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La marcha de los locos

Una de cada cuatro  personas sufrirá algún trastorno mental o neurológico en el transcurso de su vida según la Organización Mundial de la Salud. Pero hablar de salud mental o trastornos sigue siendo tabú en México. El Orgullo Loco marchó este sábado para hacerse visible en el espacio público y demandar que se acaben los estigmas en estos temas.

Por: Lydiette Carrión
Fotos: Duilio Rodríguez

Eran poquitos, una veintena de personas. Pero es la primera marcha en todo el país organizada y convocada por personas que han recibido algún diagnóstico psiquiátrico.  Ellos, les loques, como se reivindican, exigen: desestigmatizar la salud mental, y exigir procedimientos y tratamientos íntegros y humanos. Se aglutinaron en un colectivo al que nombraron “Sin Colectivo”.

Convocaron en el Ángel de la Independencia. Su concentración, destacada por pancartas coloridas, competía con las quinceañeras que van a tomarse fotografías al monumento. 

Y ahí en la escalinata se nombraban: el paciente, el cuidador, el familiar, el amigo. Y luego las consignas: Quién soy: El autista, que sí, que no, el autista. Y así cada uno: “Quién soy, el deprimido, que sí, que no, el deprimido”… el bipolar,  el esquizofrénico… 

Víctor Lizama, colaborador en la organización Documenta, explica: “somos un grupo de personas expertas por experiencia en salud mental, personas locas, sobrevivientes de la psiquiatría quienes decidimos reunirnos y proponer proyectos de salud mental”.

Expertos por experiencia que ponen en la mesa uno de los temas más ninguneados en la agenda pública: el derecho a la salud mental, a tratamientos psiquiátricos que respeten los derechos humanos de los pacientes; que se discuta a profundidad los derechos de pacientes, así como los de sus cuidadores, amigos y familia. 

De locos, luchar contra el Goliat

Hace un par de semanas, cuando el colectivo #OrgulloLoco convocó en twitter a una manifestación pacífica, Ricardo, un conocido expresó su desacuerdo en llamar “marcha por el Orgullo Loco” a una manifestación que reivindica los derechos de personas que han recibido un diagnóstico psiquiátrico. “No romanticemos la enfermedad”, explicó. “Se sufre mucho”. 

Ricardo ha padecido la depresión. Y no le encantaba la idea de romantizar.  “Mejor ‘pacientes’ que enfermos. Mejor ‘condición’ que enfermedad. Ni victimización, ni patologización”, escribió.  Desde la cuenta le reviraron: no se trata de romantizar, sino de visibilizar. De no vivir aislados. 

Este domingo, Ricardo marchó. Él explica: “yo no estoy orgulloso de mi diagnóstico”. Cuenta lo doloroso que es vivir con depresión, narra los días perdidos, las dificultades… “Pero estoy orgulloso de mí, de mi sensibilidad”, sonríe. 

Y eso es lo que uno mira en cada rostro: orgullo de decir quiénes son. 

Es difícil mirar esta marcha. Todos lucen como cualquier persona, que uno se pudiera encontrar en el metro o en un café. Pero el hecho de saber que algunos cuentan con un diagnóstico psiquiátrico genera inquietud. Eso es precisamente el estigma y es contra lo que luchan. No debería haber estigma en un diagnóstico de salud mental.

Miroslava y Hui: discapacidad invisible

Miroslava Cisne es una abogada de derechos de autor. En una mano carga una sombrilla para cubrirse del sol. En la otra mano, la correa de su perrito Hui: un animalito de no más de 20 centímetros de largo y pelito alborotado, de la raza shi tzu.

Hace siete años, Miroslava adoptó a su perrito, como animal de compañía. “Su trabajo era ser feliz”, dice la mujer, y sonríe. Aunque Miroslava siempre ha sufrido de ansiedad, precisamente hace unos cinco, seis años, esto empezó a empeorar, con ataques de pánico incapacitantes. “No podía ni salir de mi casa”. 

Para el paciente es muy difícil detectar cuando está en puerta un ataque de pánico. Para cuando se percata de ellos es que ya se encuentra enmedio de un cambio bioquímico en su cuerpo que le impide pensar o calmarse. Todo su organismo se encuentra en estado de alerta y secretando hormonas dedicadas a la supervivencia. De ahí que no sean un “invento”, como algunos creen, sino una condición que puede poner en riesgo a quien los padece.

Trini e Iván.

Miroslava notó que su perrito le avisaba minutos antes de que entrar en el cuadro agudo de ansiedad. “Él me avisa de mis ataques de pánico antes de que yo los sienta. Se para de manitas y me raspa o se me echa en el regazo”. Esto se debe a que Hui detecta por medio del olfato los cambios bioquímicos en el cuerpo de Miroslava, y la advierte antes de que ella misma los sienta físicamente.

Esa alerta de uno o dos minutos previos al cuadro agudo es vital. Entonces Miroslava es consciente de lo que viene y puede detenerse, respirar y así los cuadros son mucho menos severos. Son manejables.  

Pero, como la mayoría de las personas con una discapacidad psicosocial que además es invisible, Miroslava se enfrenta a la estigmatización y al “no le creo”. 

Ella es una mujer funcional, trabaja, va a juzgados. Cuando pretende ingresar a su perrito a los edificios públicos, no falta el servidor público que se lo impide, “porque no se admiten mascotas”. 

“Ha sido terrible, porque nos limitan nuestro derecho a acceso universal. No te permiten ingresarlo al metro, al metrobús. A veces nos va bien a veces nos va mal, aún con los documentos certificados” del perro.

Vivir bajo la etiqueta

Trini Ibarra e Iván Maceda Mejía son dos jóvenes que han recibido, en distintos puntos de su vida, el diagnóstico de trastorno bipolar. Para ambos, el estigma que conlleva esta etiqueta es una de las primeras cosas que se deben discutir socialmente, y por eso están aquí.

La joven explica: “Para mí es importante la cuestión del estigma, y pienso que mientras más hablemos, se creará más empatía. Tener una actitud más amorosa”. 

En México no se discute la salud mental. No se habla en las familias; por lo general, al e una casa se le excluye, se le esconde. “El sólo hecho de que no se nombre esta experiencia es parte del estigma, así como que aquel que padece esta condición, se le atribuye el estigma de que es agresivo, o con poca inteligencia”, se lamenta la artista. 

Ella es artista visual y ha podido, desde el arte, reconfigurar esta experiencia a través del imágenes, y desde ahí ha visto que desde la locura, se puede tener mucho conocimiento de uno. 

Por su parte, Iván afirma: “estamos aquí para reivindicar este término de locura, estamos que en vez de que cause pesar, que cause orgullo, que nos permita reflexionar como sociedad cómo podríamos ser más amables entre todos”. 

Y es que el estigma social  genera más dolor al que ya de por sí debe enfrentarse a una condición. Además quien es diagnosticado queda inmediatamente etiquetado y borrada su condición de individuo. 

“Yo siempre he dicho que hay trastorno bipolar tipo Ivan. o Trastorno bipolar tipo Trini, o trastorno bipolar tipo… en cada persona manifiesta distinto, porque cada persona es diferente. El estigma surge de etiquetas muy generalizadas, y que, en la cultura popular se asocian a los ‘locos psicópatas’ de las películas”. 

Otra joven, Ilse Gutiérrez, también ha sufrido el estigma. “Se me detectó una enfermedad desde los 17, he mutado de diagnóstico en diagnóstico. He tenido situaciones de exclusión, me corrieron de escuelas públicas, de educación superior.  Y pues bueno, a partir de ahí surgió la cuestión de tener visibilidad”.

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Escribir desde la locura

Lydiette Carrión Soy periodista. Si no lo fuera,me gustaría recorrer bosques reales e imaginarios. Me interesan las historias que cambian a quien las vive y a quien las lee. Autora de “La fosa de agua” (debate 2018).

Fotógrafo, editor, interesado en arte, cine, arquitectura, literatura, la escalada en roca y de los deportes en general, menos el futbol. duiliorodriguez.com

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