Silvia Pinal, una vida en el escenario 

3 septiembre, 2022

Para Silvia Pinal las barreras del cine y el teatro, del escenario en su totalidad, no existen. Nunca han existido. Su más reciente obra no fue un desacierto, es la necesidad de un artista por vivir haciendo su arte.

@evoletaceves

Para Silvia Pinal las barreras del cine y el teatro no existen.

Alumna de Salvador Novo, Xavier Villaurrutia y Carlos Pellicer en la Escuela de Actuación de Bellas Artes, desde joven mostró una particular inclinación hacia lo experimental, en teatro y cine. Hace sentido que años después trabajara de la mano con Luis Buñuel.

Su carrera comenzó con participaciones secundarias en radionovelas, en donde fue conociendo a actores y actrices, compañeros suyos, quienes eventualmente fungirían como mentores actorales.

Tras tener ya cierta experiencia en radio, principalmente en comedias, y haber también probado suerte en el canto, para Pinal, a inicios de la década de 1950, es momento de entrar a un nuevo terreno: el cine.

Comenzó con el pie derecho, pues su primera película, en la que debutó como actriz en la pantalla grande, fue nominada en el festival de Cannes. Posteriormente, desde mediados del siglo XX, su carrera en el cine iría en aumento, llegando a compartir escenario con Germán Valdés (Tin Tán), Pedro Infante, Mario Moreno (Cantinflas), Marga López, Andrés Soler, Vitola.

Llegó a ser esculpida por Ricardo Ponzanelli y a trabajar bajo la dramaturgia de Héctor Mendoza; y, como se sabe, retratada y consagrada, con el magnífico vestido negro, por el pincel de Diego Rivera.

De igual manera, trabajó con directores mexicanos y extranjeros: Emilio (El Indio) Fernández, Rogelio González, Tulio Demicheli, entre otros.

Fue ella quien buscó incansablemente su participación actoral con el reconocido director surrealista, Luis Buñuel, en tres de sus películas: Viridiana (1961), largometraje que la hizo acreedora a la Palma de Oro en el Festival de Cannes por Mejor Película, por cierto, hasta la fecha, la única película de habla hispana que ha obtenido dicho galardón; El ángel exterminador (1962), a mi parecer la mejor película surrealista; y Simón del desierto (1965), dejando en puerta un par de largometrajes inconclusos con Buñuel que no pudieron ser concretados.

Es importante mencionar el papel no sólo protagónico de Pinal en Viridiana, sino también su papel al salvaguardar el celuloide y transportarlo de España a México, fue gracias a Silvia Pinal que la cinta no fue destruida por el gobierno español franquista y también gracias a ella que hoy en día se puede disfrutar a nivel mundial de esta gran película surrealista que plasma las inquietudes ideológicas y estéticas de Buñuel.

Fue tal la influencia de la película y su personaje en la vida de Pinal, que decidió nombrar a una de sus hijas Viridiana, también actriz, quien falleció a los 19 años en un accidente automovilístico.

En televisión también trabajó bajo la producción y dirección de Ernesto Alonso.

Reconocida internacionalmente en teatro y cine, Pinal decide incursionar en la producción, reconocida al producir la serie televisiva Mujer, casos de la vida real, misma que fue trasmitida por más de veinte años, y en la que se abordaron temas tabúes de la cotidianidad mexicana, sobre todo enfocados en las mujeres. La homosexualidad, el travestismo, el aborto, entre otros temas, fueron abordados en dicho programa en televisión abierta y horario estelar, algo impensable para esos años.

Para Silvia Pinal las barreras del cine y el teatro no existen, no han existido nunca. La gran diva de México, nacida por y para el escenario, ha buscado llegar a la cima y buscar ahí nuevos horizontes.

He de mencionarlo, a pesar de que en su reciente y gran homenaje en el Palacio de Bellas Artes no se mencionó, Silvia Pinal actuó en la obra Caperucita, ¡qué onda con tu abuelita!, el pasado mayo del presente año, una obra musical catalogada como una obra menor para su trayectoria, pero sin duda creo que es un ejemplo de su perseverancia y vitalidad.

La obra, que tuvo como sede el Nuevo Teatro Silvia Pinal en la colonia Juárez, fue criticada también porque la actriz parecía no estar en las mejores condiciones de salud para presentarla. Como mencionó su hija, Sylvia Pasquel, quien organizó dicho homenaje, prefiere ver feliz a su madre que dejarla frente a un televisor en su habitación viendo películas y negándole actuar. ¡Bravo Sylvia!, antes que la opinión pública está la felicidad propia, sobre todo tratándose de una artista —no sólo actriz— como la señora Silvia Pinal.

El periodista de espectáculos Javier Poza preguntó a Sylvia Pasquel cuando la obra estrenó, “¿no sería mejor hacer un homenaje a la señora Silvia Pinal en Bellas Artes a presentarla en obras que no están a su altura?” Sólo me quedan un par de dudas, ¿por qué el homenaje no se hizo desde antes? ¿Qué tanta influencia tuvo esa pregunta, meses atrás, para llevar acabo el homenaje hace unos días en el Palacio de Bellas Artes? 

En fin, el homenaje se hizo y salió de maravilla, junto a una exposición de múltiples vestidos y piezas de exhibición icónicas, como la Palma de Oro, que la actriz ha usado a lo largo de su carrera.

Para Silvia Pinal las barreras del cine y el teatro, del escenario en su totalidad, no existen. Nunca han existido. Su más reciente obra no fue un desacierto, es la necesidad de un artista por vivir haciendo su arte.

Évolet Aceves escribe poesía, cuento, novela, ensayo, crónica y textos híbridos. Psicóloga, fotógrafa y periodista cultural. Estudió en México y Polonia. Ha colaborado en revistas y suplementos culturales, como: Pie de Página, Nexos, Replicante, La Lengua de Sor Juana, Praxis, La Libreta de Irma, El Cultural (La Razón), Revista Este País, entre otros. Fue galardonada en el Certamen de ensayo Jesús Reyes Heroles (Universidad Veracruzana y Revista Praxis, 2021). Ha realizado dos exposiciones fotográficas individuales: México Seductor (2015) y Anacronismo de la Cotidianeidad (2017). Ha trabajado en Capgemini, Amazon y actualmente en Microsoft. Esteta y transfeminista.