6 junio, 2026
El jueves 11 se inaugura el Mundial en la Ciudad de México. El costo de las entradas evidencia que el espectáculo deportivo más importante del planeta está fuera del alcance de la mayoría de la población, con excepción del 1% que concentra el 40% de la riqueza del país. Frente a ello, el gobierno de Claudia Sheinbaum impulsa como alternativa el Mundial Social
Texto: Rogelio López
Foto: FIFA
CIUDAD DE MÉXICO. – En fechas recientes he escuchado numerosos testimonios de personas que recuerdan la fortuna de haber presenciado la coronación de la selección brasileña en el Mundial de 1970, con Pelé como su máxima figura. Otros evocan el “partido del siglo”, aquel juego histórico juego de semifinal entre Italia y Alemania, sí aquel juego en el que Franz Beckenbauer, el “kaiser”, jugó con un hombro dislocado y con un cabestrillo.
Algo similar ocurre con el mundial de 1986 y los goles de Diego Maradona o con la célebre tijera de Manuel Negrete. Este último, por la calidad de su ejecución, ha sido catalogado como uno de los goles más bellos de la historia de los mundiales. Muchas personas afirman haber sido testigos de alguno de estos momentos sublimes del futbol.
Estas anécdotas, en el contexto actual, donde los boletos para presenciar alguno de los 13 partidos que se disputarán en México alcanza precios exorbitantes, suelen utilizarse como argumento para sostener que en el pasado los mundiales sí estaban al alcance de “todos” y el testimonio de haber asistido a uno de estos encuentros prueba así era.
Sin embargo, aunque en los pasados dos mundiales celebrados en México seguramente hubo algunas personas de sectores populares que pudieron asistir al estadio, ello no necesariamente prueba que esta haya sido la generalidad y que cualquier aficionado hubiese podido presenciar un juego en el mundial.
En mi caso, por ejemplo, a pesar de que mi papá contaba con estudios universitarios, trabajaba en el Gobierno del Distrito Federal, y que nuestra familia tenía casa propia —aunque todavía en obra negra—, automóvil y quizá lo más importante, en casa había dos apasionados por el futbol, asistir a un partido del Mundial, estaba completamente descartado por estar fuera de nuestras posibilidades. De ahí el vago recuerdo que tengo de haber visto en ese mundial a la selección mexicana en una televisión en blanco y negro con un gancho de antena y unas pinzas para ajustar el volumen.
El debate se mantiene abierto. Sin embargo, lo que parece indiscutible es que el mundial que inicia el próximo 13 de junio no solo excluye definitivamente a los pobres —como en realidad, pienso que siempre ha ocurrido— sino que además en esta ocasión niega el acceso a las clases medias que son las que tradicionalmente habían podido acceder a estos eventos.
Por ejemplo, en el mundial de 1986 se comercializaron paquetes de boletos para poder asistir a 13 encuentros en la Ciudad de México (9 en el Estadio Azteca y 4 en Ciudad Universitaria) el paquete más barato tuvo un costo de 8 mil 125 pesos de aquella época, lo cual equivalía a aproximadamente 4 salarios mínimos de la época, hoy un boleto para un partido donde juegue la selección mexicana no cuesta menos de 85 mil pesos en el portal oficial de la FIFA lo que equivale a aproximadamente 222 días de salario o poco más de 7 meses de sueldo.
Aunque en apariencia los precios de 1986 ponían el mundial al alcance de todos, no podemos omitir el papel que jugó la reventa y el acaparamiento de las entradas por ciertos sectores de la sociedad.
En esta ocasión el mundial en México se ha convertido en un evento dirigido principalment a los “mirreyes” y “whitexicans”. Los partidos de la selección mexicana, amenazan con convertirse en un sucursal del Gran Premio de México de la Fórmula 1.
El año pasado, se hizo viral el contenido del canal de Youtube Proyecto Escolar, referente al Gran Premio de Fórmula 1 realizado en la Ciudad de México, donde Marco, el conductor del canal , un joven rubio, alto, que viste saco y pantalón de mezclilla, podríamos decir el estereotipo de un chico “fresa” de alguna escuela privada, quien realiza pequeñas entrevistas a los asistentes al evento “deportivo”, el cual ha sido galardonado con la distinción del “mejor premio del año” durante tres años por la Fórmula 1.
Marco sabe que los entrevistados lo identifican como uno de los suyos, hecho que ayuda a que se sientan en total confianza y contesten con naturalidad y honestidad —o cinismo— preguntas cuya respuesta exponen el aspiracionismo, el machismo, la superficialidad, el clasismo y la ignorancia de los asistentes a estos eventos. Algunos confiesan haberse endeudado para asistir al evento, mientras otros reconocen que están ahí solo como un acto normal de su vida social, porque de automovilismo no saben nada.
Un boleto para asistir dos días al Gran Premio de México puede alcanzar 65 mil pesos, inalcanzable para el trabajador promedio. En el Mundial pasa algo similar, se dio a conocer que en algunas plataformas se cotizan paquetes para ver los 5 partidos en el Estadio Azteca —que ahora se llama Estadio Banorte pero que para el Mundial se ha denominado Estadio Ciudad de México— en palcos para 27 personas por 1.5 millones de dólares.
Sin embargo, esto no representará un obstáculo para garantizar un lleno total en los partidos que dispute la selección mexicana. En un país como México de más de 130 millones de habitantes, hay por lo menos 1.3 millones como dice Oxfam México, el 1% percibe el 35% del ingreso total y posee el 40% de la riqueza nacional.
Conviene recordar también que en al Mundial de Qatar de 2022 viajaron más de 90 mil mexicanos, fueron la quinta afición más numerosa y la tercera entre las que más gastaron solo detrás de Arabia Saudita, Estados Unidos y por encima de Reino Unido. Si se considera que un paquete para asistir a los tres juegos que disputó la selección rondaba los 11,900 dólares, haciendo un sencillo cálculo, al multiplicar este número por los aficionados, los mexicanos que viajaron a Qatar pudieron haber gastado más de 1000 millones de dólares.
Es precisamente a ese sector de la sociedad que porta el jersey oficial, usa sombreros de charro y se disfraza del Chapulín Colorado o de Chavo del 8, al que está dirigido el Mundial de Infantino.
El elevado costo de los boletos ha sido reconocido por la misma presidenta Claudia Sheinbaum, quien en una conferencia mañanera en diciembre del año pasado mencionó eran «bastante caros”. Ante esta realidad, en la que el gobierno no tiene ninguna posibilidad de influir, pues el mundial es un evento privado, pero que eso sí la FIFA pone una serie de condiciones a los gobiernos de las sedes, y no al revés.
Aspecto que quedó de manifiesto en las palabras de Gabriela Cuevas —aquella panista que pagó la fianza de AMLO en 2005 en el proceso del desafuero para que este no fuera encarcelado y así no se “victimizara”— quien hoy funge como coordinadora de los trabajos del Gobierno Federal para el Mundial 2026, y que en el contexto del seguimiento a los trabajos del Mundial Social, orgullosamente declaró: “Hemos cumplido con todas las condiciones que fueron establecidas desde un inicio con la FIFA” y destaca los logros como “goles”.
El Mundial Social es una iniciativa impulsada por el Gobierno Federal para canalizar la euforia mundialista de niñ@s y jóvenes mediante la promoción de la práctica del futbol a través de la organización de torneos de barrio, los torneos del pueblo, con la finalidad de incentivar la práctica del deporte; y la formación de jugadores a través de “canteritas”, semilleros que puedan en algún momento nutrir las “canteras” de los equipos profesionales de futbol.
Para ello se invirtieron millones de pesos en la rehabilitación y construcción de 4,208 canchas de juego, así como para la organización de torneos. Con estas acciones, se busca que el deporte se convierta en una alternativa para la población que traiga efectos positivos para la salud, el fortalecimiento del tejido social y el desarrollo de las comunidades.
Y si bien, el Mundial Social es una iniciativa importante, de hecho quizá sea el aspecto más rescatable de un Mundial que ha recibido críticas por amplios sectores de la sociedad mexicana.
Entre los cuestionamientos más frecuentes están los de las comunidades que se han visto afectadas a partir de los procesos de renovación urbana que han implicado la adaptación de distintos espacios de la ciudad para recibir a los 5 millones de turistas extranjeros que se calcula visitarán el país. Aspecto que ha implicado, el acaparamiento de fuentes de agua (Proyecto conjunto del Estadio Azteca); el alza en el precio de las rentas en viviendas, que a su vez genera el desplazamiento algunos sectores de la población; por otro lado, las obras y remodelaciones orientadas a modificar la imagen urbana, también traen consigo acciones de limpieza social y privatización de espacios públicos.
Si ampliamos la mirada a la escala regional de América del Norte, vemos que el país que concentra el 80% (78) de los juegos en su territorio, Estados Unidos, amenaza con hacer redadas de ICE para detener inmigrantes en los partidos o en los eventos del Mundial. Al mismo tiempo, el presidente de este país le sugiere a la FIFA que le quite a Irán su lugar para otorgarselo a Italia —país que lleva tres mundiales sin asistir—, ante la negativa del organismo, este país ha obligado al seleccionado Persa a pernoctar en Tijuana, México, a pesar de que sus partidos se realizarán en Estados Unidos.
Todo esto parecen ser nimiedades, si tomamos en cuenta cosas aspectos aún más graves, como la abierta participación de Estados Unidos en el genocidio de Palestina —y ahora en la limpieza etnica en el Líbano al proporcionar armas y financiamiento a Israel—, las agresiones hacia Irán, el asfixio de Cuba y el intervencionismo en México y América Latina —Venezuela, Honduras, Colombia—. Elementos más que suficientes para cancelar o por lo menos boicotear este mundial.
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