4 octubre, 2026
El desahucio de Mari Carmen, una mujer de 87 años que llevaba siete décadas viviendo en el mismo departamento en Madrid, pone en el centro de la discusión la crisis de acceso a la vivienda asequible en las ciudades. Bajo el neoliberalismo, la vivienda dejó a un lado su función social para convertirse en un activo financiero
Texto: Rogelio López
Foto: Cortesía de Diario Red
CIUDAD DE MÉXICO. – Una de las noticias que más impacto ha tenido en las últimas semanas es el caso de Mari Carmen Abascal, mujer de 87 años, habitante de la ciudad de Madrid, que el 23 de septiembre sufrió un desahucio. En cumplimiento de una orden judicial, la policía desalojó a la octogenaria del departamento en el que ha vivido durante 70 años de su vida.
Hace ocho años, los antiguos dueños del edificio, ubicado en el barrio del Retiro, convertido en uno de los más exclusivos de la ciudad, le habían ofrecido a Mari Carmen la venta del departamento por 290 mil euros, lo que equivale a aproximadamente 6 millones de pesos. Sin embargo, con una pensión de 1,300 euros, es muy difícil aprovechar ese tipo de gangas.
En 2018 el edificio pasó a manos de la empresa inmobiliaria Urbagestión, que algunos catalogan como un fondo de inversión buitre, mientras que la propia empresa se promociona como una compañía que compra inmuebles, los remodela y los vende. Fue precisamente esta última la que promovió el juicio para desalojar a Mari Carmen.
Antes de que se concretara el desahucio, la noticia, como se dice popularmente, corrió como reguero de pólvora. Y ante lo que muchas personas consideraron una injusticia, un sector de la comunidad de Madrid se congregó a las afueras del edificio, buscando con ello disuadir a las autoridades de llevar a cabo el desalojo.
No obstante, con todo y la concentración de personas, el desahucio se llevó a cabo. En el mismo momento el Sindicato de Inquilinas e Inquilinos de Madrid organizó una protesta masiva en apoyo de Mari Carmen. En el acto participaron miles de personas —300 mil dicen los organizadores y 25 mil las autoridades—. La protesta derivó en una acampada en la Puerta del Sol, en solidaridad con Mari Carmen y para exigir soluciones a la crisis de la vivienda. Las protestas se extendieron por toda España, en más de 35 ciudades, entre las que destacan Barcelona, Málaga y Sevilla.
Gracias a la presión social, Mari Carmen logró un acuerdo con Urbagestión para regresar a su hogar, por el cual pagará aproximadamente 500 euros mensuales, el equivalente a poco más de diez mil pesos mexicanos, lo que equivale al 30% de sus ingresos, los cuales provienen de su pensión.
Entre las demandas más importantes del movimiento por la vivienda que acampa en la Puerta del Sol se encuentran la rebaja de los alquileres, el fin de los desahucios, la expropiación de viviendas vacías, la limitación de las licencias turísticas —Airbnb—, la renovación automática de los contratos de alquiler, etcétera.
Por su parte, el Gobierno español respondió impulsando el «decreto Mari Carmen» con el que buscaba atenuar la crisis de vivienda. Los críticos al decreto consideran que las medidas que se han planteado en el decreto no responden a las exigencias de la protesta porque no van a la raíz del problema. Ione Belarra, secretaria general de Podemos, ha declarado que en el decreto «no hay ni una sola medida estructural«. Por su parte, Alicia del Río, del sindicato de inquilinas, cuestionó que el Gobierno haya dividido el decreto en dos, porque con esta acción las demandas, vistas como un todo, pierden fuerza.
Con todo y estas modificaciones, el viernes 2 de octubre los «decretos reales» no alcanzaron los votos necesarios para ser validados por el congreso, resultado que expuso la falta de voluntad de la clase política en España para abordar la crisis de vivienda, lo que generó aún más indignación en el movimiento a favor de la vivienda.
El caso de Mari Carmen ha dado la vuelta al mundo, al exponer la crisis de la vivienda en las ciudades de países del primer mundo.
Y aunque el tema no es nuevo —de hecho es Inglaterra donde nace el concepto de gentrificación—, existe una diferencia de lo que ha pasado históricamente en países como el nuestro, en Latinoamérica, donde el problema de la vivienda siempre ha estado presente desde el mismo origen y forma parte del desarrollo de nuestras ciudades, donde las clases populares siempre han sido orilladas a la periferia.
En el «primer mundo», estos problemas nunca se habían marcado tanto, al grado de que hoy se manifiestan en una crisis. Anteriormente, habían sido atenuados por un «Estado de bienestar».
El alto costo de la vida en la ciudad más cara de Estados Unidos fue el tema troncal de la campaña de Zohran Mamdani para la alcaldía de Nueva York. Un elemento fundamental en este posicionamiento fue el tema de la vivienda, en particular la imposibilidad que tienen los trabajadores más precarizados y los jóvenes para acceder a una vivienda; es decir, la falta de vivienda asequible.
Como parte de su campaña, Mamdani propuso, entre otras medidas, congelar las rentas de alquiler y el aumento de parque habitacional de viviendas asequibles a través de la construcción de 200 mil unidades.
Con el impulso de una agenda que prioriza la atención de los problemas que aquejan a los neoyorquinos más pobres, Mamdani, hijo de inmigrantes y miembro de los demócratas socialistas, se convirtió en el primer alcalde musulmán de la ciudad de Nueva York. Desde este cargo, el neoyorquino nacido en Uganda se ha convertido en una importante figura en el espectro del progresismo y la izquierda en Estados Unidos y en el mundo.
Por otro lado, el 23 de septiembre se dio a conocer que en Alemania, Elif Eralp, del partido de izquierda [Die Linke]{.underline}, identificado también como demócrata socialista, ganó las elecciones y es muy probable que se convierta en alcaldesa de Berlín. No olvidemos que en estos momentos Alemania está gobernada por la derecha a través de la Unión Demócrata Cristiana (CDU) y recientemente la ultraderecha Alternativa para Alemania AfD —calificado por algunos como un partido neonazi— ha obtenido importantes triunfos.
Bajo este contexto es que se inscribe el importante triunfo de Eralp, de 45 años, abogada de profesión, hija de sindicalistas turcos que se asilaron en Alemania a principios de la década de los ochenta y que se ha destacado por su trabajo en la defensa de los derechos humanos y de los inmigrantes.
Con el apoyo del voto de los jóvenes y por su forma de hacer campaña —puerta a puerta, uso de redes sociales y sus propuestas orientadas a luchar por la justicia social y los derechos de los habitantes de Berlín—, le han llamado la Mamdani de Berlín.
Y sí, al igual que el alcalde de Nueva York, Elif Eralp también tiene el tema de la vivienda como una de sus prioridades. Prometió combatir la especulación que se hace con las viviendas, el control de las rentas y la expropiación de más de 200 mil viviendas propiedad de fondos de inversión. «La ciudad es para nosotros, no para los especuladores».
Lo que hoy viven ciudades como Madrid, Nueva York, Berlín o París, por mencionar solo algunos casos, con relación al tema de la vivienda —falta de vivienda asequible, acaparamiento de la vivienda por los fondos de inversión, conversión de viviendas en residencias temporales —Airbnb—, etcétera—, son expresiones globales del capitalismo neoliberal de las últimas décadas, que naturalmente hoy también están presentes en la realidad de la ciudad latinoamericana.
Estas manifestaciones nos muestran cómo la ciudad —y con ello la vivienda— se ha convertido en un refugio del capital. Los grandes excedentes adquieren la forma de «fondos de inversión» y optan por lo que se ha denominado la «solución espacial»; esto es, invierten grandes recursos en la compra y construcción de viviendas —aunque no exclusivamente: oficinas, tierra, parques industriales, centros comerciales— en las ciudades.
Y aunque algunos podrían pensar que esto favorece la oferta de vivienda en las ciudades, en realidad pasa lo contrario. El valor de uso de la vivienda —que es para que esta sea habitada— pasa a un segundo plano al convertirse en un activo financiero que sirve para especular.
Esta es la razón por la que en nuestras ciudades vemos edificios —nuevos o remodelados— con departamentos vacíos que se mantienen en renta por años porque no hay quien los pueda pagar. A los fondos de inversión no les importa que las viviendas no cumplan con su función social porque su inversión está segura en la edificación.
Este es uno de los argumentos que los movimientos a favor de la vivienda asequible en todo el mundo piden: mayores regulaciones y, en algunos casos, la expropiación de las viviendas que son propiedad de los fondos de inversión, con el objetivo de que estas cumplan con su función: el ser habitadas.
Y no como pasa hoy en día: mientras hay personas durmiendo en la calle, trasladándose en recorridos de tres horas para llegar del trabajo a su casa o bien son desahuciadas como Mari Carmen, hay viviendas vacías.
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