Estuvimos vivas hasta que nos mataron

 

Las Autoras

En los últimos 3 años, en la Ciudad de México 262 mujeres fueron asesinadas violentamente, según registros del Mapa de Feminicidio.

Pero antes de esa violencia mortal las mujeres sufrimos múltiples daños: físicos, emocionales, sexuales o patrimoniales. Y esos episodios son alertas que, muy probablemente, de haberse atendido, podrían haber evitado muertes. Antes de que nos mataran, estuvimos vivas. Pasamos por violencias que son, también, advertencias de algo peor por venir.

En el centro de nuestra investigación está la Ciudad de México. “Una ciudad insegura para las mujeres es una ciudad más insegura para todos”, nos enseña el feminismo.

Interrogamos al mapa de la ciudad: ¿cuáles son las violencias que sufrimos según las diferentes delegaciones? Cuando estamos en peligro, ¿a qué instituciones podemos ir? y ¿son realmente efectivas?

Intentamos revertir esta frase que determina la forma en que se mira la violencia: “si no hay lesiones, no hay delito”. Cuando las mujeres denunciamos, no nos escuchan, hasta que el límite del peligro llega más allá de lo soportable.

¿Cómo mirar y desde dónde? Hicimos un esfuerzo para entender si nuestro modo de investigar está nublado por estereotipos y prejuicios: si es vigente la relación entre pobreza y violencia, si a través de las agresiones en casa podemos entender cómo cambia la violencia en las calles, si podemos salvar nuestra ciudad con las prácticas y el  sentido que conferimos al cuidado.

Hicimos también un esfuerzo para, nosotras mismas, reconocer que la violencia vivida es producto de un sistema que nos ha determinado hasta el punto de no detectarla. Para reconocer que subestimamos todo el tiempo el nivel de riesgo porque en el cotidiano, necesitamos seguir adelante. Para entender que una solución a estas violencias nunca puede ser individual, sino colectiva y social.

Esta violencia se encuentra también en los datos. Para entender las violencias sufridas, hay que pelear los datos de crímenes contra nosotras porque las autoridades judiciales no las tienen desagregadas por género. La ausencia y ambigüedad de investigación judicial y de datos sobre el tema han sido un arma política fundamental que contribuye a no evaluar a las instituciones, no investigar los hechos y no salvar nuestras vidas.

Este trabajo es una investigación abierta y cualquier persona puede enviarnos materiales, datos, noticias de su delegación. Está dividida en 3 capítulos:

En el primero, ubicamos en el mapa de la Ciudad de México la violencia sexual, asumiendo que ésta no es sólo un crimen contra una mujer, sino contra la comunidad. Para escuchar a las sobrevivientes elegimos una casa refugio, el lugar al que llegaron para salvar su vida. También acudimos a un Centro de Apoyo a la Violencia Intrafamiliar (CAVI), de la Procuraduría General de Justicia capitalina, para revisar la lógica institucional de atención. Y caminamos con mujeres para conocer qué herramientas ponen en marcha para cuidar nuestro cuerpo y territorio.

Y queremos dejarles una postdata:

Esta investigación es parcial y tiene silencios, porque no logramos incluir a lesbianas, gais, bisexuales, trans y otros cuerpos contra los que se ensaña la violencia.

Los objetos que se muestran en el fondo fueron elaborados por mujeres durante su estancia en el refugio La Fortaleza

 

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