Cuando llega el otoño: el derecho a reivindicarse

24 enero, 2026

La llegada del otoño despierta los fantasmas del pasado para Michelle y Marie-Claude en el último filme de François Ozon. Cuando sus hijos regresan al hogar, rencores y secretos familiares salen a la luz, desafiando los límites del perdón y el legado de sus maternidades, mientras intentan proteger la inocencia del nieto que las observa todo

Texto: Andi Sarmiento

Foto: Tomada del trailer oficial

CIUDAD DE MÉXICO. – Cuando llega el otoño es un filme del director francés François Ozon que nos presenta la historia de Michelle, una mujer que habita en un pueblo remoto después de su jubilación; ahí vive tranquilamente acompañada de su mejor amiga, Marie-Claude, y a lo largo de la cinta ambas deben ir aprendiendo a transitar la vejez luego de todos los logros y arrepentimientos que han acumulado a lo largo de los años, reconectar y cuestionar los vínculos con sus familias, y repensar sus maternidades.

La película comienza cuando Michelle es visitada en vacaciones por su hija, Valerie, junto con Lucas, su nieto. La relación entre estas dos mujeres es compleja; vemos que existe cierto rencor por parte de la hija hacia su madre, mismo que esta intenta constantemente disipar, sin éxito.

Por otro lado, conocemos a Vincent, hijo de Marie-Claude, que acaba de ser liberado de la cárcel por un motivo que desconocemos y que ahora se hospeda en casa de su madre tratando de rehacer su vida.

La cinta juega con las temporalidades, de modo que el motor de la historia es el pasado que es arrastrado hasta el presente. Todo yace en un pasado que, como espectadores, no conocemos, pero es el que guía las interacciones, las tensiones y las conversaciones que sí presenciamos. Además, influye directamente en la crianza de Lucas, quien es el único que, al igual que nosotros, no fue partícipe de todo lo ocurrido antes de su nacimiento, por lo que su formación como persona, así como sus opiniones, se basan en las respuestas actuales y, por ende, su percepción de los hechos —que parte de la inocencia— es completamente distinta a la del resto.

Este factor suma dificultad a la situación, puesto que, al no saber lo que cada quien ha experimentado, nos da la facilidad de juzgar únicamente en torno a lo que se manifiesta en el presente. Así se logra que constantemente cambiemos nuestra perspectiva en torno a sus conductas, manteniendo siempre cierto misterio y curiosidad por saber exactamente cómo se han dado las cosas realmente, pues nada concluye de manera completamente clara.

Esto nos impide categorizar a los personajes únicamente como buenos o malos, sino que nos lleva a verlos desde una mirada compleja, entendiendo que, aún como adultos, siguen en un proceso de aprendizaje sobre cómo involucrarse entre ellos, consigo mismos, con sus vivencias y emociones.

Con esto, podemos profundizar en uno de los puntos que permean la trama: el derecho a reivindicarse.

Si bien lo que han vivido es lo que les lleva a estar donde están, son conscientes de que, a diferencia del pasado, el presente sí está en sus manos. Existen culpas que nunca se irán, pero existir solamente bajo el arrepentimiento no remediará nada. Nuevamente, Lucas juega un papel fundamental para el desarrollo de los adultos; funciona como un sostén y una motivación para que los personajes se superen a sí mismos y sigan avanzando. Con tal de preservar la ilusión del infante, que no decidió el contexto dentro del cual nacer, buscan reinventarse y resaltar lo mejor de sí para protegerlo; para ello necesitan avanzar como personas y tratar de evitar que sus pasados perjudiquen el crecimiento del niño.

Igualmente, nos adentramos en un extenso dilema sobre lo que conlleva el perdón. Por una parte, hay que pensar que perdonar no es sinónimo ni de olvidar ni de justificar, pero sí implica una nueva forma de relacionarnos con los hechos que nos lastimaron; es un acto meramente personal que se concede más por un bienestar propio que por la otra persona y, por lo tanto, los parámetros bajo los cuales algo se vuelve perdonable o no son por completo individuales y no se pueden generalizar, puesto que la manera en que influye una acción sobre el otro varía dependiendo de cada persona. Es necesario aprender a perdonar para no desarrollarnos sobre el rencor; sin embargo, también tenemos la libertad de decidir no hacerlo.

Asimismo, estas cuestiones se relacionan directamente con el tema de la maternidad, demostrando lo complejo que esto puede llegar a ser.

Michelle y Marie-Claude son mujeres que durante toda su vida fueron estigmatizadas y socialmente castigadas; dentro de ese contexto es que criaron a sus hijos. No solo no hay una forma debida para maternar, sino que además esto se torna más complicado cuando existe todo un sistema en contra, donde se intenta englobar un estándar de maternidad hegemónica y se rechaza toda crianza que salga de este molde. Esto no exime que una madre nos pueda lastimar gravemente y, reitero, nadie está en la obligación de perdonar, pero sí es importante aceptar y cuestionar el punitivismo con el que históricamente se ha visto la crianza femenina.

El par de amigas asume su posición con resiliencia, mas esto no las prepara para lidiar con las reacciones de sus hijos. Aunque Michelle puede canalizar sus emociones frente al repudio social, le afecta distinto cuando este viene de parte de su propia hija o incluso su nieto.

A su vez, se ubican en un momento en el que deben asumir la responsabilidad de sus decisiones, al igual que discernir hasta qué punto pueden hacerse cargo de las decisiones de sus hijos. Tanto Vincent como Valerie son personas adultas capaces de hacer sus propias vidas más allá de lo que vivieron en la niñez. No podemos negar que nuestros años de infancia son cruciales para ser el tipo de persona en el que nos convertimos, pero conforme crecemos vamos acumulando herramientas para forjar nuestro propio camino, y es injusto adjudicar todo el peso de nuestra vida a las personas con las que crecimos.

Cuando llega el otoño plantea todos estos asuntos desde las distintas perspectivas de la infancia, la adultez y la vejez. Es un viaje que explora las complejidades de las relaciones humanas, su dinamismo a lo largo de la vida. También nos hace reflexionar sobre el peso que el pasado tiene sobre nosotros, cuestionando cómo todas nuestras experiencias y decisiones forman parte de nuestro legado y construyen nuestro camino hacia la muerte.

Esta película está disponible en la Cineteca Nacional.

Andi Sarmiento

Me gusta escribir lo que pienso y siempre busco formas de cambiar el mundo; siempre analizo y observo mi entorno y no puedo estar en un lugar por mucho tiempo