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Lorencillo, el pirata que invadió el Puerto de Veracruz

Esta fue una de las afrentas más grandes que sufrió la corona española en la Nueva España, el pirata Lorencillo logró burlar las murallas de la ciudad y ganar fama mundial

@ignaciodealba

Hubo un tiempo en que Lorencillo fue buen muchacho. Sus inicios como navegante los pasó junto con la armada española combatiendo piratas. El chico holandés se llamaba Laurent de Graff, pero por su tamaño y gracia fue conocido como Lorencillo.

La cuestión es que un día el barco en que viajaba el joven navegante fue abordado por filibusteros y él fue obligado a unirse a los bucaneros. Desde entonces, Lorencillo se convirtió en un criminal de altos vuelos y comandó su propia banda.

Uno de los retratos que existen del bucanero aparece con sus ricitos, el rostro delicado y sonrisa pícara, valona y sombrero con pluma. A juzgar por la pintura, más parece un principillo que un pirata.

En su libro Historia de Veracruz, el historiador mexicano Manuel B. Trens asegura que no se debe confundir a Lorencillo con el Lorencillo de la Chontalpa, un indígena de Tabasco y conocido bandido que, cual pirata, causó atropellos y destrozos en distintas ciudades del sur de México.

El Lorencillo de la Chontalpa acabó colgado en el pueblo de Jalpa. En cambio, nuestro Lorecillo terminó como próspero agricultor en Mobil, Alabama.

Pero antes, Lorencillo azoró ciudades y países con su flotilla de bucaneros. En el siglo XVII, muchas ciudades invirtieron cuantiosas fortunas para fortalecer o amurallar sus fronteras. México no fue la excepción: Ciudad del Carmen (Campeche) y el Puerto de Veracruz.

Veracruz tuvo una admirable muralla para contener los ataques extranjeros y de la piratería, pero el largo muro que rodeó la ciudad hasta finales del siglo XVIII no detuvo ninguna de las dos cosas. Los incautos habitantes de la ciudad pensaron que los buques piratas eran, en realidad, barcos cargados de peninsulares. Así que los mercaderes y tenderos se prepararon para recibir a los tripulantes.

Pero los 12 buques no desembarcaron y fondearon cerca de la orilla. La población de Veracruz un tanto desconcertada se fue a dormir. A pocos kilómetros del puerto, por lo que ahora es la playa de Mocambo, los piratas desembarcaron y penetraron la muralla de la ciudad el 17 de mayo de 1683.

Lorencillo, acompañado de otros famosos rufianes como Francisco de Grammont y Van Horn comandó a más de mil hombres para atacar y tomar el Puerto de Veracruz. La ciudad fue sorprendida y asaltada. La mayoría de los habitantes fueron despertados a cañonazos y con los disparos de los arcabuces. Con sablazos mataron a varias decenas de personas.

Las guarniciones de españoles en San Juan de Ulúa brillaron por su ausencia durante la ocupación.

“En la plaza principal, cual chuza de boliche, cayeron atravesados por las balas, gentes armadas, capitanes, sargentos y alférez, unos blancos, otros pardos, todos muertos”, escribió el historiador Trens.

La población entera fue secuestrada en una iglesia de la ciudad mientras los piratas saqueaban las tiendas y casas. Igual se llevaron, harinas que oro, vinos que jamones, aceites que mujeres.

El gobernador, la gente adinerada, frailes y clérigos fueron llevados a la Isla de Sacrificios, ubicada a algunos kilómetros del puerto. Allí fueron vejados mientras se pidió un rescate de 150 mil pesos de plata para su liberación.

Cuando los piratas abandonaron la ciudad, las calles estaban hechas un desastre. Los piratas también incendiaron edificios oficiales y con ellos cientos de documentos históricos de la fundación de la ciudad.

Los filibusteros se llevaron hasta los santos, uno de los primeros reclamos de la población es que los bandidos se robaron sus esclavos. El atraco no tuvo parangón en la Nueva España.

Fue hasta el 21 de mayo cuando las autoridades virreinales se enteraron de lo sucedido. Varios vecinos de la capital se reunieron para vengar con las armas la afrenta de la chusma pirata. Unos 2 mil hombres se reunieron con todo y caballería para atacar. El Conde de Santiago, en aventura quijotesca dirigió la expedición que llegó demasiado tarde al puerto: para ese momento los buques piratas ya estaban en altamar.

Estos mismos piratas atacaron Campeche y Tampico. Los buques de Lorencillo fueron rastreados por la armada española, pero nunca dieron con él, o en todo caso, logró dar batalla para librarse en varias ocasiones.

Las tropelías de Lorencillo se cuentan por decenas, el hombre fue condecorado por el gobierno francés por atacar imperios enemigos.

Lorencillo fue nombrado almirante en Santo Domingo, y luego de atacar Campeche se sumó a la marina francesa de Luis XIV con el cargo de Laurente Cornille, Señor de Graff, Lugarteniente del Rey en la isla de Santo Domingo, Capitán de fragata ligera y Caballero de San Luis. El final de su vida lo vivió en la colonia francesa de Alabama dedicado a labores del campo y como un hombre acaudalado.

En México sobrevive la leyenda sobre los tesoros de Lorencillo. Dicen los díceres que en el municipio de San Andrés Tuxtla está Roca Partida, el viejo escondite de los tesoros del bucanero.

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Fue educado en escuelas católicas hasta que se volvió ateo. Es huraño y trotamundos. Estudió periodismo y nunca se graduó. Suele tener más fe en las viejas narrativas que en las nuevas. Le gusta escribir historias.

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