Nuestra salud mental: ¿Y ahora, quién podrá ayudarnos?

29 mayo, 2020

Parece que ahora a casi todo le llaman pandemia, lo cierto es que la OMS advierte una inminente: la crisis de salud mental. Expertos en el campo de la salud mental y psicosocial lo han dicho una y otra vez: las redes de apoyo son vitales en estos momentos

Twitter: @tuyeresa

Hace una semana, a las 7:27 de la mañana, me despertó un golpe seco y el grito desgarrador una mujer. Entre la confusión y la somnolencia, me asomé por la ventana, varios vecinos también salieron, lucían desencajados, algunos llorando y caminando de un lado a otro; unos más, tocándose la cabeza con las manos sin saber qué hacer; otros, paralizados, sin poder moverse. La vecina del edificio contiguo, de cuatro niveles, se había arrojado desde la azotea.

Entre la confusión, el miedo y la ansiedad, llamamos al 911, afortunadamente, patrulla y ambulancia llegaron rápido, la joven aún estaba viva, gritaba de dolor, y aún tenía energía para gritar su inconformidad por la vida que le había tocado: sin empleo, con un esposo adicto y harta de estar confinada, durante esta larga e incierta cuarentena.

Desde la pequeña zotehuela, alcancé a ver a su madre llorando quedito desde la ventana del tercer piso, cubría su rostro con ambas manos y sólo atinaba a decirle que se callara. Pudimos ver cómo ingresaban policías y camilleros al patio interior del edificio. En ese momento, al menos yo, di por concluido mi pequeño aporte al haber llamado al 911, me sentía impotente por no poder hacer algo más.  

Todo es más silencioso que de costumbre. Desde ese día miro hacia su ventana, no lo puedo evitar. Siento nostalgia, miedo, tristeza. Sé que la respuesta será la misma: cortinas cerradas, luz apagada; del edificio no sale ningún sonido. Parece deshabitado, aunque la luz encendida de algunos apartamentos indica la presencia de sus habitantes. 

Una cosa es leer las cifras de la OMS y sus pronósticos sobre la pandemia de padecimientos emocionales, y otra muy distinta ser testigo de un suicidio.

Desde entonces, muchos de nosotros -vecinos de los apartamentos contiguos- hemos estado irritables, cansados, con elevadas dosis de ansiedad. Por supuesto, la concentración para trabajar es casi nula.

Caímos en cuenta: si bien es cierto, no conocíamos a esta joven, su malestar era absolutamente justificado y ella no es tan diferente de nosotros. Hay una zozobra latente hacia lo que nos depara el futuro, no sólo mi futuro o el futuro de mi vecino, sino el de todas las personas y todos los futuros posibles.

Aprender a vivir con la incertidumbre

Aunque cada quién tiene sus dudas particulares, también hay incertidumbres generalizadas en un país como el nuestro: ¿Nos alcanzará para vivir en las semanas y meses venideros? ¿Y si alguien de mi familia se contagia? ¿Qué pasará si no alcanzamos cama y/o respirador en un hospital covid? ¿Cómo llevaremos nuestro duelo sin la posibilidad de ver el cuerpo de nuestra persona amada? ¿Cómo saber que las cenizas serán de nuestro ser querido?  

Insomnio, irritabilidad, tristeza, agotamiento crónico, angustia… ¿Les suena conocido? 

Parece que ahora a casi todo le llaman pandemia, lo cierto es que la OMS advierte una inminente: la crisis de salud mental.

Nuestro termómetro emocional: ¿Cómo andamos?

La doctora Carolina Santillán, becaria Fulbright, con entrenamiento en el Centro de Estudio y Tratamiento de los Trastornos de la Ansiedad por la Universidad de Pensilvania y creadora del grupo de acompañamiento psicológico de la FES Iztcacala, destaca la importancia de la prevención y atención en esta crisis inédita.

Habla de un termómetro emocional que podemos poner en práctica para saber si requerimos ayuda, o aún podemos enfrentar estos tiempos inciertos por nuestros propios medios: económicos, familiares, personales…

Al despertar podemos preguntarnos: 

  • ¿Cómo me siento emocionalmente? Triste, enojad@, desanimad@
  • ¿Dormí bien? 
  • ¿Estoy más o menos cansada/o que ayer? 
  • ¿Estoy más irritable que de costumbre? 
  • ¿Hay cosas que antes me entusiasmaban y ahora no me importan?
  • ¿Tengo dificultad para concentrarme?
  • ¿Cuánto tiempo llevo así? Días, semanas, todo el confinamiento…

Desde que comenzó a propagarse el virus, se han elevado los niveles de estrés, éste aumenta cuando hemos perdido el empleo, tenemos que permanecer en confinamiento en un ambiente de violencia, o un ser querido enferma. 

Cuánto más cerca estemos de vivir con covid19, o alguna de nuestras personas amadas, estos temores se incrementarán.

Depresión: según la OMS se trata de un trastorno mental frecuente, que se caracteriza por la presencia de tristeza, pérdida de interés o placer, sentimientos de culpa o falta de autoestima, trastorno del sueño, o pérdida del apetito, sensación de cansancio y falta de concentración. Un elemento clave es saber si nuestra tristeza es pasajera, o, permanente, y tenemos depresión.

La pérdida, una constante

Si algo caracteriza esta época, es la pérdida: hemos perdido la noción del mundo como lo conocíamos, algunos han perdido el empleo, la salud, la pareja, o simplemente la rutina que definía su cotidiano. Muchas personas también han perdido sus planes a futuro. 

A todo lo que hemos vivido -en mayor o menor grado- durante estos meses las voces expertas le llaman: estrés post traumático, definido en términos generales como un evento que causa una afección mental profunda tras experimentar o presenciar un evento crítico: como un atentado terrorista, una guerra, un desastre natural, un secuestro, un suicidio, un accidente automovilístico, una agresión sexual, o una pandemia. 

Un informe sobre políticas acerca de la covid-19 y la salud mental, publicado por Naciones Unidas en mayo de este año, pone de manifiesto la necesidad de aumentar urgentemente la inversión en servicios de salud mental, de lo contrario habrá un aumento drástico de enfermedades psíquicas en el mundo.

En casi todos los países, la demanda de servicios de salud física y mental se ha incrementado. Paradójicamente, hay menos oferta debido a que parte de la infraestructura y personal están enfocados en atender enfermos de covid19. 

Hay algunos grupos poblacionales que pueden ser más proclives a sufrir malestar psicológico en el contexto de la covid-19, como personal de salud de primera línea, personal de limpieza y en general todas las personas que realizan labores esenciales. 

También, quienes han perdido su empleo, y personas en confinamiento pre existente: psiquiátricos, asilos y centros carcelarios.

¡Y qué decir del incremento de la violencia contra las mujeres al interior de sus hogares! Definitivamente esto no se arreglará contando hasta 10, es ofensivo y violento este planteamiento.  

Volviendo al tema: una noticia alentadora es que cerca del 70 por ciento de las personas que viven un evento altamente estresante o dramático se recuperan.

En algunos países, las líneas telefónicas de emergencia y los grupos de autoayuda intentan responder de la mejor manera a esta enorme demanda. El consumo de sustancias se ha incrementado notablemente. Esto, sin contar la demanda de atención a la salud física y emocional de mujeres que viven violencia intrafamiliar. 

Instituciones como la UNAM, el Instituto Nacional de Psiquiatría y el sistema de atención telefónica de la Cruz Roja cuentan con profesionales altamente capacitados para atender de forma gratuita a la población.

Un dato importante: si ya éramos personas ansiosas, estresadas o con problemas para conciliar el sueño antes de la pandemia, es probable que esto se incremente. De ahí la importancia de contar con herramientas básicas para hacer un breve autodiagnóstico, o para apoyar a una persona amada. Expertos en el campo de la salud mental y psicosocial lo han dicho una y otra vez: las redes de apoyo son vitales en estos momentos.

Hoy, nuevamente me asomé al edificio contiguo a sabiendas de que me enfrentaré a la misma realidad: ventana cerrada, con las cortinas abajo, edificio en completo silencio. Recordé la voz de esta joven, aún sigo sin creer lo que pasó. Es como si mi mente lo acomodara en un lugar más parecido a los sueños, o a una pesadilla. 

Y como en las columnas anteriores nuevamente vuelvo a decir: “un día a la vez, y esperemos jamás volver a la ´normalidad´del ayer”.

Guionista, reportera, radialista. Cubre temas culturales, sexualidad, salud, género y memoria histórica. En sus ratos libres explora el mundo gastronómico y literario. Cofundadora de Periodistas de a Pie.

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