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Textos: Arturo Contreras

Imágenes: María Fernanda Ruíz

29 de enero de 2019

Revisar el transporte público: primera batalla para su reordenamiento

Con 23 autobuses en el corralón, inició una inspección, que durará dos meses, a un tercio de la flotilla de camiones de la Ciudad de México. Éste es el principio de la cruzada para ordenar el transporte público concesionado que lanzó la Secretaría de Movilidad. También pretenden poner GPS en las unidades y crear un sistema de pago único para toda la ciudad

Al salir del Metro Taxqueña entras a un laberinto de pasillos, escaleras, andenes, calles, mercados ambulantes y filas de gente. Sobre todo filas.

Todos esperan en silencio a subirse a un microbús, si no tienen suerte, está destartalado. Todos parecen saber a dónde van; sin embargo, no hay un letrero en los andenes que diga bien a bien los destinos ni las rutas.

Un camión se va, por poco la gente sale de la ventana de tan lleno; atrás de él llega otro para retacarse igual, alimentado de una fila de gente que parece no tener fin. Éste es el Centro de Transferencia Modal de Taxqueña, o como le dice la mayoría, el paradero.

Reordenar ése otros y espacios del transporte público es el desafío del gobierno de la Ciudad de México.

“¡Ésta es la meta más ambiciosa, es la madre de todas las batallas, es un reto gigantesco que se están planteando!” asegura Gonzalo Peón Santiago, director del programa México del ITDP, el Instituto de Políticas para el Transporte.

Gonzalo Peón se refiere al plan que tiene Andrés Lajous, el secretario de Movilidad de la ciudad, para ordenar el transporte urbano de superficie, como se le dice rimbombantemente a los camiones, microbuses, trolebuses y metrobuses de la ciudad.

La semana pasada, el secretario anunció un plan de revisión con el que pretende pasar revista a las 30 mil unidades de transporte público concesionado de la ciudad (sólo autobuses y microbuses).

El plan apunta a mejorar las condiciones de seguridad y la calidad del servicio. Por ello, la revisión pone atención a las líneas de camiones que más accidentes presentaron, sin embargo, sólo es la primera fase de un proceso largo para recabar información de cómo operan estas unidades y mejorar el servicio.

Después de la revisión, la Secretaría de Movilidad pretende instalar un dispositivo de localización por satélite, un GPS, en cada unidad, para monitorear su actividad, recabar información y poder diseñar un plan de mejora para el transporte público.

La tercera fase sería desarrollar un programa de pago homologado, por medio de tarjetas para todo el transporte de la ciudad. Como las tarjetas de Metro y Metrobús.

“Lo que se mejore ahí, aunque sea un poquito, tiene la posibilidad de impactar muy fuertemente a un gran porcentaje de la población” asegura Gonzalo Peón, del ITDP, una organización internacional sin fines de lucro que promueve el transporte sustentable, y con la que había colaborado Andrés Lajous antes de ser secretario.

En la ciudad, el 75 por ciento de los viajes se hacen en transporte público concesionado.

“Ha habido esfuerzos que van poco a poco”, dice Gonzalo. Como ejemplo menciona el Metrobús, que para la Ciudad de México ha funcionado muy bien.

“Es uno de los modelos, no es el único, igual, ya ha funcionado aquí en la Ciudad de México. Este primer paso de la tecnología me parece que es muy adecuado y queremos ver cómo acompañar el trabajo”.

“Lo que está planteando (el secretario de Movilidad) es tomar al toro por los cuernos, pero requieren varias cosas”, asegura.

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Una revisión sorpresa

Armando Celestino es chofer de un microbús modelo 1994, de esos cuadrados a los que le suenan todo, pero muy limpio y en buenas condiciones. Lo maneja todos los días, del paradero de Taxqueña a Xochimilco, cruzando uno de los ramales de la Ruta 36.

Este paradero, la semana pasada fue testigo del inicio de la verificación a camiones que llevaron a cabo la Secretaría de Movilidad y el Instituto de Verificación Administrativa de la ciudad (Invea).

A Armando le asustan este tipo de verificaciones, y no porque su unidad esté vieja, sino porque a él le toca poner el dinero para el mantenimiento.

Dice que nada más en haberle pintado las líneas de los costados y el cofre de verde, y por haberle cambiado dos llantas, se gastó 5 mil pesos.

“A mí me ha tocado ver que a carros muy bonitos, muy bien arreglados, les pongan los sellos”, cuenta. “Pero lo que más me molesta es la prepotencia con la que actúan los que verifican”.

Armando asegura que llegaron en la mañana, los del Invea, y dicen que incluso felicitaron a algunos choferes por la buena calidad de las unidades, pero después, en la tarde, regresaron y le pusieron sellos para no operar a varias unidades.

“Es que está canijo, si tú no tienes un sustento, cómo vas a reemplazar las unidades”, dice moviendo la cabeza de un lado a otro. “Hay gente muy pendeja en todo esto”.

Lo curioso de la revisión es que, según lo anunciado por el secretario de Movilidad, se aplicaría a las unidades de las rutas que más accidentes presentaron, empezando por la ruta 1, la 18 y la 14, sin embargo, según cuentan los operadores de Taxqueña, agarraron a puros microbuses. A ningún autobús.

En esta parte del paradero hay camiones de las rutas 36, 91, 56, 44 y 12. Y aunque a los choferes les dijeron que sólo iban por los de la ruta 1 y 56, les tocó a todos.

“Incluso a mí me tocó ver que en la salida atravesaron dos motos, para que no se fueran los camiones. Y revisaba a todos, así trajeran pasaje”, cuenta Óscar Calderón, otro chofer.

Otro chofer escucha la conversación y dice con sorna: “N’ombre, aquí no fue una verificación, fue una chinga general”. Sin embargo, ninguno de ellos vio que se llevaran ninguna unidad al corralón, lo que contrasta con la información oficial, que asegura que se llevaron 23 unidades.

A pesar de eso, a Óscar no le molestan las revisiones. “Si son para mejorar, pues bienvenidas, pero la cosa es que luego abusan y se ensañan”, opina.

Óscar maneja otro microbús modelo 2008, que más bien parece un camión chiquito. Asegura que el carro está en perfectas condiciones. Sin embargo, los del Invea le pidieron que cambiara el piso de linóleo, porque ya estaba deslavado.

“Se me hace injusto, porque mira”, dice mientras señala hacia afuera, a otros camiones “esos todos madreados y no les dijeron nada”.

Hay quienes piensan que estas revisiones son muy necesarias. Como Nicolás Rosales, coordinador institucional de la Asociación Mexicana de Transporte y Movilidad (AMTV), que agrupa 18 de las empresas de transporte concesionado que se han convertido en corredores.

“Es muy claro que se pretende una regularización del estado de las unidades, que es muy necesario, porque una de las principales cuestiones es la seguridad legal y física de los pasajeros”.

De acuerdo con Rosales, el proceso de revista de las unidades de transporte concesionado estaba muy corrompido. “Todo se solucionaba con una mordida”, asegura. “Y es que eso no puede ser así, para poder prestar un servicio de calidad, pues tienes que tener todos los papeles en regla”.

Los camiones de la Ruta 111, que forman parte de uno de estos corredores y que también tienen base en el paradero de Taxqueña, no fueron sujetos de la revisión de la semana pasada.

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Y los GPS ¿para qué?

 

Si bien la revisión de las unidades concesionadas abarcará a 11 mil de las 30 mil unidades de transporte público que navegan la ciudad, aún no se ha anunciado qué pasará con el resto. No obstante, el siguiente paso en la estrategia está claro: integrar un sistema de rastreo satelital en todas las unidades.

La idea es recabar información para diseñar políticas de mejoramiento más eficientes.

Para Gonzalo Peón, del ITDP, parece una idea genial. El año pasado, en ese Instituto hicieron un experimento parecido.

Instalaron sistemas GPS y otros sensores a los camiones de dos rutas, una para hacer una intervención y la otros para usarla como control comparativo.

El primer mes fue nada más para recabar datos, y a partir del segundo, en la ruta del experimento, instalaron un sistema de alarma que chillaba cada vez que el motor de un camión pasaba las mil 800 revoluciones por minuto, también cuando excedía los 50 kilómetros por hora, cuando pasaba detenido más de 5 minutos y cuando daba vueltas muy bruscas o frenones toscos.

Con el experimento lograron corroboraron que el monitoreo permite medir qué tan seguro es el servicio de transporte público, e incluso puede reducir el gasto de combustible.
Primero vieron una disminución en la velocidad máxima de los camiones, así como en la frecuencia con la que se excedían los límites de velocidad.

El segundo resultado se vio en la eficiencia del uso de combustible. Al reducir los tiempos muertos y las velocidades máximas, se disminuyó el consumo de diésel… aunque sólo en un 3 por ciento.

¿Corredores por rutas?

 

El gobierno de la Ciudad de México no ha anunciado qué va a pasar después de estos tres primeros pasos que incluyen la verificación, la recopilación de datos vía GPS y la unificación del método de pago, Andrés Lajous perfiló lo que podrían ser sus planes en una entrevista con Pie de Página.

De acuerdo con él, una buena opción para sustituir unidades, y mejorar los tiempos de recorrido, es adoptar el sistema administrativo de Metrobús, de pago unificado.

A mediano plazo, esta política busca renovar la flota de autobuses de la ciudad, lo que ha sido una promesa de movilidad constante en varias administraciones.

El último programa de gobierno que apuntó a esto fue el de los fondos de chatarrización, aplicado durante la gestión de Miguel Ángel Mancera, en la cual el gobierno destruía unidades viejas y otorgaba a cambio dinero que se iba a un fondo con el que se financiaba parte de la sustitución de unidades, explica Nicolás Rosales, de AMTM.

Los concesionarios tenían que formar una empresa, que era la que recibía el fondo de chatarrización. Pero no tuvo el alcance necesario y no pudo recolectar los recursos necesarios para sustituir todas las unidades.

“Ahora, esa sustitución la tienen que hacer los transportistas por sí solos, lo que a veces es muy difícil de lograr” asegura Nicolás Rosales.

Sobre todo, si se considera que no mucha gente, menos los camioneros, tienen acceso a créditos tan grandes como para comprar camiones que rozan los 900 mil pesos.

Desde que existe la AMTM, ha recibido a representantes de muchas rutas de camiones que quieren convertirse en corredores; en sus 8 años de existencia ha transformado 3 mil microbuses en 18 corredores.

Pero ¿los choferes de camiones están dispuestos a dejar sus microbuses y convertirse en empresas?

De regreso en el paradero de camiones de Taxqueña, Óscar, un chofer del lugar enciende la máquina de su microbús y avanza para que la gente que está formada empiece a subir.

No cree que la ruta que maneja, que va de Taxqueña a Xochimilco, funcione como un corredor de camiones concesionados.

“Es que esos quedan muy bien en las rutas largas, como la de periférico, que va hasta el toreo, pero ¿en ésta? Yo la recorro en 25 minutos, sin tráfico. Unos 45 en hora pico”.

Además, les tiene cierto resquemor, porque en un caso que él conoció se redujeron las unidades, de 250, más o menos, a 100, y como dice, pues sí les afecta.

“Se requiere una inversión fuerte para transformarnos en corredor, y no todos tenemos”, asegura.

 

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Arturo Contreras

Arturo Contreras

Periodista en busca de nuevas maneras de contar historias y así dar un servicio a la ciudadanía: Crowdsourcing, datos y nuevos medios. Crónica y narrativa.