A propósito de los cien años del natalicio de la fotógrafa estadounidense Vivian Maier (1926–2009). Con su cámara y su empleo de niñera, estaba completamente equipada, lista para salir a capturar momentos de la cotidianidad estadounidense, en Nueva York y Chicago
Por Évolet Aceves / X: @EvoletAceves
Tuve la oportunidad de ver la última exposición de Vivian Maier en Nueva York, Vivian Maier: Unseen Work, en septiembre de 2024 en el museo Fotografiska, días antes de su clausura permanente. El museo entero, de cuatro (¿o cinco?) pisos, decidió dedicar su última ronda de tres exposiciones solamente a la fotografía callejera en distintas épocas.
La experiencia fue sumamente gratificante: dos pisos enteros dedicados a Vivian Maier. En esa ocasión, en el último piso había una exposición dedicada a la obra de Jean-Andre Antoine, un fotógrafo que, curiosamente, dos años atrás pidió tomarme una fotografía en alguna calle de Manhattan.
La primera idea que tuve fue titular esta columna con el adjetivo de “discreta”, pero veo y vuelvo a ver las fotografías de Vivian Maier, y más bien me parece lo contrario, a decir de las reacciones de muchos de sus retratados, en particular de las expresiones de las mujeres, disgusto, sorpresa, un asalto a la privacidad, una defensa contra la desconocida que, sin pedirles permiso, los retrata. Pero en muchos otros casos los modelos aparecen sonriendo, con poses más bien actuadas y también autorizadas. Con muchos de sus retratados Vivian mantuvo un diálogo previo al retrato, mas no con todos.
¿Cuánta discreción debe de haber o, por el contrario, dejar de haber, al tomar un retrato no autorizado en la vía pública? ¿Pedir o no permiso para retratar a la gente? ¿Optar por la discreción, o bien, por el cinismo? Ciertamente no tengo una respuesta que pueda generalizarse. Creo que la respuesta radica en la particularidad de las circunstancias.
Veo los retratos de Vivian Maier y siempre está presente mi fascinación hacia su fotografía, quizá por los sujetos que se convertían en el objeto de su fotografía, sobre todo aquellos de mujeres en la vía pública.
De madre francesa y nacida en Nueva York —hace exactamente cien años, el 1 de febrero de 1926—, Vivian Maier fue una fotógrafa misteriosa, en secreto, pues la mayor parte de su vida dedicó su tiempo a ser niñera, principalmente en Nueva York y en Chicago. Trabajar de niñera le permitía tener contacto con la calle y sus habitantes, con las sorpresas que la calle ofrece, y Vivian Maier, con su cámara Rolleiflex, capturó esos pasajes que hoy son parte de la Historia.
Sus primeras fotografías datan de 1951, la Rolleiflex permitía la discreción del fotógrafo, pues sólo se tenía que voltear hacia abajo para ver el visor, mientras el objetivo apuntaba hacia enfrente.
Maier, con su cámara y su empleo de niñera, estaba completamente equipada, lista para salir a capturar momentos de la cotidianidad estadounidense.
En sus fotografías hay belleza, juventud, niñez y ancianidad, dolor, fragilidad y decadencia. El humor a menudo estaba presente, en forma de ironía, de paradojas visuales. Sobre todo se dedicó a la fotografía en blanco y negro, aunque también hay muchos rollos suyos a color. Gustaba de retratar a gente en el centro de la ciudad, eran los habitantes de la ciudad el centro de su fotografía: calles y parques principalmente.
Siempre fue una mujer solitaria, vivía en el segundo piso de sus empleadores, era acumuladora, a manera de fórmula para capturar el tiempo: cartas, recibos, talones de pago, periódicos, sombreros, aretes, broches. Todo encapsulado en maletas antiguas. Decenas de velices.
Así fue como en el invierno de 2007 John Maloof compró en una subasta frente a su casa de Chicago las pertenencias de Vivian Maier, entonces una completa desconocida para el mundo. Adquirió la pila de maletas por 380 dólares, mientras realizaba una investigación de corte histórico y para la cual estaba en busca de material visual proveniente del siglo XX. Entre otras cosas, Maloof también encontró mucho de su equipaje repleto, atiborrado, de negativos sin revelar. Todos habían sido tomados por Vivian.
El joven, tras darse cuenta de la magnitud de artista frente a la que se encontraba, emprendió el proyecto de divulgar el legado de Vivian, buscó el apoyo de museos con el capital como para poder revelar miles de negativos. No lo logró. El MoMA lo rechazó junto a otros importantes museos. Maloof insistió en otros sitios y poco a poco fue dándose a conocer el trabajo de Vivian, hasta convertirse en la leyenda en que hoy se ha convertido.
Días antes de que Maloof emprendiera su proyecto con este archivo fotográfico, Maier murió, lo supo Maloof por el obituario que encontró en internet. Ella nunca hizo pública su fotografía, nunca la enseñó.
X: @EvoletAceves
Instagram: @evoletaceves
everaceves5@gmail.com
Évolet Aceves es cuentista, novelista, poetisa, cronista y ensayista. Autora de la novela Tapizado corazón de orquídeas negras (Tusquets, 2023), forma parte de la antología Monstrua (UNAM, 2022). Periodista cultural, fotógrafa con dos exposiciones individuales. Escribe su columna en Pie de Página. Ha vivido y estudiado en Toluca (México), Varsovia (Polonia), Albuquerque (Nuevo México, EEUU) y Nueva York, donde actualmente reside con la beca GSAS otorgada por la Universidad de Nueva York, donde también da clases. Colaboradora en revistas y semanarios: Dominga (Milenio), El Cultural (La Razón), Nexos, Replicante, Este País, entre otros. Su obra ha sido presentada en ferias del libro y universidades de México, Estados Unidos, Polonia y Alemania.
Ayúdanos a sostener un periodismo ético y responsable, que sirva para construir mejores sociedades. Patrocina una historia y forma parte de nuestra comunidad.
Dona