La nota roja está presente en todos los medios: Lara Klahr

29 febrero, 2020

¿Sería posible pensar que el detenido por matar a Ingrid Escamilla no sea culpable? ¿Hasta dónde llegó su enjuiciamiento mediático? ¿Qué hay de la familia de la niña Fátima? En democracias tan deficientes como la nuestra, casi ningún medio se salva de la lógica de la nota roja: el escarnio

Texto: José Ignacio De Alba

Fotos: María Fernanda Ruiz

Los casos de Ingrid Escamilla y la pequeña Fátima se convirtieron en asunto público, igual que sus vidas. En ambos feminicidios, los medios publicaron la historia hasta la detención de los supuestos homicidas. En el frenesí de noticias pareció que los implicados pasaron directo, de la detención, a la condena. Nadie parecía recordar que los detenidos deben pasar por un proceso judicial.  

Algunos medios de nota roja tuvieron material gráfico “exclusivo” de Ingrid y del lugar donde fue asesinada.  Y exhibieron las fotografías sin miramientos. Pero todos los medios participaron en una especie de show, donde nadie tuvo cuidado de respetar los derechos de las víctimas y de los detenidos. La proyección mediática se interpuso ante las torpes autoridades, asegura Marco Lara Klahr.

Lara Klahr es periodista especializado en temas de justicia y derechos humanos. Es también académico, y ha escrito casi una decena de libros dedicados a analizar la prensa latinoamericana. Da talleres de periodismo y justicia y ha dedicado media vida promoviendo que en el periodismo se respete el derecho a la presunción de inocencia, así como a no violar los derechos de los detenidos.

¿Cómo evalúas la cobertura del caso de Ingrid Escamilla?

— Lo primero que pienso: si bien hay medios especializados, de nicho de nota roja, en sociedades tan deficitarias democráticamente como la nuestra, la nota roja está presente en todos los medios.

La nota roja no es inocente

“La primera característica de la nota roja es que aísla la realidad y la saca de contexto. La nota roja enfoca el conflicto penal y lo sitúa en el terreno del pecado y no el terreno de la transgresión legal. La nota roja plantea el debate interminable entre el bien y el mal”, explica Lara Klahr.

El investigador señala que es importante entender que la nota roja es el tratamiento que se le da a los temas de violencia. No es el periodismo dedicado a cubrir la violencia; que se encuadra como periodismo policiaco, judicial o de derechos humanos.

El académico tiene la hipótesis de que si cualquier otro medio — aunque no fuera de nota roja — hubiera obtenido las fotos del caso de Ingrid las hubiera publicado.

«Esta vez fueron medios de nota roja, por eso el debate se volvió facilón desde mi punto de vista. La pregunta interesante es si otros medios la tenían y no la publicaron, esa sería la pregunta de oro”.

Marco Lara Klahr

Los otros medios

Lara Klahr dice que hay casos como el del la periodista Maribel Flores, asesinada en Puebla, donde las fotografías fueron exhibidas por el portal de Aristegui Noticias. Otro ejemplo que da es el de la niña Paulette, donde Milenio publicó retratos sin reserva o el caso de Ciro Gómez Leyva, quien constantemente publica imágenes captadas en cárceles donde se expone la vida íntima de las personas. Incluso explica, Proceso suele publicar cabezas desmembradas. También El Universal, La Jornada y Reforma violan constantemente el debido proceso.

Otros medios, como Televisa  y Tv Azteca, son muy dados a hacer producciones a partir de casos, como el de Florence Cassez. O como el asesinato de Arturo Beltrán Leyva (2009) donde las televisoras y periódicos se prestaron a que la Marina modificara la escena del enfrentamiento para que fuera retratado.

Lara Klahr explica que con el asesinato de Ingrid, los llamados “medios serios” reprocharon a La Prensa y a otros tabloides de nota roja “como gritando: ‘¡al ladrón!’, cuando en realidad es que todos lo hacen todo el tiempo”.

Juez, parte y periodista

“A mí me impresiona la manera en que los medios y los periodistas nos situamos en una condición de superioridad moral y decidimos quién es un canalla, quién es culpable, quién es un feminicida. En vez de decir: ‘lo que queremos es justicia, verdad, reparación y restauración’: la esencia de los derechos humanos”.

Además, la exhibición mediática ”puede tener consecuencias en el proceso”,  el académico dice que hay cada vez más casos en que la exhibición mediática hace que se desvanezcan los casos, porque quedan viciados. Lo que señaló la Suprema Corte de Justicia «como el efecto corruptor de la justicia”, en el caso Florence Cassez, dice Lara Klahr.

Cassez fue detenida en 2005 por presuntamente colaborar en el secuestro de varias personas. Su supuesta aprehensión fue grabada por los medios, quienes la presentaron como un hecho en vivo y directo. Luego se supo que fue un montaje. Por fallas al debido proceso la mujer fue liberada en 2013.

Lara Klahr dice: “cuando defendemos el debido proceso, no estamos defendiendo delincuentes y atacando a víctimas. Lo que estoy diciendo es que el orden es un mecanismo de transformación pacífica de conflictos. También es un mecanismo habilitador de derechos, tú nunca vas a habilitar los derechos de las víctimas si violas los derechos de las personas imputadas, bajo investigación o detenidas. Mucho menos garantizar que la víctima va a tener reparación de daños y acceso a la verdad”.

La historia se termina en la detención

Lara Klahr reprocha que ningún medio esté hablando sobre cómo está siendo restaurada la familia de Fátima o Ingrid. Pareciera que en este punto ya no se necesita hablar de eso, ni siquiera hablar de la verdad, porque ya tenemos a un culpable. “Ya tenemos a alguien para echar en la la hoguera”, resume el académico.  

En la Ley General de Víctimas se establece que hay víctimas secundarias, los padres de Ingrid y de Fátima. Incluso, los hijos de los detenidos.

“En la nota roja el linchamiento visibiliza todas las implicaciones que tiene lo que pasó. Nadie se interesa por la rehabilitación de los derechos. Las víctimas  son dejadas a su suerte, por los medios y por gran parte del movimiento social”.

La función oculta y a la vista de la nota roja

¿Cuál es la función de la nota roja, sirve de algo?

— La nota roja es un mecanismo legitimador de un sistema penal autoritario. Para eso sirve. Es el brazo mediático de un sistema penal concebido como mecanismo de control social. Usando una categoría marxista, ese es el carácter superestructural de la nota roja. Es decir, es un legitimador de un sistema de justicia avasallante hacia los pobres, avasallante hacia los débiles, avasallante hacia las minorías. Ese es un componente. El otro es que la nota roja ha sido un producto muy lucrativo para la industria de las noticias, en sus diferentes presentaciones.

Lara Klahr explica que la nota roja no es exclusiva de México y asegura que en las sociedades democráticamente más consolidadas los ciudadanos tienen más herramientas para protegerse, también los medios tienen más estándares para la publicación de contenidos. Pero eso no lo cumplen fuera de sus países.

“Es habitual, en el caso del diario español El País, que respete las normas en su manual de estilo únicamente en su edición local; y en todas los demás no. Esa es una actitud muy colonialista”, dice.

Medios para dinamitar relaciones humanas

¿Qué pasa en el caso de las redes sociales, como Facebook y Twitter, que reprodujeron las fotos de Ingrid?

— Eso habla mucho de la calidad de la calidad de la democracia; en una sociedad con fundamentos más democráticos con una ética ciudadana más consistente, con unas instituciones que funcionan pues necesitas menos, o es menos virulento un espacio como Facebook o Twitter. La virulencia en las redes sociales es directamente proporcional a la incompetencia de las instituciones del Estado para resolver problemas.

Lara Klahr dice que es importante también la autocrítica en la audiencia, donde “hay un serio problema de alfabetización mediática, porque estamos usando los medios para dinamitar las relaciones humanas”.

¿Cuál es el límite para publicar algo?

— Los medios en México no tienen ingenierías de procesos editoriales, como industria y los pocos que lo tienen como Reforma, no lo tienen transversalizados por los derechos humanos.

El académico dice que los medios de comunicación deben tener procesos editoriales, como la industria de alimentos tiene mecanismos de calidad para elaborar comida.

Las compañías periodísticas, dice, deben tener reglas y estatutos para garantizar que las publicaciones se apeguen a derecho y garanticen los derechos humanos de las personas.

Algunas producciones periodísticas cuestan mucho dinero…

— Producir noticias de calidad implica un costo que una industria como ésta, que tiene políticas laborales tan leoninas, que depende del dinero público y cuya sobrevivencia depende de su proximidad con el poder, tiene dificultades para obtener. También por eso, tenemos un altísimo nivel de información chatarra.

Después de publicar los feminicidios de Ingrid y Fátima los casos quedaron abandonados por la prensa, la burbuja mediática se rompió. Las detenciones de los homicidas aliviaron la presión de las autoridades capitalinas, pero para la gente los culpables ya fueron quemados en la hoguera. Pero si esto “no genera un aprendizaje social”, entonces pareciera que las tragedias se convierten en divertimento. 

Lara Klahr explica que en otros países, como Noruega, cuando sucede un asesinato atroz o un atentado — como el sucedido el 22 de julio de 2011 cuando un hombre mató a 77  personas — la gente no elucubra sobre la maldad de perpetrador. Más bien piensa: “qué estamos haciendo mal, para que alguien de nosotros, de nuestra comunidad, actúa así”.

Fue educado en escuelas católicas hasta que se volvió ateo. Es huraño y trotamundos. Estudió periodismo y nunca se graduó. Suele tener más fe en las viejas narrativas que en las nuevas. Le gusta escribir historias.

Foránea siempre, lo suyo es lo audiovisual y el periodismo es la vía por donde conoce y cuestiona al mundo.

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