Texto y fotos: Heriberto Paredes Rodrigo Caballero

19 de noviembre de 2018

La desaparición violenta: una enfermedad de jóvenes

La Piedad, Michoacán, es puerta de entrada a Guanajuato y Jalisco. Esta cualidad geográfica del municipio lo hizo valioso para grupos criminales, autodefensas y proyectos económicos. Y estos intereses han desatado una violencia que no para. La carne de cañón han sido hombres jóvenes

 LA PIEDAD, MICHOACÁN.- Virginia Hernández López espera en la segunda hilera a que la marcha comience. Sostiene un periódico en dónde aparece su hijo en la fotografía central, el encabezado de la edición del periódico El día sostiene: «Frustran manifestación y retienen a 12». Al acercarnos para ver con detalle la imagen, la mujer de alrededor de 60 años señala con el dedo el rostro de su hijo desaparecido.

“El jefe de plaza de aquí le pagó 200 pesos a varios muchachos y se los llevó a Yurécuaro para manifestarse contra las autodefensas; no quería que se extendieran a La Piedad”. Ahí en la Piedad desde entonces había células del Cartel Jalisco Nueva Generación, y los líderes de este grupo habrían organizado una marcha falsa en los primeros días de febrero de 2014 contra las autodefensas; les preocupaba que entre los rebeldes venían “templarios perdonados”; y estos podrían disputarles el territorio.

La nota periodística está fechada el 4 de febrero de 2014 y para Virginia esta es la fecha en la que su hijo de 22 años desapareció. Óscar Javier López Hernández, trabajador de la construcción, padre de una niña y un niño que actualmente tienen nueve y seis años respectivamente, desapareció junto con otros cuatro jóvenes que no son buscados por sus familias, por miedo a represalias.

La Piedad es una zona limítrofe entre Michoacán, Jalisco y Guanajuato silenciada desde 2015 por la violencia, los levantamientos de las autodefensas contra los Caballeros Templarios terminaron abriéndole la puerta al Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), que ahora mantiene un control del municipio y sus alrededores.

El periódico de doña Virginia es el único vestigio de la presencia de Óscar en el intento por afectar las autodefensas de Yurécuaro; se dice que los comunitarios retuvieron a 12 personas que confesaron el pago otorgado previamente y que portaban armas blancas y pancartas.

La manifestación organizada por elementos de Jalisco Nueva Generación pidió apoyo al 17 Batallón de Infantería (con sede en Zamora), pero le fue negada.

En un primer momento, miembros de las autodefensas detuvieron tres camiones donde viajaban mujeres y niños, y a éstos les indicaron que regresaran a su lugar de origen, quienes así lo hicieron. El cuarto camión, sin embargo, transportaba a los 12 hombres entre los cuales algunos portaban armas. Luego de haberlos desarmado, supuestamente fueron liberados bajo la advertencia de no regresar al municipio recién liberado.

Pero cinco de los 12 detenidos continúan desaparecidos, y hasta el día de hoy no hay más detalles al respecto. El entonces líder de las autodefensas, Enrique Hernández Salcedo, y quien ordenó la detención momentánea de los jóvenes, fue asesinado el 14 de mayo de 2015, ya como candidato por Morena a la alcaldía de Yurécuaro.

Caída económica

Paulatinamente, La Piedad se fue convirtiendo en un municipio violento. Para 2016 ya figuraba entre los 10 primeros de Michoacán con mayor número de homicidios dolosos por cada 100 mil habitantes. Esta racha se mantiene hasta 2018, a pesar de los intentos del gobierno de Michoacán y el ayuntamiento por tapar los hechos, con la finalidad de lograr una mayor atracción de inversiones privadas.

En 2014, la empresa de alimentos procesados Bafar anunció una inversión de 250 millones de pesos para instalar una planta en La Piedad, pero las constantes balaceras pararon en seco el proyecto que todavía no tiene vistos de volver a empezar. Sin embargo, el actual presidente municipal, Alejandro Espinoza Ávila, se muestra optimista y apenas este miércoles 14 de noviembre declaró que ya se va concluir la segunda etapa de la planta que promete 3 mil 500 nuevos empleos.

“Tenemos una región tranquila, recientemente tuvimos el Festival Internacional del Globo con más de 8 mil asistentes”, dijo en entrevista, esperando que la cifra generara la confianza que tres años de presencia de autoridades estatales y federales no han podido.

La falta de una economía fuerte no hace más que aportar un campo fértil para el crecimiento de la violencia hacia los jóvenes a los que les quedan cada vez menos oportunidades de empleo fuera de la informalidad y los grupos del crimen organizado que se pelean las calles de la cabecera municipal.

Ese fue el contexto en el que un joven de nombre Jorge David Solorio Flores se esfumó en mayo de 2018 a los 22 años. Su madre, quien sostiene algunas fotografías de él, en una hoja enmicada, camina en el primer contingente de la Caravana Internacional de Búsqueda en Vida de Personas Desaparecidas. Ella no ha denunciado legalmente por temor a que algo le pase algo a él, al resto de la familia o a ella misma. Pero el dolor hizo que un anuncio en la radio sobre la Caravana de Búsqueda la decidiera a salir a las calles de La Piedad y hacer público que tiene a un hijo desaparecido y del que no tiene indicio alguno.

Se entregó para salvar a su familia

En la fotografía, ‘El Botitas’, como le llamaban, o José Luis Martínez Rangel, su nombre verdadero, aparece con una camiseta amarilla de fútbol, lleva una gorra gris hacia atrás, mira fijamente a la cámara, serio y casi en la postura de una escultura antigua, su sombra se plasma en el muro detrás de él.

María Consuelo Arellano, su madre-abuela, cuenta que crió a José desde que este era muy pequeño a José; que tiene un carácter muy alegre y es un buen muchacho, aunque “lo enviciaron a la droga desde que tenía 15 años”. Consuelo piensa que fue ahí donde empezó todo, porque le empezaron a dar mercancía para que vendiera y tal vez por eso se endeudó mucho.

José desapareció el 8 de agosto de 2016, a la edad de 21 años.

Aquella noche, alrededor de las 10:45, su mejor amigo, alguien conocido como ‘el Negro Machetes’ le llama a José por teléfono para pedirle que saliera un momento de su casa, donde vivía con su mujer e hijo. “Me lo sacaron de la casa a esa hora y a la vuelta había 4 hombres armados que lo encadenaron. Él se entregó para que no le hicieran nada a su familia”, afirma María Consuelo, sosteniendo la fotografía.

La esposa de José llamó a la familia de éste poco después de las 3 de la madrugada, quienes por la mañana levantaron una denuncia en la Fiscalía. Durante un tiempo, las autoridades llamaban a Consuelo para pedirle que reconociera cadáveres y le mostraban fotos de jóvenes muertos con tatuajes, pero “yo nunca hallé a mi hijo entre los muertos. Él no tenía tatuajes”.

Se le tomaron muestras de ADN al hijo de José a partir del cabello y las uñas, una vez le llamaron a su madre para decirle que había una coincidencia con un cuerpo que estaba en el Servicio Médico Forense (Semefo) de Morelia, aunque finalmente se descartó el hallazgo.

La madre de José decidió ir los lunes y los viernes a la Fiscalía Regional de La Piedad para pedir información y avances del caso de su hijo-nieto, pero la única respuesta que encontró de los funcionarios públicos fue: “No sabemos nada, nosotros ¿para qué queremos muertos?”.

En La Piedad sólo se han robado un reloj

Juan José Monroy, fiscal regional de La Piedad es una persona seria, de pocos gestos, palabras parcas, discreto. Pero es una pieza clave en el rompecabezas michoacano.

En 2014 –quizá el año más álgido del movimiento de las autodefensas–, Alberto Castillo, titular de la Comisión para la Seguridad y el Desarrollo Integral de Michoacán, lo designo fiscal regional en Lázaro Cárdenas. Así que estuvo al frente de los decomisos de más de 300 propiedades de Los Caballeros Templarios a lo largo de toda la Sierra-Costa, y de la detención de figuras como Servando Gómez ‘La Tuta’ y Juan Manuel Mireles.

En 2017, Juan José Monroy fue removido y se le designó fiscal general en Guerrero. A su regreso a Michoacán a mediados de 2018 a La Piedad, afirma que se encuentra con una región que considera tranquila, con bajo índice de delitos menores y con tan sólo un caso de “una joven reportada como desaparecida pero que resultó que se fue con el novio”.

Como responsable de dar las facilidades para que la Caravana revise expedientes de personas no identificadas en su municipio, organizó la reunión en las instalaciones del Instituto Tecnológico de La Piedad y dio la bienvenida a las familias buscadoras.

Fuera del salón donde esto ocurría, comentó que en La piedad no hay grupos delincuenciales asentados, aunque a veces vienen de Jalisco o Guanajuato a tirar cuerpos, pero éstos se identifican para que los familiares vengan por ellos.

“En La Piedad no hay delitos de alto impacto, tan sólo se han registrado nueve robos de auto, un robo a una casa donde se robaron un reloj, no hay extorsiones ni secuestros y no hay cobro de piso. Considero que es una región tranquila”, finalizó uno de los hombres de confianza del llamado “virrey” Alberto Castillo.

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Categoría: Noticias. Memoría / Desaparecidos,

Heriberto Paredes

Heriberto Paredes

Fotógrafo y periodista independiente residente en México con conexiones en Guatemala, El Salvador, Honduras, Costa Rica, Cuba, Brasil, Haití y Estados Unidos