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No hay neoliberalismo sin crimen organizado

El economista Andrés Barreda y el periodista Luis Hernández Navarro desmenuzan las relaciones criminales del neoliberalismo y destacan la tendencia mundial a retornar a una mayor intervención del Estado en la economía y en lo jurídico

Texto: Lydiette Carrión

Foto: Pepe Jiménez/ Archivo PdP

El neoliberalismo no puede existir sin el crimen organizado. No se trata de una anomalía, sino de un engranaje más para la ganancia extraordinaria.

Así lo sostienen el economista investigador de la UNAM, Andrés Barreda, y el periodista Luis Hernández Navarro, en entrevista para Pie de Página. 

Es una charla informal. Ambos platican durante un par de horas sobre el neoliberalismo en México y su vínculo con el crimen organizado. También hablan de cómo es que en todo el mundo actualmente se da un viraje hacia un capitalismo más proteccionista. El propio Donald Trump es prueba de ello: proteger mercados y trabajadores estadunidenses. De este modo el presidente mexicano Manuel López Obrador, también sigue esa línea. Y en esta charla, en un momento se les pregunta:

–¿Qué detona el horror en México?

–Yo creo que el problema es el neoliberalismo, porque el neoliberalismo impuso una forma de acumular capital que no se había visto, ni con la intensidad, con la sistematicidad, que comenzó en los ochenta [del siglo pasado]. Y no se había visto ni en México ni en todo el mundo. 

El neoliberalismo, continúa Barreda, impuso una forma de acumulación de capital salvaje, “que es en realidad una forma de hacer ganancias extraordinarias, y por el método que sea”.

Uno de estos métodos es no pagar el trabajo por su valor, sino debajo del valor, explica. Esto, en términos económicos, “se llama superexplotación. Y esto se masificó y creció exponencialmente en todo el planeta: precarización, outsorcing, destrucción de los sindicatos, masificación del trabajo infantil, la masificación del trabajo femenino, las maquiladoras y el maltrato a las mujeres”. 

La superexplotación se manifiesta de otras formas; por ejemplo, es la destrucción del medioambiente. “También es no pagar por la naturaleza, no asumir ningún gasto por la reproducción de la naturaleza. Es depredar ríos, lagos enteros, montañas… nada más hay que ver lo que hicieron en China, entrando los capitales internacionales, para producir riquezas”, explica.

Y entre tantos métodos de superexplotación está el crimen organizado. “Por eso está ahí, de manera estructural”, puntualiza Barreda. 

–¿El neoliberalismo no puede existir sin crimen organizado?

–El neoliberalismo, no. El capitalismo sí, pero el neoliberalismo no–, asegura Barreda.

El narco como brazo armado

Luis Hernández Navarro puntualiza lo imbricado que el crimen organizado se encuentra en la economía mexicana, a tal grado que las actividades ilegales (trasiego de drogas, tráfico de personas, trata de personas, etcétera) significan el 10 por ciento del PIB nacional. 

Además, advierte, a partir de 2009 el crimen organizado es utilizado de forma estructural por los diversos poderes políticos, como brazo ejecutor y represor de movimientos sociales. El epicentro de este fenómeno es Guerrero. “A toda una serie de dirigentes, ecologistas, dirigentes comunitarios, a los que en el pasado se les asoció con la guerrilla, en Guerrero los comienza a eliminar el crimen organizado.  En Guerrero el punto de inflexión es el asesinato de dos dirigentes: Raúl Lucas y Manuel Ponce, donde el presidente municipal contrató al crimen organizado”.

Lo arriba mencionado junto a la mezcla de capitales de procedencia ilícita y legal han imbricado a tal grado el crimen organizado con el sistema mexicano en su totalidad, que se ha vuelto orgánico al sistema, completamente entreverado.

Los derechos se olvidan

A pesar de que el crimen organizado es un método fundamental para el neoliberalismo en México, no es el único. Y no se debe perder de vista la explotación laboral.

En ese respecto, Andrés Barreda advierte que en México, los activistas e investigadores preocupados por estos temas no deben perder de vista la precarización del empleo, y no sólo los procesos de despojo de los bienes naturales.

“El despojo te da el arranque. El despojo te da la levadura para hacer pan. Pero tú cuando comes pan no estás comiendo levadura. Despojas a la gente y ya los vuelves obreros, y la ganancia la sacas explotando a los trabajadores”.

Él percibe que en los círculos que se oponen al despojo de tierras hay claridad respecto a esta apropiación de la tierra; pero en ocasiones se omite la expropiación. “Nada más están hablando del problema de la tierra y la separación. Y hablando sólo de eso, omiten la explotación: nunca se ha explotado más a los trabajadores en la historia de la humanidad, como en los últimos 30 años. Del outsorcing no se habla, ni de la desaparición de los sindicatos”, concluye.

Lydiette Carrión Soy periodista. Si no lo fuera,me gustaría recorrer bosques reales e imaginarios. Me interesan las historias que cambian a quien las vive y a quien las lee. Autora de “La fosa de agua” (debate 2018).

Fotógrafo y periodista independiente por vocación. Pepe ha trabajado en los Territorios Ocupados de Palestina, Haití, África del sur y México con distintos medios, agencias de noticias y organizaciones como la ONU y la Federación Internacional de la Cruz Roja.
Para mí no hay mayor privilegio y responsabilidad que la de contar las historias de aquellos que se encuentran en situación de riesgo y vulnerabilidad.

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