Mamdani, naturalmente, no utiliza dicho acento al hablar, él no termina sus frases en ah. Por eso digo, no toda la riqueza económica depende de terminar las frases en ah, hay otras maneras más astutas de pasar desapercibido, aunque se haya nacido en cuna de oro
Por Évolet Aceves / X: @EvoletAceves
La gente pretenciosa —sobre todo entre generaciones jóvenes que radican en Nueva York— tiende a usar al hablar un acento exagerado, chocantoso, para hacer notar que en sus cuentas bancarias hay un número seguido de muchos ceros, o al menos eso es lo que buscan dar a entender al hacer mover sus cuerdas bucales hacia el final de sus frases, y abriendo la boca grande, grande, para que no quede la menor duda de que, dólares, los hay de sobra en su Apple pay.
He notado que aquí no sólo se habla cantadito, sino que, además, se usa mucho la ah al finalizar las frases, es decir, suelen terminar las frases con una ruidosa y escabechada ah, sea cual sea la última vocal o consonante final, sea cual sea la desafortunada palabra a la que le tocó estar al final de la frase en turno.
La ah, al menos en la actualidad y en Nueva York, es muestra de un enorme poder adquisitivo. Esto último, comúnmente entrecomillado.
Esa ah hacia el final de las frases, suele ser empleada en gran medida por quienes gustan de usar en su vestimenta colores neutros: blanco, beige o negro —un 90% de los jóvenes en el sur de Manhattan, misma gente que suele predicar ser única y diferente—, y quienes quizás antes de ir a dormir, pienso, han de experimentar cierto dolor en la mandíbula, luego de haber abierto tan esmeradamente la boca a lo largo del día.
—Oh hiah!
—Oh hiah!
—How are yah?
—Oh, I’m very goodah.
—Oh, I’m so gladah.
—Yeahah.
—Let’s grab a coffeeah.
—Sureah.
—Oh my godah. Look who’s thereah.
—Oah, that’s Jimmyah.
—Oh yah.
—Oah, he’s so handsomeah.
—Yah, but he’s with his new girlfriendah.
—Oh howah!
—I knowah.
—Let’s just pretend we didn’t see himah.
—Yah, let’s go grab our coffeeah.
—Yah. Let’s goah.
—I think I’ll get a matchaah.
—Me tooah.
Esto no es algo nuevo. A lo largo de los años ha habido identificadores sonoros y vocales para recalcar la clase sin tener que mostrar los billetes, un ejemplo: durante la primera mitad del siglo XX, en Nueva York se estilaba el imitar el acento británico como símbolo de refinamiento y alto estatus económico.
Estas adecuaciones sonoras vocales suelen gestarse en países capitalistas —no es algo que suceda exclusivamente en Nueva York— y supongo que la razón de que se escuche la actual ah a todo momento, por ejemplo, en Greenwich Villagey SoHo, ambas zonas al sur de Manhattan, es por la enorme cantidad de dinero acumulado en los bolsillos de los padres o abuelos —a lo largo de los años—, de quienes merodean dichas zonas donde hoy en día abundan boutiques, cafeterías, pizzerías y restaurantitos donde una sentada cuesta, obviamente, no menos que un salario mínimo por hora en Nueva York ($17 dólares desde el 2026), y por supuesto, como parte del deseo de pertenencia, en este caso, a las clases altas.
A todo esto, el nuevo alcalde, Zohran Mamdani, dice que no está interesado en asistir a la MET Gala, porque va a estar muy ocupado tratando de hacer la ciudad de Nueva York más asequible en costos para sus habitantes.
Me surge, no obstante, la duda de si durante la MET Gala no irá a grabar videos de él caminando por las calles mientras la gente lo abraza y se toma fotos con él, para hacerle ver al mundo que él es un alcalde muy comunitario; o bien, más videos de él jugando a hablar español, para que sus seguidores le comenten, condescendientemente, que él es muy bueno porque es inclusivo y porque hace el intento por hablar español —no creo que se tome la molestia de tomar clases de español, ni aunque éste sea el segundo idioma más hablado de Nueva York con cerca de 2 millones de hablantes en la ciudad, así como el segundo idioma más hablado de los Estados Unidos, con cerca de 45 millones de hispanohablantes.
Mamdani, naturalmente, no utiliza dicho acento al hablar, él no termina sus frases en ah. Por eso digo, no toda la riqueza económica depende de terminar las frases en ah, hay otras maneras más astutas de pasar desapercibido, aunque se haya nacido en cuna de oro. Es muy fácil para alguien que desde siempre ha sido rico decir que va a ayudar a los pobres. Ya se irán viendo los resultados.
X: @EvoletAceves
Instagram: @evoletaceves
everaceves5@gmail.com
Évolet Aceves es cuentista, novelista, poetisa, cronista y ensayista. Autora de la novela Tapizado corazón de orquídeas negras (Tusquets, 2023), forma parte de la antología Monstrua (UNAM, 2022). Periodista cultural, fotógrafa con dos exposiciones individuales. Escribe su columna en Pie de Página. Ha vivido y estudiado en Toluca (México), Varsovia (Polonia), Albuquerque (Nuevo México, EEUU) y Nueva York, donde actualmente reside con la beca GSAS otorgada por la Universidad de Nueva York, donde también da clases. Colaboradora en revistas y semanarios: Dominga (Milenio), El Cultural (La Razón), Nexos, Replicante, Este País, entre otros. Su obra ha sido presentada en ferias del libro y universidades de México, Estados Unidos, Polonia y Alemania.
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