Nombrémonos

7 noviembre, 2020

¿El fotoperiodismo no es para mujeres? Nadie por muy osado y barbaján que sea se atrevería, en estos tiempos, a responder abiertamente no. Sin embargo, las cifras, las asignaciones y reconocimientos cuentan otra historia.

«Me atrevería a aventurar que Anónimo, que tantos poemas escribió sin firmarlos, era a menudo una mujer.»

Virginia Woolf (1882-1941)

Por: Quetzalli Nicté-Ha González

@QuetzHa

Cuando me asignaron mi primera final de fútbol llegué entusiasmada al diario y encontré que se habían llevado el lente largo y la acreditación. Un fotógrafo del diario que descansaba ese día había decidido ir en mi lugar, aun cuando era mi nombre el que venía en la agenda. Luego de indagatorias y malas caras logré estar en esa cancha disputada entre el América y el Cruz Azul. Me acerqué a mi compañero de staff para coordinarme en la cobertura, y solo me dijo: “la foto del triunfo, donde levantan la copa, la hago yo. Tú, si quieres corre detrás de ellos después”. Había dos templetes, dos tiros posibles para hacer esa foto. El mensaje fue claro: éste no es tu lugar. 

¿El fotoperiodismo no es para mujeres? Nadie por muy osado y barbaján que sea se atrevería, en estos tiempos, a responder abiertamente no. Sin embargo, las cifras, las asignaciones y reconocimientos cuentan otra historia.

En escala internacional, según Female en Focus entre el 70 y 80% de quienes estudian fotografía son mujeres. No obstante, sólo del 13 al 15 % llegan a convertirse en fotógrafas profesionales. En un reporte realizado entre 2015 y 2018 World Press Photo (WPP), uno de los concursos más prestigiosos en el sector, concluyó que cerca del 85% de los profesionales que se dedican al fotoperiodismo son varones. Women Photograph realizó en 2018 un recuento de las imágenes publicadas por Al Jazeera, The Atlantic, The BBV, Bloomberg News, BuzzFeed News, CNN, The Guardian, Reuters, y  The Washington Post. Encontró que, de 1512 imágenes publicadas, sólo el 17.4% eran firmadas por mujeres. 

No vayamos lejos. De las cinco agencias internacionales que cubren noticias en nuestro país: Reuters, AFP, AP, EFE Y DPA, dos de ellas no cuentan con ninguna mujer en sus staffs, y las otras tres, solo con una. La diferencia no sólo está en los números sino también en la clase de asignaciones que se otorgan por género. “¿Para qué te enviaron a ti? no es cobertura para una mujer”, “Que cubra turismo, gastronomía, entrevistas”. Los grandes temas y las coberturas más relevantes equivocadamente parecen requerir testosterona, su disculpa más frecuente  –léase con tono paternalista–: “es por tu seguridad, te estamos cuidando”. 

Este entramado asimétrico no se queda ahí; si una revisa la selección ganadora de este año de WPP, el concurso más prestigioso en la materia, encontrarán que de las 44 fotografías ganadoras sólo seis de ellas fueron realizadas por mujeres. Y dentro de la media docena de imágenes nominadas para The Photo of the Year, no hubo ninguna mujer en la contienda; pero sí encontramos la imagen titulada “Chile: una rebelión contra el neoliberalismo”, del fotógrafo italiano Fabio Bucciarelli, acompañada por el siguiente texto: “Chile se vio sacudido por el mayor descontento civil en su historia reciente cuando la gente se levantó para protestar contra la desigualdad económica”. La fotografía es un instante tomado durante el performance chileno “Un violador en tu camino”, cántico que se esparció como pólvora y se convirtió en un himno feminista mundial. 

Un violador en tu camino, Fabio Bucciarelli

Mujeres. Nuevamente siendo observadas, interpretadas y fotografiadas por la mirada masculina, que no consideró pertinente ni siquiera hablar del contenido del performance; ni que  se enmarca dentro de un estallido feminista que en muchas ocasiones llega al separatismo, es decir un movimiento protagonizado y nutrido únicamente por mujeres. 

Amo el fotoperiodismo, es una profesión apasionante, vibrante y estremecedora; pero también es una estructura colosal creada para encumbrar varones y la mirada heteropatriarcal que la mayoría de las veces reproducen. Es un sistema que se afianza en una mancuerna que consiste en una actitud que subestima, minimiza y obliga a las mujeres fotoperiodistas y documentalistas a demostrar una y otra vez que somos merecedoras de un espacio y una voz en esta profesión y que por otro lado valora, encumbra y visibiliza de manera inercial y sin cuestionar la mirada masculina. 

El espacio público, el ejercicio del poder y la toma de decisiones son asumidas como espacios de hombres. El fotoperiodismo es la calle, la sierra, la cancha, la protesta, la carretera, la noche; y ha sido construido a base de imágenes, nombres, anécdotas y hazañas de “grandes maestros”. Es reciente que nombres como Gerda Taro empiezan a dimensionarse por su trabajo y trayectoria propia y no por ser “la pareja de Robert Capa”.

Es aquí donde la exigencia del sector separatista del movimiento feminista en México adquiere sentido. Entre sus demandas piden sean mujeres quienes realicen la cobertura periodística de sus eventos y manifestaciones. La exigencia ha evidenciado la falta en las redacciones de reporteras gráficas (fotógrafas y camarógrafas), la necedad de los editores de dar este tipo de coberturas siempre a los mismos reporteros y la molestia por parte de los fotógrafos al sentirse excluidos de una cobertura que implica acción directa, confrontación con la policía y fuerte exposición mediática. 

No ha importado las explicaciones que una y otra vez las feministas han dado (literalmente hasta con manzanitas) sobre su sentimiento de seguridad al saberse rodeadas y documentadas únicamente por mujeres –hay que tener presente que varias de ellas son víctimas de violaciones u otras agresiones por varones–, para muchos fotógrafos la voz de cientos de mujeres pidiendo que realicen su cobertura a distancia no es suficiente. No es una vendetta, es una consecuencia. Que en esta cobertura se les pida no ser protagonistas no es un castigo, no es una injusticia; es una exigencia a que reflexionen sobre todas las veces que desde ese protagonismo y egocentrismo se han conducido. 

La reciente cobertura del movimiento feminista ha empujado a un creciente número de reporteras gráficas a la calle; las ha colocado en las portadas de los diarios y las ha hecho tomar la voz en foros y talleres; lo festejo enormemente, pero más importante aún, nos ha hecho cuestionar nuestra propia escuela de fotoperiodismo, las voces que nos dijeron que conseguir la foto está por encima de todo, por encima de entender lo que se fotografía y desde dónde se está fotografiando.

Hoy algunas de nosotras buscamos reaprender y desmarcarnos de aquellas enseñanzas que nos orientaban a pensar que para conseguir un nombre es necesario pisar, empujar y obstaculizar a quien se ponga enfrente, a lado o atrás; han sido meses incluso de reflexionar sobre nuestra propia inercia a masculinizarnos (desde la vestimenta hasta las actitudes) como un mecanismo de defensa y para sobrevivir en este medio. 

También ha significado sacudirnos lo más posible el síndrome de la impostora; sí, ese que nos susurra al oído que no somos lo suficientemente buenas para aplicar a una beca, para meter nuestro trabajo a un concurso o para destacar en una exposición. Ese colosal mensaje introyectado a las mujeres que nos ha restado seguridad por décadas y al cual también debemos plantarle cara, nos dijeron tantas veces que no éramos merecedoras que nos lo creímos, basta de eso. 

Hoy nombro a algunas de muchas fotoperiodistas y documentalistas que con su caminar han ido fisurando y reinventado esta profesión de varones y hacen posible que nuevas generaciones estemos colocadas en otro lugar: Maya Goded, Graciela Iturbide, Lola Álvarez Bravo, Mariana Yampolsky, María García, Elsa Medina, Frida Hartz, Ángeles Torrejón, Patricia Aridjis, Lilian Hernández, Mónica González, Eunice Adorno, Claudia Guadarrama, Jacky Muniello, entre un listado enorme. 

Es tiempo de mujeres, de tenernos confianza a nosotras, a nuestra mirada y propuesta, nunca nos han cedido espacio alguno, todos los hemos tomado a base de demostrar. Dejemos de ser anónimas, hagamos época y nombre juntas

Maya Goded. 

Graciela Iturbide

Elsa Medina.

Patricia Aridjis. 

Mónica González Islas

Eunice Adorno

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