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El origen de la chispa en Latinoamérica

La chispa de las protestas ciudadanas se ha extendido en las últimas semanas en Latinoamérica. Internacionalistas especializados en cada país en conflicto detallan las particularidades y coincidencias de las movilizaciones. ¿Estamos ante el agotamiento del modelo democrático?

Texto: Vania Pigeonutt

Fotos: Víctor Ruiz Caballero / ruta35  y Fluxus Colectivo

CIUDAD DE MÉXICO.- Las multitudinarias protestas en Chile, Ecuador, y Perú, las transiciones políticas, como en las últimas elecciones en Colombia, son la muestra de que los cambios en Latinoamérica no son sólo económicos, sino políticos y sociales.

Hay un alejamiento global de las sociedades con la clase política. También, leyes antañas o esquemas neoliberales de préstamos subsidiados por el Estado y demandas añejas irresueltas, que ponen en la mesa una pregunta: ¿tienen vigencia estas democracias?

En la conferencia: ¿Qué está pasando en América Latina? Protestas e inestabilidad democrática en Chile, Ecuador y Perú, realizada en EL COlegio de México, especialistas en la región explicaron el contexto histórico y político de las protestas que en las últimas semanas han provocado un cisma en los países de discusión: muertos, encarcelados, heridos y represión.

Élodie Brun, profesora-investigadora del Centro de Estudios Internacionales del Colegio de México, introdujo la discusión recordando que, en el mundo, en los últimos cinco años las protestas han aumentado. Sobre todo, en América Latina y el Caribe. Dijo que este síntoma lleva a cuestionar sobre cómo pensamos y cómo se implementan las democracias.

En su recuento empezó por las protestas en Argentina, luego mencionó Brasil, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, Guatemala, Haití, México, Uruguay, Venezuela, pero también las ocurridas en Cataluña en España; Francia, Gran Bretaña; Irak, Irán, Líbano, Argelia, Etiopía; o Hong Kong.

 “Los motivos son diversos, pueden ser de índole político, la falta de representación política, la corrupción, el rol de las fuerzas armadas en la vida política, la fallida división de poderes, o la defensa de los derechos humanos”.

Otros motivos de las protestas, recordó, han tenido que ver con el modelo económico: con su falta de dinamismo, de crecimiento, y las desigualdades que provoca.

También destaca la lucha por el ejercicio de derechos, relacionados con la igualdad de género, el derecho al aborto o el matrimonio universal.

La chispa en Sudamérica

En Ecuador, los días de protesta más fuertes fueron del 3 al 13 de octubre. La población protestó contra la eliminación del subsidio a combustibles, entre otras medidas económicas impuestas por el presidente Lenín Moreno. En las calles de este país andino las Fuerzas Armadas patrullan de manera permanente, y la última indicación que tienen es la de afrontar a la insurgencia ecuatoriana.

Chile también se encendió con una chispa: el aumento al precio el metro. Aunque éste no fue oprobioso, la gente no aguantó más su sistema económico y llenó las plazas más representativas de la capital chilena, Santiago; inconforme porque está endeudada y el crecimiento económico no se refleja en sus bolsillos para pagarse enfermedades y educación.

El país que vive con el fantasma de la dictadura dio una fotografía mundial el pasado 25 de octubre, cuando más de un millón 200 mil chilenos comenzaron con sus “protestas transversales” y llenaron la plaza central para exigir alto a la regresión atribuida a su presidente, Sebastián Piñera. Los chilenos han sido golpeados y detenidos por carabineros; mujeres han denunciado violaciones sexuales, incluso cárceles clandestinas. En sus principales pancartas evocan a los días de dictadura militar de Augusto Pinochet.

En Perú la gente protestó luego de que su presidente, Martín Vizcarra, disolviera su Congreso el 30 de septiembre. Perú tiene constitucionalmente uno de los esquemas que más poder dan al Ejecutivo, lo cual desembocó en movilizaciones violentas. La gente, harta de su clase política, exigió un país democrático y una reforma constitucional.

A continuación, presentamos los puntos más importantes que destacaron los investigadores.

Ecuador/ Paolo Moncagata, Universidad de San Francisco Quito:

  • Hay que remontarse por lo menos 12 años. Rafael Correa en Ecuador fue un presidente que estuvo una década en el poder, del 2007 al 2017. Fue un ejecutivo muy fuerte, con mucha popularidad, incluso hasta cuando dejó el poder en 2017. Un presidente de carácter populista, enmarcado en esto que se ha llamado el socialismo del siglo XXI.
  • Con Correa hubo una expansión de la clase media. Vivían con cierto sentido de bienestar.
  • Correa restringió los derechos civiles. Criminalizó la protesta y debilitó el movimiento indígena que, en Ecuador, siempre ha sido un actor político importante desde los años 90. Correa dividió al movimiento indígena.
  • En 2017, el candidato del correísmo, Lenín Moreno, ganó la elección por un estrecho margen, incluso con acusaciones de fraude. Lo que nadie se esperaba, ni Correa ni la sociedad ecuatoriana, es que existió una ruptura entre Correa y el movimiento Alianza-País, de Moreno.
  • Hubo persecución a la clase política correísta. Incluso hay funcionarios presos y otros refugiados en la embajada mexicana, según algunas sospechas.
  • Durante el correísmo hubo esta relativa comodidad en términos económicos, por los altos precios del petróleo. Hubo también un alto endeudamiento del gobierno, sobre todo con inversiones que venían de China.
  • El motor más grande de las movilizaciones: la sociedad ecuatoriana todavía es una sociedad estructurada con poca movilidad social, sobre todo para los sectores indígenas. Es una sociedad con una desigualdad es bastante alta.
  • Ante la escalada de violencia, el Estado tuvo que retroceder, y aceptar y derogar el decreto donde se eliminaban los subsidios al combustible.
  • El estado actual es de total incertidumbre, no se sabe qué va a pasar, no hay un nuevo decreto, a pesar de que se ofreció a la sociedad ecuatoriana uno nuevo.

Perú/ Aldo Ponce, Colmex:

  • El sistema político peruano es de partidos poco institucionalizados, con volatilidad electoral muy alta; más que partidos, en general, con algunas pocas excepciones, son más facciones que cambian de nombre en cada elección.
  • En 1992, en plena presidencia de Alberto Fujimori, él decide cerrar el Congreso, con tanques y a la fuerza. Inaugura un gobierno autoritario.
  • Una década dura. Fue un gobierno populista, de derecha, autoritario con graves violaciones a derechos humanos. Se produjo un colapso de partidos. Si los partidos ya estaban débiles previo al golpe de Estado de aquel año, Fujimori les da el golpe final. Inicia una campaña de desprestigio hacia los partidos en aquella época y termina por pulverizarlos.
  • En la década del 2000, el sistema de partidos comenzó a recuperarse, aunque no de manera vigorosa. Fujimori dejó rencores en ciertos sectores de la sociedad peruana. Al dejar la presidencia, se constituyen Congresos sin mayoría.
  • En 2016, llegó Pedro Pablo Kuczynski, debido a estos colapsos en los 90 al sistema de partidos, hubo una alta fragmentación del sistema de partidos con instituciones débiles.
  • Llegó un presidente fuerte, con sistema de partidos débil, faccionalizado. A fines de 2016, estalló internacionalmente el caso Odebrecht. En Perú pegó con más fuerza. El 21 de marzo de 2018 renunció Pedro Pablo a la presidencia. Se vio envuelto en un escándalo de corrupción.
  • Martín Vizcarra asumió el poder. Hubo versiones de que pactó con la lideresa el Congreso, Keiko Fujimori, hija de Aberto, para que cayera Pedro Pablo y él fuese el presidente. Aparentemente las cosas se tranquilizarían entre estas facciones que siempre estuvieron en conflicto los años previos a la caída de Pedro Pablo. El escándalo con Odebrecht arreció. En algún momento sufrió un quiebre y Vizcarra dejó el Fujimorismo.
  • Uno de los argumentos del Ejecutivo para cerrar el Congreso fue que había obstrucción legislativa. Del partido PPK, llegó Pedro Pablo Kuczynski, de derecha liberal. La política pública que él estaba implementando no era la que tenía la mayoría fujimorista en el Congreso.

Chile/ Francisco Zapata, CIDE:

  • El día viernes 18 de octubre las protestas por el alza en el transporte público se generalizaron. Hubo torniquetes rotos, carros del tren incendiados, algo inesperado.
  • A la semana siguiente, el presidente Sebastián Piñera, frente a estas irrupciones de violencia, decretó en general la zona de emergencia. Dijo que el país estaba en guerra, con un enemigo identificable. Como el 11 de septiembre de 1973.
  • La constitución vigente en Chile es la de 1980, de Augusto Pinochet. La nación andina pasó de un régimen dictatorial a la famosa repartición binominal. Los herederos de Pinochet son una presencia constante. El Congreso salvaguarda de los intereses que defendían a Pinochet.
  • En el imaginario de Chile se reencarnó la dictadura. Los últimos 15 días, hasta el 25 de octubre, no sólo en Santiago, se está volviendo para atrás: arrestos arbitrarios, desapariciones. Los carabineros de Chile operan como en la época de la dictadura.
  • No sirve el poder judicial, los jueces están enojados. Los carabineros detienen a gente. Se habla de cárceles clandestinas otra vez.
  • El pueblo de Chile está sujeto a siglas: las AFP, las Asociaciones del Fondo de Pensiones; el CAE, el Crédito con Aval de Estado, y otras instituciones de beneficio social: salud, educación, tienen un peso importante. En Chile todo se tiene que pagar. Hay una monetarización de la vida social:  los libros pagan IVA. La gente vive endeudada.
  • El país dentro de este contexto de deuda es un país que ha sextuplicado su Producto Interno Bruto. Su economía estable se sostiene del endeudamiento colectivo.

Conclusiones:

La investigadora Brun soltó una serie de cuestionamientos que serán tarea de estas democracias y de los países que tengan relaciones directas con ellos, sobre todo en temas económicos. Como el papel de las fuerzas armadas y su presencia en las calles. Si el factor externo es determinante para la inestabilidad de estos países; por ejemplo, la crisis en Venezuela, las inversiones de China, las migraciones. ¿Está funcionando el actual modelo democrático?

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