapas y Campeche. Ávila destaca que sobre todo, este último, alberga humedales con alto valor para la conservación de especies que están amenazados hoy por la presencia de la inversión privada que ha ganado territorio “con agresividad” y con la ayuda de los gobiernos en sus tres instancias: la municipal, la estatal y la federal.

“Campeche tiene más selva tropical, más selva protegida que Chiapas porque allá a la Selva Lacandona ya se la están acabando”, precisa el académico.

El temor de investigadores como Ávila, que ven de cerca este problema, es que las consecuencias de esta medida han empezado a evidenciarse: hay cultivos que se acercan peligrosamente a ecosistemas sensibles, tala de bosques, plantaciones que se instalan en áreas cercanas a los ríos y un impacto que empiezan a generar cambios en el comportamiento de algunas especies.

El entorno natural de Campeche recibe presión de actividad ganadera, petrolera y de agricultura. Foto: Robin Canul.

Jaguares: las primeras víctimas

Campeche es un estado capital amurallado con arquitectura colonial que, junto con los cenotes y playas, es la atracción de más de un millón de turistas que cada año viajan a ese lugar situado en las inmediaciones de Mérida, Yucatán, y el resto de la Riviera Maya, en el Caribe Mexicano.

Para Ávila lo que está en juego con el avance de la palma son, principalmente, los atractivos naturales de este Estado.

El riesgo, sobre todo, va sobre la parte sur del área de protección de flora y fauna de Laguna de Términos. Es una zona de manglar, es una reserva donde se reproducen todas las especies del golfo de Campeche. Es una zona de resguardo de alta productividad primaria, de muchos nutrientes para los animales”, señala Ávila, ingeniero en agroecología, con un doctorado en Ciencias Agrarias, y que ha realizado trabajos de investigación de campo en la región.

Ricardo Isaac, investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), añade que Campeche es “un ejemplo de conservación biológica en el país».

Pero no solo los expertos son conscientes de lo que se puede perder y de lo que la palma está causando. Raymundo Barrios, habitante de Palizada, uno de los 11 municipios de Campeche, ha visto cómo este cultivo ha ido rodeando las comunidades en las que él creció y también ha sido testigo de cómo allá, en los impenetrables paisajes de selva, el plan de siempre ha ido expulsando especies, incluyendo las que nunca solían ser vistas: los jaguares.

Un jaguar desorientado fue visto recientemente por un lugareño en las inmediaciones de sembradíos de palma de aceite. Foto: archivo particular.
Un jaguar desorientado fue visto recientemente por un lugareño en las inmediaciones de sembradíos de palma de aceite. Foto: archivo particular.

Él mismo ha visto ejemplares desorientados cruzando carreteras donde era impensable verlos, buscando presas inusuales debido a la desesperación por falta de alimentos.

Otro de los cambios que ha notado en las comunidades es la falta de agua. Incluso, dice que los pozos artesanales dejaron de existir porque ahora hay que buscar el agua a profundidades de 30 metros por lo menos, para lo cual se requiere maquinaria especial.

La sequía y el cambio climático son muy fuertes aquí. Hemos sentido mucho más calor. Los pozos artesanales ya no están, tienen que ser con maquinaria para sacarla 30 metros abajo”, contó el lugareño a Mongabay Latam.

Según la percepción de Barrios, las empresas de palma aceitera han ido acaparando los terrenos cercanos a los ríos, donde los suelos son más ricos en nutrientes y en agua. De preferencia —asegura— siembran en superficies que no estén más de siete metros por encima del nivel de los ríos.

Cuentan los lugareños que los jaguares, a falta de sus presas habituales, comenzaron a alimentarse de otras especies. Foto: archivo particular.
Cuentan los lugareños que los jaguares, a falta de sus presas habituales, comenzaron a alimentarse de otras especies. Foto: archivo particular.

“Ellos agarran tierras buenas, tierras húmedas, máximo de siete metros arriba del río. Los mantos freáticos se han ido hacia abajo en las comunidades”, contó en un tono efusivo.

El investigador León Enrique Ávila cuenta que en uno de sus recorridos con sus estudiantes en el sur de Campeche, encontró parajes de humedales y lagunas que no había visto antes, de una notable belleza. “Son unos humedales hermosos a donde se está acercando la palma”.

Campeche y la palma

A pesar de este avance palmero, estos cultivos no son nuevos en Campeche. En 2012 se relanzó un programa de reconversión productiva, que no funcionó en el pasado, pero esta vez enfocado en promover los cultivos de palma.

En solo dos años, la superficie sembrada se triplicó hasta bordear las 13 mil 805 hectáreas.

Lo que buscaba el gobierno mexicano, en ese momento, era «impulsar el desarrollo  agroindustrial, modernizar el sector rural y mejorar la calidad de vida de los campesinos”, como lo documentó el investigador Ricardo Isaac.

Este crecimiento veloz del monocultivo en Campeche, sin embargo, llamó la atención de activistas y académicos, quienes fueron testigos de cómo la palma africana podía expandirse afectando territorios dedicados a la conservación.

Por eso, cuando supieron que el Estado tenía entre sus planes convertir a Campeche en el principal productor de palma, se opusieron. Además, porque la palma africana ha generado conflictos alrededor de la siembra.

“Hemos registrado tala clandestina y cuando lo hicimos nos sacaron encañonados. Esto fue en Palizada, Tumbo de la Montaña, el año pasado”, denunció Ronny Aguilar, periodista y activista de Campeche.

Un jaguar cruza el río Usumacinta, en el estado de Campeche. Foto: archivo particular.

Aguilar junto a dos organizaciones locales que defienden el medio ambiente y el territorio —Colectivo Conciencia, Ka Kuxtal y U Yich Li’um— se vieron obligados a presentar una denuncia ante el Tribunal Latinoamericano del Agua (TLA).

Esta demanda, interpuesta en octubre de 2016, siete meses después de que el Gobierno anunciara su plan, recoge la preocupación de las organizaciones locales frente al plan de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa) que, en ese momento, promovía el mencionado programa de la siembra de 100 mil hectáreas de palma, “sin tomar en cuenta a investigadores, académicos, ambientalistas, indígenas y la comunidad que habita la zona donde se pretende imponer este cultivo como alternativa de desarrollo”, se lee en las páginas de la demanda presentada.

En el 2016, según Aguilar y las organizaciones locales, ya se notaban los efectos de la plantación extensiva de la palma en cinco de los principales municipios de Campeche: Calakmul, Candelaria, Palizada, Carmen y Escárcega. Cada uno de estos municipios —precisan— alberga una porción de territorio que pertenece a áreas protegidas, y es en estos espacios donde se han registrado los “procesos de siembra y la devastación”.

Lo que temen las organizaciones, según consta en el documento de la demanda, es que esta política agresiva para el desarrollo de la palma en Campeche termine por afectar a la Reserva de la Biósfera de Calakmul, que según el Gobierno mexicano es considerada “la segunda mayor extensión de bosques tropicales en América y los mejor conservados de la región, con un total de 723 mil hectáreas”.

Además, es el lugar donde se encuentra la ciudad maya Calakmul, que junto con los bosques que la rodean, ha sido inscrita como Bien Mixto (cultural y natural) en la Lista de Patrimonio Mundial de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

La palma africana no llega aún a esa zona reservada para la conservación, pero como está en los municipios que la rodean y hay un plan oficial para extender de manera masiva el monocultivo, la denuncia la contempla como un foco de preocupación.

El gobierno mexicano tiene un plan para completar la siembra de 100 mil hectáreas de palma africana en Campeche. Foto: cortesía Página Abierta.

El otro espacio natural que les preocupa es el Área de Protección de Flora y Fauna “Laguna de Términos”, que es parte de la mayor cuenca hidrológica de México, conformada por los ríos Grijalva y Usumacinta, dos afluentes insignes para el país.

“En Laguna de Términos está todo, toda la palma está alrededor, todos los ríos están rodeados de palma, tienen drenes, presas que crearon de manera ilegal. El río Candelaria, el río Escárcega y el río Palizada. Es el foco rojo, se calcula que hay 42 mil hectáreas registradas alrededor de Laguna de Términos”, señala Ronny Aguilar.

Sus declaraciones aluden a la empresa Palma Tica, que ha sentado un precedente negativo en la zona. Mongabay Latam se comunicó con esta empresa para pedirle su versión, pero la persona que atendió señaló que si bien no suelen concederle  entrevistas a periodistas, procesarían la petición. Hasta el momento de la publicación de este reportaje no había llegado su respuesta.

¿Un temor fundado?

En el 2012, una plantación de Palma Tica aledaña a la Laguna de Términos fue afectada por una plaga de roedores. Para atacar este problema, la empresa decidió usar maíz rociado con furadán para envenenar a los pequeños invasores.

Esta solución arrastró, sin embargo, un problema mucho mayor: se registró una mortandad masiva de venados, puercos, conejos, perezosos y aves. Las autoridades del municipio de Palizada, donde ocurrieron los hechos, consideraron el asunto como “un descuido”.

En la Laguna de Términos está todo. Toda la palma está alrededor, todos los ríos están rodeados de palma, tienen drenes, presas que crearon de manera ilegal (el el foco rojo. Se calcula que hay 42 mil hectáreas registradas alrededor de Laguna de Términos)”.

Ronny Aguilar, activista de Campeche

“A nosotros nos mataron 1000 hectáreas de pastizales”, contó el señor Raymundo Barrios, quien vio cómo el fenómeno causó un desplazamiento de numerosos animales hacia zonas habitadas por humanos.

En noviembre de 2017, la Procuraduría General de la República —ahora Fiscalía— realizó un cateo en la zona e inspeccionó cuatro ranchos en el municipio de Palizada, donde vive Raymundo y donde Palma Tica tiene sembradas más de 4 mil 200 hectáreas de palma.

Ese año se registró también la tala de “más de 5000 hectáreas de reductos de selva baja y mediana, sin tener autorización para cambio de uso de suelo, y se construyeron drenes que desembocan en el río Palizada”, según consta en la demanda presentada por las organizaciones locales ante el Tribunal Latinoamericano del Agua (TLA).

La Procuraduría Federal de Protección al Ambiente multó con dos millones de pesos —100 mil dólares aproximadamente— a la empresa Palma Tica por el cambio de uso de suelo de más de 4 mil 500 hectáreas y aplicó una multa menor por la construcción de drenes de residuos.

Si bien esta sanción fue respaldada por habitantes de la zona como Raymundo, hay otros temas que preocupan a las organizaciones locales como la disposición de agua. Aseguran que las empresas palmicultoras buscan zonas con mucha afluencia hídrica, y el área de influencia de la Laguna de Términos cumple con esta especificación.

Esto lo confirma un estudio realizado por el Colegio de Posgraduados, campus Tabasco, para el gobierno del Estado de Campeche en el 2012, en el que advierten que las zonas con mayor efectividad para la siembra de palma son las de lagunas y las orillas de los ríos.

Esta información, según las organizaciones, ayudó a delimitar las zonas aptas para la siembra de este monocultivo y “fue presentada a los empresarios para que inviertan en zonas potenciales para la producción, pero acrecentando el riesgo de contaminación de los ríos”.

Estas denuncias, sin embargo, no han frenado los intereses de las empresas palmicultoras que quieren expandirse en la zona.  Las autoridades del gobierno federal y estatal tienen un primer registro de las compañías que han mostrado abiertamente su deseo de impulsar el monocultivo en Campeche. Son cerca de diez.

Tres personas que viven en el sur de Campeche contaron a Mongabay Latam, bajo estricta condición de anonimato, que la región tiene presencia de grupos armados relacionados al narcotráfico y que han sido testigos de incidentes en los cuales personas armadas defienden intereses de las empresas de palma de aceite.

Dos de ellos narraron episodios en los que fueron amenazados y uno más contó que vio “halcones” (espías) apostados en caminos vecinales que conducen a plantaciones de palma africana.

Lo que se viene

Ronny Aguilar y el investigador Ricardo Isaac coinciden en que hasta ahora la expansión del cultivo se ha logrado a través de convencer a campesinos de la rentabilidad del fruto de la palma y del uso de terrenos que estarían catalogados como predios en desuso.

Sin embargo, Campeche es un territorio de 56 mil 859 kilómetros cuadrados, de los cuales, alrededor del 75 por ciento está conformado por vegetación en buen estado de conservación, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

La investigadora del Colegio de la Frontera Sur (Ecosur), Claudia Monzón Alvarado, quien ha estudiado el cultivo de la palma africana en la región de Campeche, sostuvo, en una entrevista realizada por el portal Página Abierta, que “si la siembra es inminente, debería hacerse de forma sustentable”.

La especialista considera que “el gran reto” del proyecto de expansión de palma africana en Campeche es lograr que se haga de tal manera que los productores obtengan beneficios con fecha de caducidad, es decir, a corto o mediano plazo. Pero, una vez que los beneficios económicos comiencen a mermar, quedarán las consecuencias negativas de la siembra de la palma, si no se toman las medidas necesarias.

“Aquí es donde la palma africana tiene un gran reto y una oportunidad de generar regulaciones ambientales que, de pronto ahora, son inexistentes. Si la siembra es inminente, que se haga de manera sustentable, no sólo desde lo ambiental, sino también desde lo social. Tenemos que considerar ambos componentes y dejar de diseñar políticas en función de un beneficio económico”, afirmó.

Este trabajo fue publicado originalmente en Mongabay Latam. Aquí puedes ver la publicación original

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