Nace el Parque del Jaguar 

26 abril, 2023

El Parque Nacional Tulum cumplió el pasado 23 de abril 42 años de ser decretado. Qué mejor forma de celebrar su aniversario que con un Programa de Manejo. Y es que la especulación de tierras y la corrupción reinante en Quintana Roo, en los hechos privaron durante todo este tiempo al área natural protegida del instrumento fundamental para lograr a cabalidad su misión de conservación

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Cuando se decretó el Parque Nacional Tulum solamente una parte de sus 664 hectáreas era propiedad de la nación, mientras que el resto estaba en otras manos. De ahí que nació como un parque expropiatorio y enfrentó, desde sus inicios, especulación y una disputa por la tierra. La zona costera de Tulum era un paraíso explotable y ocurriría de todo en las décadas posteriores gracias al gobernante en turno. Ni su decreto en 1981, ni una Controversia Constitucional en 2008 y la sentencia en 2011 que decreta y confirma que la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP), creada en 2000, es el único propietario y legítimo poseedor, impidieron la venta constante de tierras, siendo algunas vendidas múltiples veces. Para tener una idea del nivel de corrupción que ha reinado en Quintana Roo, y particularmente en el hoy municipio de Tulum, no solo existen propiedades privadas dentro del parque, cosa que es ilegal, sino que algunos terrenos tienen 2, 3 y hasta 4 títulos de propiedad. 

Cuatro décadas después de su creación y en el marco del Proyecto Tren Maya, no solo se logra terminar de realizar y publicar un Programa de Manejo del Parque Nacional de Tulum, sino que éste viene acompañado de otro, el del Área de Protección de Flora y Fauna Jaguar, con lo que se incrementa el área protegida en 2,249 hectáreas, de las cuales 282 se conectan con el Parque Nacional Tulum (como referencia para quienes conocen la zona, este segundo polígono se encuentra del otro lado de la carretera y frente a la zona arqueológica). Estas dos áreas adyacentes, así como la Zona Arqueológica de Tulum, forman parte del recientemente creado Parque del Jaguar.

Ahora bien, debo admitir que me resultó confuso todo esto, pues en este sitio protegido convergen la zona arqueológica y varias áreas naturales protegidas, cada una con distintos polígonos, atribuciones institucionales y responsabilidades. Espero que este texto aclare un poco lo que hoy, en el marco del Proyecto Parque del Jaguar, está ahí ocurriendo.

Para entender mejor la historia de estas áreas protegidas y poner en contexto el Proyecto Parque del Jaguar, me ayudó hablar con Yadira Gómez Hernández, directora general de operación regional de la CONANP. Ella propone ver al Parque del Jaguar como un concepto. Esto hace sentido pues ni se trata de un polígono específico ni es necesariamente la suma del área que recién se integra y las áreas protegidas existentes. Esto, aunque, para efectos de la experiencia del visitante, sí tiene el proyecto un fin integrador.

La fragmentación de los ecosistemas entre el Parque Nacional Tulum y la Reserva de la Biosfera de Sian Ka’an se hizo aún más patente frente al Proyecto Tren Maya, y la propuesta del Parque del Jaguar surgió como medida de mitigación por su construcción y para compensar de alguna forma la deforestación que implica la construcción del nuevo aeropuerto que la SEDENA construye en Tulum, a unos kilómetros al suroeste de la ciudad. Pero también obedece a una determinación del gobierno federal de privilegiar el conocimiento, goce y disfrute público de lo que es de todos, como la misma zona arqueológica, las áreas naturales y sobre todo las playas, ya que precisamente han sido éstas las más sujetas a la apropiación ilegal para la construcción de hoteles y restaurantes sobre todo para el turismo extranjero o, al menos, para el muy pudiente.

En cuanto a la Zona Arqueológica de Tulum, además de ser una de las más visitadas del país (si no es que la más visitada), se espera que incremente aún más el número de visitantes con la llegada del Tren Maya y el aeropuerto, por lo que algo había que hacer para mejorar los servicios brindados así como la experiencia de los visitantes, y que este auge no fuese en detrimento de la conservación de los ecosistemas y del sitio arqueológico, que a su vez es beneficiado por el Programa de Mejoramiento de Zonas Arqueológicas (PROMEZA).

Es ahí que entró la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (SEDATU), a través del Programa de Mejoramiento Urbano (PMU), a realizar el proyecto. Bueno, el proyecto inicial y sus constantes revisiones, pues, a diferencia de la mayoría de las casi mil obras públicas del PMU en el país, en el Parque del Jaguar existe un entramado institucional complejo. Ahí convergen el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), la CONANP y la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA), misma que donó los terrenos alrededor de un pequeño aeropuerto militar. También está presente la Guardia Nacional, haciendo tareas de seguridad de los visitantes y, en estos días, de las obras del Parque del Jaguar. 

Cada institución tiene objetivos distintos y se rige por distintas leyes, de manera que llegar a los consensos que requiere tan ambicioso proyecto no siempre es fácil. Por poner un ejemplo, una de las obras más ambiciosas, para la cual aún se discuten propuestas, es precisamente el puente que habrá de conectar las dos áreas naturales protegidas, cruzando la cada vez más transitada carretera Playa del Carmen-Tulum.

Imagen: Sedatu

Yadira Gómez tiene sus reservas de las propuestas elaboradas hasta ahora por la SEDATU, pues es difícil o tal vez imposible (no existen precedentes, explica), lograr la función múltiple buscada: cruce peatonal, vehicular (se propone un transporte eléctrico) así como facilitar el paso de fauna.

Mientras tanto la SEDATU, los arquitectos y las compañías constructoras tienen otros desafíos. Algunos parecerían mundanos, pero no lo son y de hecho resultan fascinantes. Tal es el caso de la creación de veredas de acceso a vestigios de la zona arqueológica hasta ahora reservados a investigadores del INAH. «Esta será la joya de la corona del Parque del Jaguar», comentó en su recorrido de supervisión el secretario Román Meyer Falcón de la SEDATU este sábado pasado, horas antes de que se integrara a la visita del presidente López Obrador (tan comentada por tener que interrumpirla en Mérida al dar positivo a COVID).

Y es que no solo hay múltiples vestigios por restaurar y proteger, sino que el suelo está conformado por una roca durísima. Esta parte del proyecto contempla la creación de ‘ventanas’ para el disfrute de la vista al mar, y para lograrlas habrá de cortarse la roca sin fracturar la formación rocosa o poner en riesgo vestigios arqueológicos cercanos. Jorge Sánchez, residente de la obra y la arquitecta Sofía Pavon, del Colectivo C733, me llevaron por la que sería la vereda y me mostraron el desafío de la creación de las ventanas. Estando descartada cualquier maquinaria pesada, la discusión está entre hacerlo completamente a mano o con máquinas pequeñas. Pero las pruebas a mano no fueron muy exitosas, debido a la dureza misma de la roca, así que ahora contemplan la segunda opción. Pero aquí, como en todo lo demás, el INAH tiene que dar el visto bueno de lo que se haga. 

Coincido con el equipo que lleva el proyecto: una vez logrado será una adición maravillosa para el disfrute de la zona arqueológica, tan necesitada de espacios tranquilos para la simple contemplación. Esto pues, estando algo alejados, seguramente no todos los visitantes caminarán, por ejemplo, al Templo Nauyacas o al Templo Cresterías, al norte del sitio principal.

***

Llegó el día de la visita de supervisión del proyecto por parte del secretario Meyer y su equipo. Era la mañana del sábado, y el grupo ahí reunido era cada vez más numeroso: arquitectos, ingenieros de las dos compañías constructoras (ambas chiapanecas), supervisores, el director de la zona arqueológica, y los miembros de la Guardia Nacional haciendo lo suyo. Alrededor, el fluir de los turistas, y en los sitios donde se construyen módulos de servicio para accesos a la playa, así como el espectacular ingreso sur al parque, docenas de trabajadores. Todos bajo el intenso sol del mediodía.

Tal vez el momento más interesante de la mañana fue presenciar un acto de recuperación de la playa pública. Y es que uno de los hoteles ilegales, el Hotel Mezzanine, al paso del tiempo se había ‘ensanchado’ para ocupar el acceso público a la playa. Debajo de un pequeño letrero que decía ‘Welcome’ —ciertamente dirigido a sus clientes, no al público en general— posaban firmes miembros de la Guardia Nacional. Mientras tanto, el equipo de la SEDATU y toda la comitiva discutían avances y, como en todo momento, fechas compromiso de cada una de las partes. 

El ritmo de trabajo es impresionante y los avances son perceptibles de un día al otro. En fin, para darse una mejor idea de lo que será el Parque del Jaguar no deje de asomarse al sitio de la SEDATU. Y para los clavados ahí están los Programas de Manejo propuestos por la CONANP, mismos que se encuentran en periodo de consulta. Sobre ellos, Yadira Gómez no tiene duda. Dado el asedio de la mancha urbana de Tulum mediante desarrollos privados, y los conflictos existentes de tenencia de la tierra, sostiene que el del Parque Nacional de Tulum será el Programa de Manejo con más amparos en la historia de México. Mientras que ya veremos (o constataremos) para quiénes trabaja el Poder Judicial, felicidades a todos los involucrados y larga vida al Parque del Jaguar.

Profesor de ecología política en University College London. Estudia la producción de la (in)justicia ambiental en América Latina. Cofundador y director de Albora: Geografía de la Esperanza en México.