Texto: José Ignacio De Alba. Foto:  Fernando Santillán

30 de enero de 2018

Nadie supervisa a la policía de la ciudad

¿Por qué parece que las grandes crisis en los gobiernos de la Ciudad de México están relacionadas con su policía? Desde el New´s Divine al Heaven, y ahora con Marco Antonio Sánchez, las historias de los abusos policíacos se repiten sin consecuencias. El padre del joven, que sigue hospitalizado, solo pide una cosa: que se investigue qué pasó y que esto sirva para que las autoridades respeten a los ciudadanos

“Quien no controla sus cárceles y quien no supervisa a sus policías no tiene control del crimen”, dice Gabriel Regino, quien fuera subsecretario de Seguridad Pública de la Ciudad de México en la administración de Marcelo Ebrard.

En entrevista, el especialista en seguridad y derecho penal asegura que la rendición de cuentas de las fuerzas policiacas es la piedra angular para mantener saludable a la institución: “En otros países el secretario de seguridad publica hubiera tenido que renunciar, pero aquí, como no reconocen que hay un error no van a hacer nada”.

Cuando se le pregunta si la instalación de cámaras de vigilancia puede mejorar la seguridad en la ciudad, responde enfático: “No sirven, eso es todo. ¿Cuánto dinero se ha invertido y de qué ha servido?”.

El exfuncionario dice que la policía de la ciudad necesita limpiarse de corrupción y mejorar sus políticas internas. Asegura que sin controles en la dependencia y sin una política efectiva de prevención de delitos, las tragedias como la del New´s Divine, donde 12 jóvenes murieron aplastados en un operativo policíaco, el del Heaven, donde 13 jóvenes fueron secuestrados en un bar y luego asesinados, y el caso de Marco Antonio están destinadas a repetirse.

“En el caso New´s Divine (2008), fue una decisión arrebatada del entonces secretario de seguridad pública (Joel Ortega Cuevas), que tenía un enfrentamiento con el entonces procurador (Rodolfo Félix). Quiso ganarse las palmas haciendo operativos ipso facto, sin planeación. Entonces eso es lo que ocurre. En el caso Heaven (2013) es una ausencia del trabajo policial preventivo, es conocido que en las grandes ciudades existen los denominados after, que son lugares donde hay incidencia delictiva, de narcomenudeo que operan al marco de la ley. Lo que se vio en este caso con Marco Antonio es que no hay ningún tipo de revisión que se ejerza y que permita se cumplan las cosas al pie de la letra. Esta ausencia de liderazgos deja espacios abiertos, que llena la corrupción”.

Pero los controles no existen. La policía de la Ciudad de México y la Procuraduría de justicia capitalina suman 25 recomendaciones de la Comisión de Derechos Humano, sólo en la administración de Miguel Ángel Mancera, por abusos policíacos que incluyen tortura, violación y asesinato.

En el caso de Marco Antonio, Regino aventura una hipótesis: que haya bandas del crimen que tengan cooptados a los policías y que, en una confusión, éstos hubieran intentado desaparecer y matar a Marco Antonio.

Dos de los cuatro policías de la Ciudad de México implicados en la desaparición de Marco Antonio, están prófugos. Agentes de la Secretaría de Seguridad Pública capitalina viajaron a Tláhuac y allanaron la casa de uno de ellos en su búsqueda. El mismo lunes otros elementos viajaron a Teconapa, Guerrero, en busca del otro que tampoco fue encontrado.

La familia de uno de los policías prófugo buscó ayuda Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México. “Los familiares de uno de ellos vinieron a interponer una queja. Estamos investigando eso”, dice en entrevista Nashieli Ramírez, titular de la comisión.

La defensora de derechos humanos coincide con Regino en que hace falta supervisar los protocolos policiacos y capacitar a las fuerzas policiacas. En el caso de Marco Antonio, dice, “debieron de haberlo llevado ante el sistema de justicia penal para adolecentes, cuestión que no se hizo. Y debieron de haberle hablado a sus papás, cosa que tampoco se hizo”.

La CDHDF prepara sus conclusiones sobre el caso, por lo que Ramírez no puede adelantar información sobre la investigación en curso. Solo aclara que al gobierno de la capital le toca investigar y deslindar responsabilidades sobre lo qué pasó, porque la situación por la que pasa Marco Antonio, que sigue hospitalizado y con alteraciones de conducta y discurso desorganizado, es producto de lo que vivió los cinco días que estuvo desaparecido, no de afectaciones anteriores.

En este sentido, se le pregunta si las autoridades ministeriales del Estado de México también fueron omisas con la ley y pusieron en riesgo al adolecente de 17 años.

“En el proceso de la búsqueda inicial nosotros habíamos pedido la colaboración de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de México; también se pidió que se abriera una investigación allá, porque los datos que son públicos nos hablan de que el día en que pusieron a disposición en Tlalnepantla a Marco Antonio se debió de haber aplicado el protocolo para personas menor de edad y no nomás eso, como se pudo ver en los videos, era una persona que estaba en una circunstancia que ponía en riesgo su integridad física”.

Marco Antonio Sánchez fue detenido el 23 de enero por agentes del sector hormiga de la policía capitalina; un amigo suyo registró cómo lo golpearon al detenerlo y luego lo subieron a una patrulla; después de eso, el joven desapareció durante cinco días. Los policías involucrados aseguran que lo liberaron unas calles después debido a que quien lo había acusado de robo ya se había ido. Cuando fue localizado, el 28 de enero, a 32 kilómetros de la detención, estaba visiblemente lastimado y aturdido.

Hasta ahora, sigue hospitalizado en el Instituto Nacional de Pediatría. Su padre dice que está “estable”, pero aún no reconoce a la gente ni puede decir lo que pasó.

El gobierno de la ciudad de México deslindó a los policías de la responsabilidad de la desaparición del joven, por lo que no se ha hecho cargo de los gastos médicos que requiere su atención. La familia de Marco ha tenido que pagar algunos estudios, como la tomografía, que costó casi dos mil pesos.

El padre de Marco es claro, él no quiere “ayuda”. Se conforma con que las autoridades investiguen. “Nosotros estamos pidiendo que se actúe conforme a la ley, no estamos pidiendo otra cosa. En lugar de estar en dimes y diretes que se pongan a trabajar. A tratar de evitar todos estos problemas”.

Para el padre de Marco, el diálogo con el gobierno de la ciudad ha sido difícil: “casi casi estamos al tú por tú. David contra Goliat, porque es enfrentarnos contra el gobierno para que investiguen”. Pero se dice confiado de que “la verdad va poniendo las cosas en su lugar”.

Cuando se le pregunta si piensa que otros jóvenes podrían pasar por lo mismo responde que sí, y que esta situación debería servir para mejora a la policía y que esto no vuelva a suceder. “Que haya un respeto de la autoridad hacia el ciudadano, haya hecho lo que haya hecho”.



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Categoría: Crónicas y reportajes. Violencia de Estado / Impunidad. Memoria /Desaparecidos.. Violencia de Estado / Ejecuciones, tortura y detenciones 

José Ignacio de Alba

José Ignacio De Alba

Fue educado en escuelas católicas hasta que se volvió ateo. Es huraño y trotamundos. Estudió periodismo y nunca se graduó. Suele tener más fe en las viejas narrativas que en las nuevas.