Mujeres ante la guerra

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Vigía contra el miedo

Ajustaron el ritmo de la vida a las emergencias de su comunidad. El terror que invadió a Michoacán en la era de los Caballeros Templarios espantó a los visitantes de la costa y arruinó su economía. A algunas, las orilló a medidas más drásticas: sumarse a las filas de la fuerza rural y salir a las calles a defender a los suyos

Texto y producción de audios: Jade Ramírez Cuevas Villanueva. Fotografías: Héctor Guerrero
9 de Febrero de 2017

I.MARÍA, PERSEVERAR EN UN LUGAR ROTO


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II. LULÚ, LA COCINERA EN EL PARAÍSO

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En la costa de Michoacán, la escalada de violencia que comenzó en 2014 provocó el abandono del turismo. Lulú atiende su restaurante en una palapa de playa Las Brisas. Hace tres años atendía a 250 personas cada fin de semana; hoy solo hay 11 comensales.

III. IRLANDA EN BUSCA DE PAZ


Irlanda es dueña de su tiempo y movimientos. Mucho antes de sumarse a la policía local de Coahuayana, Michoacán, ella debió tomar decisiones sin el respaldo de una pareja, aunque siempre con la ayuda de su madre. Ahora, lleva cuatro años en un rol que la pone en riesgo cada día, en nombre de la seguridad de los suyos y el pueblo donde nació.

En el escritorio donde despacha junto al comandante Ernesto Navarrete, Tetos, jefe de la Policía en Coahuayana, reposa una bazuca calibre 50, entre expedientes, papeles, plumas y una computadora personal donde maneja la parte administrativa de 43 policías. Desde ahí vigila simultáneamente a su hijo de 10 años y la hija veinteañera que la convirtió en “abuela joven”.

Antes de comenzar la plática, ofrece agua, presenta al policía sentado cerca de ella, ordena todo a su alrededor, como si estuviésemos llegando a la sala de su casa. Luego pide un segundo, un poco avergonzada: “déjenme pintarme los labios, aunque sea.”

Irlanda Villa Espino no está acostumbrada a hablar de ella, ni de su rol en la vigilancia del municipio. No ha sido protagonista visible y se siente mejor de mantener un perfil bajo entre sus compañeros, a quienes conoce desde antes de que se formara la policía comunitaria de la Coahuayana, un municipio michoacano donde la franja urbana ha crecido en medio de extensos plantíos de plátano, limón y papaya a la orilla del mar.

“Mi primer trabajo fue de secretaria en BanRural hace veinte años. Se cerró cuando entró el bigotón de Fox y me quedé desempleada en 2010. Antes de empezar aquí vendía comida para llevar, hacía pozole, tacos tuxpeños, entamalados”, cuenta.

Su carisma rompe con la rigidez de una comandancia de policía compuesta en su mayoría por hombres. No es sólo por ser mujer, sino porque entre todos los policías con armas largas adheridas a la mano, resalta su amabilidad en cada expresión. La cabellera larga, crespa y oscura destaca en el bodegón donde trabaja. Usa blusas coloridas, excepto cuando sale a patrullar armada, cuando saca el uniforme azul marino.

Irlanda es una de las 4 mujeres que levantaron la mano para enlistarse en la rebelión civil de las autodefensas en 2013, el año en que grupos ciudadanos de Tierra Caliente y el resto de la costa michoacana se armaron para combatir a los Caballeros Templarios, el cártel del narcotráfico que -antes los ojos cerrados de las autoridades- se había apoderado de los campos, las ciudades, carreteras, minas, educación y el sistema de vida de la región.

Para Irlanda, los Templarios pasaron de ser una pesadilla que la aterrorizaba a un enemigo a combatir desde cualquier trinchera: como cocinera, secretaria, encargada de la comandancia y policía, patrullando las calles de su comunidad.

Contra los míos, no


Irlanda ama a su pueblo. Se emociona y abre los brazos al recordar la noche que se organizaron, el 13 de enero de 2013, cuando Los Templarios asesinaron a un mecánico que había comenzado a organizar las autodefensas.

“Ese asesinato nos dolió a todos. Vinieron a apoyarnos de Chinicuila y Tepalcatepec, a los tres días tomamos la presidencia y empezaron a agarrar a los cabecillas, corrieron… mucha gente salió, parejos, niños, ancianos, todos los productores de plátano, los chileros, el pueblo, pues… Primero nos pusimos debajo de la parota afuera de la presidencia municipal, en el primer plantón, apoyando en la cocina, éramos varias mujeres. Estaba al pendiente de que hubiera comida caliente para cuando llegaran, me encargaba de tener listas las cazuelas de comida, ollas con café y pan para cuando los hombres volvían de combate, andaban en campo, en las brechas, llegaban cansados había que tenerles algo. Me sentía bien, estaba siendo útil”.

Para entonces, la presencia de los Caballeros Templarios en el municipio vecino de Aquila, ya había provocado el desplazamiento de cientos de indígenas. Esta región, enclavada entre la sierra y la costa del Pacífico, es clave para conectar el puerto de Lázaro Cárdenas, en Michoacán, con el de Manzanillo, en Colima, donde también deriva la costa sur Jalisco. Es el núcleo del Cartel Jalisco Nueva Generación para la extracción minera, principalmente de hierro, oro y zinc, y la operación de aserraderos clandestinos.

Irlanda eligió la más riesgosa opción en lugar de salir: proteger su territorio y familia de lo que pasó en otras ciudades.

“Nos defendíamos de los Templarios, de las extorsiones, secuestros. Ya pedían cuota, pero ya iban a empezar a pedir cuota a los maestros, a los changarritos chiquitos de duritos, de esas cosas. Ya era un infierno el vivir aquí… A mi adentro, dije: ‘yo le entro, no quiero que mi hijo vaya a acabar siendo parte de ellos o siendo una víctima de las drogas, de alguna extorsión´, o algo me le fuera a pasar”.

- ¿Tenías miedo?

- Sí. Le teníamos miedo a un grupo de veinte personas que nos tenían atemorizadas. Pasaban en sus caravanas, era horrible, treinta o cuarenta vehículos amedrentando.

“La esperanza que teníamos era que la gente se animara. Como ya en Tepalcatepec, en Buenavista, ya se habían levantado un año anterior, estabas tú con el ojalá, hasta que hubo quién se animó: Julio (el mecánico) y lo mataron… Yo decía: ‘el día que lleguen los comunitarios o autodefensas, ese día yo me voy a unir’. Mi madre me cuestionaba: ‘¿cómo te vas a ir?’ Y yo decía: ‘sí me voy a ir aunque sea ayudándoles a preparar la comida o ver para qué sirvo’”.

Irlanda se sumó a la policía comunitaria y recibió armas de las que antes ni si quiera conocía. Su padre y dos hermanos también son vigilantes. Un tiempo fueron denominados autodefensas. Después Fuerza Rural -cuando Alfredo Castillo fue nombrado Comisionado de Seguridad para el Desarrollo en Michoacán-. A ahora solo son policías locales… en el limbo legal y sin salario.

* * *

Fueron más de 7 mil elementos los que envió Felipe Calderón en 2006 dentro de la Operación Conjunta Michoacán. El fracaso de la estrategia provocó que, 7 años después, la mayoría de la familia de Irlanda se pusiera a gestar con sus propias manos la seguridad de un municipio. “Aquí andamos mi papá, un hermano, fíjate un hermano es licenciado en Historia y mejor anda aquí”, dice.

Elementos de la fuerza rural de la comunidad de Coahuayana custodian a personas retenidas en la comandancia local del pueblo. Irlanda Villa hace guardia; antes de la llegada de los Caballeros Templarios, ella vendía tamales en su pueblo.

“Cuidas a otros y a mí no”


Irlanda es doblemente madre: por las capacidades de organización y orden puestas en juego para que la comandancia y su hogar, funcionen bien. Dice que no ha sido complicado desenvolverse en un ambiente masculino, quizá porque varios la conocen desde antes y porque ahí también están dos de sus hermanos y su papá.

“En un día normal llego a las 9 de la mañana a la oficina después de dejar algo o hacer tantito en la casa, decido qué se hará de comer, suministrar el mercado a la cocinera (que también es policía en calle), ver qué hace falta, si un elemento faltó saber por qué, cómo andan, acomodar elementos por patrulla, armar equipos, coordinarme con el comandante en turno y si el jefe se va me quedo a atender, si puedo solucionar el caso que traiga la persona bueno, si no le aviso”, cuenta.

- ¿Cómo te cae esta responsabilidad cuando te quedas al frente de todas las decisiones?

- Pero no de todas. A veces viene una señora “que mi marido me golpeó” y platico con ella, pero son decisiones que están, que yo sé que puedo apoyarlas. Decisiones fuertes mejor me espero. Paso reportes. Me gané su confianza, un día sin mayor explicación yo creo que por mi experiencia en una oficina, porque ya nos conocíamos, no lo sé, sólo mandó decir hazlo tú.

- ¿Cómo se alteró la dinámica cotidiana de tu familia?

- Ya no le dedicas tiempo como antes, estás acá cuidando. Los ves dos días y en ratos, a veces yo descanso nada más un día cuando se puede, si me dice el comandante que lo apoye, aquí tengo que estar…

“A veces voy a comer a la casa, reviso la tarea de mi hijo, hablo con mi hija para saber cómo están, ver con está mi nieta. Mi hijo me reclama a veces ‘oye mamá cuidas a otras gentes y a mí no me cuidas’, pero le explico y ya lo entiende mejor últimamente. Siento que se me parte el corazón, la verdad…por eso a veces me lo traigo aquí a que haga su tarea o estoy por teléfono viendo si ya comió o diciéndole ‘ándale, haz esto, haz esto otro’, pero sé que es por su bien. A veces se lo lleva un hermano que es maestro a su escuela para cuidarlo, mi papá a veces se lo lleva a un terreno que tenemos en la playa, pero no le gusta porque lo pone a trabajar. A veces llego tarde a trabajar, pero otras estoy aquí diez o doce horas diarias y por si fuera poco se suma la muerte de mi madre hace apenas un mes, ella era mi apoyo, veía por mi hijo, me lo cuidaba. Si pudiera expresarle regresando el tiempo a la mujer que yo era hace tres años y levantó la mano para entrar a esto, le diría ‘échale más ganas Irlanda, apoya a tu gente, si tienes tantito miedo que se te quite porque se necesita, hace falta paz’”.

Sin vuelta para atrás


Irlanda no recibe sueldo desde marzo de 2016, cuando el gobierno de Silvano Aureoles Conejo, cortó el pago a la comunitaria.

“Utilizaron al movimiento (de las autodefensas) para darle credibilidad al gobierno, pero desde cuándo no nos pagan; de los 43 que éramos Fuerza Rural -a quienes solo entregaron unas metralletas R15 con 30 tiros y un arma corta calibre .16- solo reconocieron a 11 elementos regularizados como Policía del Estado, pagándoles 12 mil pesos al mes.”

Otras 32 personas que continúan con tareas de seguridad civil armada en Coahuayana, reciben ocasionalmente por “padrinazgo”, como le dice Irlanda, mil 200 pesos de la Cámara de Empresarial de Plataneros. Se trata, dice, de una ayuda financiera por mes para 32 personas donde se “necesitan 80 o 100 elementos y bien pagados”.

Con molestia trata de entender las mutaciones que han pasado en las autodefensas a causa del gobierno y de paso cuestiona la orden de instalar tanques de la policía estatal y ejército en Coahuayana: “Ellos no saben de gasolina, de reparación de vehículos y ahora viene este gobernador que quiere hacerse cargo de la seguridad pero, ¿de qué forma? Que porque este lugar todavía es foco rojo”.

El miedo por represalias de los Templarios que se han replegado al estado de Colima no cesa. Irlanda es consciente que pueden reagruparse y volver, asociarse con otro cártel, retomar fuerza en Michoacán, vengar su expulsión a manos de otros civiles convertidos en policías.

Cuando le pregunto por quienes califican la revuelta michoacana como una causa perdida advierte: “levántense en armas porque el gobierno no los va a defender”.

Sabe también que no hay marcha atrás.

“No voy a regresar a una vida normal como supuestamente la teníamos entre comillas, la verdad no. Ya te ubican, incluso si quiero ir a Tecomán no puedo, ya no va a ser lo mismo... A Coalcomán, Aquila y Tepalcatepec puedo ir tranquila, pero para Colima, no”.

– ¿Qué te mueve seguir aquí si hay tanta adversidad y desprestigio?

– Que el pueblo está tranquilo, la gente está volviendo a creer en la seguridad de Coahuayana, la gente viene a gusto, tenía gente de Estados Unidos que ya no venía a ver a sus parientes. Ya te puedes ir caminando a las 12 de la noche en tu casa, incluso en las noches yo duermo en hamaca cuando hace calor.