Leyendo:
¿El gran trotador reclamará su lugar?

Como una noche de carnaval, cada pueblo se cubre con la máscara para ir a cazar. Es la manera de lidiar con su propia sombra, su depredador interior. Así el ser no se horroriza al ver aquello que más teme de sí mismo en acción. ¿Cuál es el verdadero?

@lydicar

Un mito navajo

Noviembre en el país Navajo, altos desiertos al norte de Arizona. La luna se ha vuelto más grande, las noches más frías y los cielos más transparentes. Caen las primeras nieves. Se acerca el invierno, cuando los lobos parecen disfrutar más de aullar por las noches. Inicia la cacería ritual de venado, el camino del lobo le llaman. Un puñado de hombres –pueden ser cuatro y hasta 10– deben cambiar de piel y convertirse en lobos. Para ello entran a un baño de vapor ritual, algo que más al sur llamamos temazcal. Vapor piedras ardiendo que sisean al contacto con el agua. Los hombres cantan y rezan y se sumergen en un mundo anterior al nacimiento, un mundo de dioses animales, y piden al lobo que les preste sus cualidades para matar.

Como humanos, tienen prohibido relatar matanzas o cantar determinadas melodías. Ahora, al ser lobos pueden hablar de muerte y sangre. Aúllan cuatro veces al norte para prevenir el mal clima; aúllan para comunicarse entre ellos, para celebrar la matanza de una presa, comen como lobos, duermen como lobos, en descubierto; cazan en manada, persiguen su presa hasta cansarla. Los hombres serán el “Gran Trotador”, como describe el académico Steve Pavlik en su ensayo “Will big trotter reclaim his place? The role of the Wolf in Navajo Tradition”.  Pasada la luna llena de diciembre, termina la cacería. Los lobos realizan un temazcal, se limpian de la muerte, cambian de piel y regresan a la tribu convertidos otra vez en humanos.

Pueblo Navajo, norte de Arizona. Pero puede ser Nuevo México, Texas, Durango, Chihuahua, Sonora. El lobo mexicano vaga ahí donde encuentra bosques, agua y manadas de venados o bisontes. Las historias en torno al Gran Trotador varían pero no demasiado, los pueblos originarios del norte de México y el sur de Estados Unidos saben que es un maestro, un dios.

Algo similar a este ritual ocurre en diversas partes del mundo. Cada pueblo se cubre con la máscara, el alma de un depredador para ir a cazar. Lo narra Jung en su ensayo contenido en El hombre y sus símbolos. La manera de un pueblo de lidiar con su propia sombra, su depredador interior, es encarnarlo en una máscara, una persona. Así el ser no se horroriza al ver aquello que más teme de sí mismo en acción. Como una noche de carnaval, en el que tras la máscara hacemos cosas que no podríamos realizar mostrando el rostro. Pero la gran pregunta es siempre: cuál es el verdadero ser: ¿el lobo que sale a cazar o el hombre que lava su rostro?    

Referencias:
El lobo. Readings on the mexican gray Wolf (Lynch, Edit. 2005).

Columnas anteriores:

El gallo, el boquerón y la cajonera

No seas como el pájaro Toh

Lydiette Carrión Soy periodista. Si no lo fuera,me gustaría recorrer bosques reales e imaginarios. Me interesan las historias que cambian a quien las vive y a quien las lee. Autora de “La fosa de agua” (debate 2018).

Escribe las palabras a buscar.