Las medidas especiales de la Central de Abasto: a medias y sin difusión

9 mayo, 2020

La estrategia del gobierno de la Ciudad de México para contener el foco de contagios de la Central de Abasto se implementó a medias. Ni trabajadores ni clientes comprendieron las medidas. Y tampoco las cumplen

Texto: José Ignacio De Alba

Fotos: María Fernanda Ruiz

El viernes pasado, en la conferencia vespertina de la Secretaría de Salud, la jefa de gobierno de la capital Claudia Sheinbaum fue cuestionada sobre las medidas que se llevaban a cabo en la Central de Abasto de la Ciudad de México, donde circulan 400 mil personas cada día.

“Desde hace cerca de semana y media, dos semanas, se instalaron carpas y 450 promotores de la salud, médicos y enfermeras del área de salud del gobierno de la Ciudad de México que están haciendo una revisión epidemiológica para ver los casos confirmados, los contactos, etcétera”, dijo Sheunbaum.

Pero algunas de las carpas están vacías desde que se instalaron. Pie de Página pudo corroborar, un día después de la declaración de la funcionaria, que esas instalaciones no están dando el servicio. 

Las carpas médicas de las que informó el gobierno de la Ciudad se encuentran vacías. Foto: María Fernanda Ruiz.

La jefa de gobierno también explicó que hay 450 promotores de la salud, médicos y enfermeras del área de salud del gobierno de la Ciudad de México. Estos se encuentran que haciendo una revisión epidemiológica para ver los casos confirmados y los contagios. Sheimbaum aseguró que está prohibida la entrada de niños y mujeres embarazadas. Además, se volvió obligatorio el uso de cubrebocas.

En los hechos no es así.

Infancia trabajando

Marcos tiene 15 años y lleva una carretilla cargada con frutas y verduras en la Central de Abastos. El chico ayuda a su familia con lo que gana de carretillero; en estos tiempos en los que todos en su casa fueron despedidos por la cuarentena, el muchacho gana unos 180 pesos al día: más o menos lo que cuesta una mascarilla N95.

Él, desde luego, no trae cubrebocas de ningún tipo; lleva una botas negras, unos pantalones zancos y una playera. Así atiende a sus clientes, así se la va sorteando. 

Muchos carretilleros han llegado recientemente a la Central de Abastos, debido a que otros mercados de la ciudad fueron cerrados y sus trabajadores quedaron sin empleo. Así que a la Central acuden personas de todas partes de la ciudad. 

Sin poder frenar, y con el riesgo a cuestas

La Central de Abastos no puede parar, porque la alimentación de buena parte del país depende de ella; a pesar de sus 400 mil visitantes diarios están en alto riesgo de sufrir un contagio.

El lugar es, probablemente, el mayor foco de contagios en el país, pero no hay autoridad que lo sepa de cierto.

Sheinbaum aseguró:  “sabemos que no va a haber desabasto en la ciudad, pero al mismo tiempo se están tomando controles”.

Pero los propios locatarios desconocen las medidas. “Yo que sepa aquí no han puesto ningún consultorio, dijeron que iban a traer un hospital pero no. Aquí la gente se cura en su casa”, dice María Cruz. 

–¿Qué medidas toma usted?

–Yo de aquí no salgo, atiendo a las gentes aquí mismo, ya no salgo como antes a comer. 

Dice que ella tiene miedo a contagiarse, pero también explica –lo que se vuelve una recurrente en este sitio- primero tiene que comer. Que sus productos son perecederos y que no puede perder a los clientes que tiene desde hace 20 años.

“Más que el gobierno es el miedo el que hace que la gente cierre”, asegura Cruz. 

–¿Le gustaría parar de trabajar en estos días?

–No. Si dejo de trabajar me muero. Yo ya estoy impuesta a estar aquí. Aunque me dé miedo prefiero estar atendiendo y platicando con los clientes. Mis hijos son los que me dicen que me quede en la casa, pero ahí voy más que a dormir. 

En algunos pasillos hay personal del Gobierno de la Ciudad de México repartiendo gel antibacterial a los visitantes. También en la entrada vehicular a la Central de Abastos hay elementos de la Secretaría de Seguridad Pública que toman la temperatura, obligan el uso del cubrebocas y prohíben la entrada a más de dos personas por vehículos. Pero en las entradas peatonales familias completas entran a hacerse de su “mandado”. 

Las estaciones de camiones aledañas a la Central de Abastos lucen llenas de personas, incluso dentro de las unidades no hay medidas de sana distancia. 

Fue educado en escuelas católicas hasta que se volvió ateo. Es huraño y trotamundos. Estudió periodismo y nunca se graduó. Suele tener más fe en las viejas narrativas que en las nuevas. Le gusta escribir historias.

Foránea siempre, lo suyo es lo audiovisual y el periodismo es la vía por donde conoce y cuestiona al mundo.

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