La importancia del vocabulario para impulsar el aprendizaje

8 noviembre, 2022

El vocabulario es un indicador fantástico del desempeño académico de niñas y niños, su desarrollo en la primera infancia es fundamental para asegurar el aprendizaje durante el resto de la vida. Al relacionarse de manera muy cercana con la comprensión y la fluidez lectoras, incide de manera importante en el éxito académico de las personas

Por Valentina Uribe Zaraín* / Tw: @FundacionRojo / MUxED

Cuando mi hijo tenía seis meses de edad participó en un estudio en un laboratorio universitario para medir los efectos del lenguaje oral en bebés que aún no hablaban. Al leer algunos de los hallazgos de esos estudios, quedé maravillada con la importancia del vocabulario desde las etapas más tempranas de la vida y sus efectos para predecir el desempeño escolar de niñas y niños. Con el paso del tiempo, he podido constatar el impacto positivo que tienen las condiciones de crianza e intervenciones escolares en el desarrollo lingüístico de las personas. Han pasado 17 años desde entonces y parte central de mi interés profesional ha sido lograr que –sin importar su origen familiar– otras niñas y niños gocen de las mismas oportunidades que tuvo mi hijo. 

Muchos estudios han comprobado que la disparidad social se hace presente también en la manera que tienen las personas adultas de dirigirse a la infancia, ya que, a mayor escolaridad de familiares y docentes, más amplio es el vocabulario de niñas y niños. Las personas de estratos sociales altos han escuchado en promedio 30 millones más de palabras solo en los primeros cuatro años de vida, que aquellas que crecen en hogares en situación de pobreza. Esto tiene implicaciones catastróficas para el futuro desempeño escolar de niñas y niños que se encuentran en condiciones de vulnerabilidad social. 

Por mucho tiempo, se pensó que para mejorar el vocabulario era suficiente con hablar a las niñas y niños preescolares, ahora se sabe que no lo es. Decir a las personas cuidadoras que hablen más ha servido poco, pues a veces las y los adultos no saben de qué o cómo hablar con niñas y niños. Es importante orientar a las personas adultas para que tengan más y mejores conversaciones con la infancia, por ejemplo, al responder a las preguntas que realizan los menores. La brecha que enfrentamos entre hogares con recursos y hogares en situación de marginación no solo es una brecha de vocabulario, es principalmente una brecha cultural. 

Las conversaciones que se tienen, por ejemplo, a la hora de la comida en hogares más vulnerables difieren mucho de aquellas que se desarrollan en hogares con mayor estabilidad económica. Estas conversaciones son oportunidades ideales para el desarrollo del lenguaje, pues aprendemos a esperar el turno de habla, a socializar reglas y creencias culturales, a elegir temas apropiados en el contexto social, entre otras habilidades. Además, cuando son de calidad, estas conversaciones familiares exponen a las y los niños a discursos extendidos, a distintos tiempos verbales y al vocabulario necesario para comprender textos, habilidades especialmente importantes a partir de tercer grado de primaria.

Para cerrar esta brecha cultural es preciso iniciar desde que la persona llega al mundo. Quienes acompañan al bebé deben interpretar los balbuceos, dar turnos de habla, complementar, hacer contacto visual y poner atención a sus gestos y expresiones faciales. Es fundamental que se involucren con lo que bebés y preescolares tratan de expresar y comunicar. Desde que el infante empieza a hacer ruidos, la familia debe responder, interpretar, reformular y retroalimentar para ayudar a estimular verdaderas conversaciones. 

En las familias en las que se validan los intentos de comunicación de las y los bebés, las niñas y niños adquieren antes la lengua. Se recomienda mucho leer en voz alta, decir rimas, hacer juegos de regazo y cantar para familiarizar a los bebés con el lenguaje desde mucho antes de que puedan producirlo. Dice Yolanda Reyes que las y los bebés “leen con las orejas”, es decir, pueden extraer significado de las palabras con las que los acompañamos cuando jugamos, los bañamos, arrullamos y leemos. 

Es labor de las guarderías y estancias infantiles brindar muchas oportunidades de interacción oral, cálida y amorosa, que den lugar al desarrollo del lenguaje de calidad en la primera infancia para así contribuir a igualar las condiciones a las que todas y todos están expuestos. 

El desarrollo del vocabulario en los años escolares es un proceso fascinante. Se sabe que niñas y niños adquieren entre 2000 y 3000 palabras por ciclo escolar. Es cierto que hay mucha variabilidad en el proceso de adquisición y que la desigualdad social incide de forma significativa. En la primaria y secundaria, hay estudiantes que pueden ampliar su vocabulario hasta en 5000 palabras en un solo ciclo escolar y otros que no llegan ni a la quinta parte. Las y los estudiantes de bajo nivel socioeconómico tienden a tener un vocabulario más restringido que sus pares de niveles altos y esta diferencia tiende a incrementarse conforme avanza la escolaridad. Esta situación se traduce en brechas educativas cada vez más profundas.

El vocabulario es un predictor muy importante del éxito académico pues se relaciona de manera muy cercana con la comprensión y fluidez lectoras. En general, la velocidad de adquisición de léxico incrementa conforme se avanza de grado escolar. Esto se debe a que los textos, temas y materiales se especializan de manera que el vocabulario incrementa a lo largo de la escuela primaria y secundaria. La escuela y la calidad de las clases cobran una importancia fundamental, ya que el tipo de vocabulario que se desarrolla en el aula es muy diferente al léxico de uso común. Además, para muchas personas la escuela es quizá la única oportunidad de tener contacto con vocabulario académico o formal. No solo las palabras son más especializadas, técnicas y en ocasiones abstractas, también lo son las estructuras gramaticales y lingüísticas que se emplean. Es decir, hay vocabulario que nada más puede aprenderse en ambientes letrados como la escuela. 

Desarrollar vocabulario es mucho más que acumular palabras, significa nombrar conceptos, conocer sus significados, saber cómo y dónde usarlas, cómo escribirlas y pronunciarlas, pensar sobre sus morfemas o familias léxicas; en general, involucra emplearlas y entenderlas en contextos comunicativos reales. Significa –sobre todo– tener acceso a un mundo de conocimiento más amplio. 

No cabe duda de que el desarrollo del vocabulario debe considerarse un derecho de la infancia, pues las oportunidades de conocer y ampliar el léxico inciden en el desempeño escolar de las personas. Si estas oportunidades son desiguales, en lugar de cerrar las brechas culturales y educativas, estas se profundizan. Las niñas y niños de contextos vulnerables deben contar con docentes e instituciones escolares conscientes de la gran responsabilidad y compromiso que tienen al estar a cargo de los primeros años de vida. La planeación escolar debe contemplar situaciones para enseñar vocabulario exprofeso. Leer, comentar, jugar con el lenguaje, reflexionar sobre la morfología, comparar, contrastar y escribir con el propósito de conocer palabras nuevas son actividades fundamentales en la escuela que impulsan el desarrollo lingüístico y académico de todas y todos. Es esencial que tomemos en cuenta estos hallazgos para incidir en las condiciones iniciales de vida de las y los niños de contextos más vulnerables, sólo así tendremos una oportunidad real de cerrar la brecha de desigualdad.

Valentina Uribe Zaraín *. Integrante de MUxED. Es internacionalista por El Colegio de México. Estudió la Maestría en Desarrollo y Aprendizajes Escolares en la Universidad Autónoma de Querétaro y de Español como Lengua Extranjera en la Universidad de Barcelona. Es cofundadora de la Fundación Zorro Rojo, donde trabaja en apoyar la adquisición de la escritura de grupos infantiles en condiciones de vulnerabilidad. 

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