Las heridas del gas

14 septiembre, 2026

A seis meses del incendio en el pozo gasero Krem-1, en Las Choapas, Veracruz, la vida de decenas de comunidades sigue marcada por el humo, las enfermedades y la incertidumbre. Mientras Pemex declaró el siniestro “bajo control” y minimizó los riesgos, los habitantes denuncian daños irreversibles en su salud, sus cosechas, sus animales y sus ríos. Más de 5 mil 600 personas han sido censadas como afectadas directas, pero la dimensión real del daño —ambiental, sanitario y social— sigue sin respuestas oficiales

Texto y edición: Maxi Goldschmidt y Paula Mónaco Felipe

Registro audiovisual: Miguel Tovar

Edición audiovisual: Armando de la Cruz 

LAS CHOAPAS. VERACRUZ. – Un olor que, al respirarlo, era “amargo en la garganta, quedaba uno como ronco”, dice Mariano Gómez Pérez y Cris Cabañas completa: “la resequedad en la garganta, dolor en la garganta…era como si por dentro se pelara”. 

“Un ardor como a chile, una irritación en los ojos y a veces un poquito como olor a huevo podrido, a aceite quemado”, describe Marcos Palma Torres. Y Reyna Torres: “en esos días que el humo corría, yo sentía como una bola de chile en mi nariz. La garganta no se aguantaba, ¡un ardor por todo el cuerpo! Y todos nos enfermábamos de calentura, gripa y tos”. 

En la escuela “se movían las ventanas”, recuerda Clemente Pardo, de 14 años. “Eran las ventanas que estaban vibrando, como un tipo de temblor (…) y las maestras no querían dar clases ya por el olor que dicen que les llegaba”. Su padre, con el mismo nombre y apellido, dice que “los niños fueron los más afectados. Sus pulmones de ellos no están tan desarrollados como los de uno, ellos tenían dolor de garganta, gripe, diarrea, vómito, se sentían muy mal”. 

Los días de humo que mencionan fueron aquellos que transcurrieron a partir del 5 de marzo —y hasta el 2 de agosto—en una extensa zona rural del municipio Las Choapas, Veracruz.

 Cuando estalló el pozo exploratorio de gas Krem-1, propiedad de Petróleos Mexicanos (Pemex), “se escuchó que tronaba algo. Tronó como cinco o seis veces”, recuerda Guadalupe Pérez Gómez y Marcos Palma Torres apunta: “un estruendo muy fuerte. De buenas a primeras toda esta parte se empezó a ver claritita, donde la alumbrada salió. El cerro, volteabas a mirar el cerro y se veía todo: se pareció como cuando está la luna llena, claritito todo”. 

Tanto era el fuego que “ya no se oscurecía, todo estaba clarito. Como que había luna pero no había luna. –sigue Guadalupe– Ya no se oscurecía. Así estuvo. Tardó meses así”. 

El pozo estuvo quemándose por 150 días. Una situación que Pemex calificó como “accidente” y que siempre dijo estaba “bajo control”. Fueron casi cinco meses durante los cuales el pozo lanzó llamaradas, vapores y gases. Al menos 45 comunidades reportaron afectaciones pero aún es indeterminado el número de personas expuestas a emisiones de las cuales todavía no existe información oficial, pero basta con recorrer la zona alrededor del pozo  para encontrar la destrucción. En comunidades como Las Cruces, Constitución Mexicana, La Guadalupe, Ignacio López Rayón y Nacimiento la muerte está a la vista: vacas muertas, el cuero adherido a los huesos; secas como kilómetros de pasto y árboles ya negros. La imagen aérea estremece: una mancha amarilla ocupa gran parte de un cerro gigante. Un cerro que fue verde, tupido de naturaleza, y se fue secando, muriendo como si hubiera ocurrido un incendio. El fuego—llamaradas de más de 50 metros— del pozo fuera de control iluminaba la noche de los ejidos cercanos. 

Lo que mató el Krem-1 

En algunos lugares la tierra reverdece pero los frutos quedaron arruinados. Los hay secos, quemados, podridos.

Los habitantes dicen que el fuego del Krem-1 no fue lo peor sino el humo, lo que llaman “la peste”, cuando nubes blanquecinas bajaban a los poblados. Era peor aún cuando llovía. Esas nubes contaminantes, que en lugar de desarmarse en el cielo se esparcían por casas y campos. 

Todos coinciden en que del cielo caían sustancias que identifican como “aceite”, que quedaba flotando sobre el agua, y “sal”, que aniquilaba las cosechas.

“Empezó a caer la sal, el aceite, y empezó a afectar. –dice Marcos Palma Torres– A matar los sembradíos, lo que es el maíz, lo que es la siembra, las flores de mi mamá. Se empezaron a morir las gallinas, los animales pequeños. Las vacas empezaron a flaquear porque lo que comen es pasto (…)| Todo empezó a sufrir”.

El recuento de daños es grande: en cada casa hay pérdidas. 

Reyna Torres Sánchez cuenta que tenía entre 80 y 100 gallinas pero sólo le quedaron 15, las demás murieron igual que algunos borregos y una marranita. A Edgar Ulises González se le murieron 27 vacas: “¿de qué? Se desconoce. Nomás las encontraba ya muertas o ya agonizando para morir, ya echadas, ya no se paraban”. Igual ocurrió con las mojarras que criaba la familia de Laura Lorena, “de repente un día amanecieron todas en el agua hacia arriba porque pues se murieron, no aguantaron el aceite y la sal que les caía día y noche. Todo se acabó pues”.

Mariano Gómez Pérez avanza con pasos lentos entre las plantas que ha cultivado por años. En chol, su lengua originaria, dice “así como el plátano, no me siento contento porque no va a haber cosecha”. Su esposa y él lo perdieron todo: una pequeña milpa, plátanos, papayas y las 350 matas de piña que ya no maduraron o se ven quemadas. También el chile que en general es su principal ingreso: “ahí es donde siempre sacamos billete, el kilo está 480 el kilo. Ahí no pudimos cosechar nada, ¿cuántos kilos sacamos? Dos kilitos.” 

Y el agua se contaminó también. “Dejábamos los baldes de agua ahí afuera y amanecían con aceite por encima. El río bajaba aceite, podría decir. Entonces ¿cómo decían que no está contaminada si lo estamos viendo?”, dice Marcos Palma Torres. De este río —río Playas— dependen unas 30 comunidades, sólo de este municipio y zona cercana, explican los habitantes. Y eso significa alrededor de ocho mil personas. 

Promesas de Pemex, incertidumbre del futuro

Desde el primero y hasta el último de los 150 días que duró el incendio, Pemex minimizó la situación. En un boletín publicado a tres meses del inicio del hecho, la empresa dijo haber analizado la calidad del aire y encontrar que “las concentraciones de contaminantes atmosféricos no superan los límites permisibles establecidos en la normatividad vigente, por lo que, al momento, no se identifican riesgos ni afectaciones a la salud de la población”. 

En contraste, un reporte de la organización CartoCrítica con datos recabados entre marzo y julio, es decir aún antes de que el incendio en el Krem-1 fuera controlado, indicó que “el siniestro ha quemado unos 252 millones de m³ de gas —alrededor de 500 mil toneladas de CO₂—”, lo cual implica liberar “ aproximadamente 500 mil toneladas de dióxido de carbono (CO₂). Sumado el efecto del metano que escapó sin quemarse (…) comparable a las emisiones anuales de unos 135 mil automóviles.”

Aún sin ofrecer datos oficiales de emisiones, la paraestatal petrolera mexicana reconoció públicamente su responsabilidad y prometió enviar ayuda a la zona. Después prometió resarcir daños. Pero nada de eso se ha cumplido a cabalidad, dicen los habitantes. 

En diferentes comunidades cuentan que llegaron misiones médicas mal equipadas. “Casi no contaban con el medicamento que uno necesitaba (…) En una ocasión no trajeron medicamento, no traían nada, solamente nos daban las recetas y había que surtirlas. La siguiente ocasión que vinieron ya parece que vinieron un poquito más preparadas, con medicamento”, dice Laura Lorena y Natividad Zapata precisa que “nomás traían paracetamol y naproxeno y estudios ahí que nunca te dieron el resultado. Sí, a algunos le estuvieron haciendo análisis de sangre al último pero hasta ahorita no se ha sabido”.

De la reparación económica de los daños tampoco hay noticias, todavía no han recibido los apoyos prometidos por Pemex. 

Juan Diego Ayala es quizás la autoridad local que más conoce de la situación y la que más cerca ha estado de las personas afectadas. Es director de gobernación del municipio de Las Choapas. Ahora se enfoca en cuantificar: recorre la zona para determinar quiénes, cuántos, y en qué medida son afectados.  

“Directamente de los que se han censado, casa por casa, son 5,600. Ya se les visitó y estamos recabando su documentación. Eso quiere decir que son los directos afectados, que tienen pastizales quemados, que su agua no sirve, etcétera etcétera”, dice antes de pasar a otro aspecto que claramente está fuera de su alcance pero le preocupa: “La afectación en aire, porque corre el aire, es muchísimo más. Tenemos comunidades a una hora del pozo y están afectadas por el aire. (Son) como treinta y tantas mil personas en los alrededores”.

El 3 de agosto, Pemex declaró completamente concluido el siniestro. Sin embargo, basta con recorrer el lugar para constatar que un mes más tarde las declaraciones no resultan sólidas, que la tranquilidad no se puede decretar. Cerros quemados, animales muertos, cosechas perdidas y un ecosistema completamente afectado. También resfríos y gripes que parecen eternos, que no se quitan, más la preocupación por el futuro. 

“Ahora ya no se siente, ya no se sienten los olores pero sí mucha gente está enferma por eso. Porque han respirado tantos gases que echó. No sabemos la dimensión de esto pero pues hizo mucho daño”, dice Angélica Cabañas Hernández. Y Clemente Pardo: “esto va a dejar secuelas y necesitamos de médicos aquí en la zona. Un médico de planta, medicina para aquí para la comunidad, porque no sabemos qué nos trajo el pozo, qué tipo de materiales nos dejó en los pulmones, enfermedades”. 

A 6 meses del inicio del accidente, el tema no parece estar del todo solucionado. Hay daños como también incertidumbre que preocupa. 

¿Cómo se afectará, a largo plazo, la salud de las personas expuestas por 5 meses a sustancias no identificadas aún? 

¿Qué secuelas tendrán estas cerca de 30 mil personas que respiraron lo que lanzaba el Krem-1? ¿Seguirán sin dar frutos los árboles en la próxima temporada? ¿Cuándo será seguro consumir nuevamente las cosechas, el agua, la carne, la leche? ¿Qué riesgos implica consumirlas ahora? ¿Qué medidas de remediación se pueden tomar ante una situación sanitaria tan grave?

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