#

Texto: José Ignacio De Alba. Foto: Ximena Natera
10 de diciembre de 2017

“Tenemos que empezar a construir la paz”


La guerra nunca lleva a la justicia, dice en entrevista con Pie de Página el historiador Froylán Enciso, experto en políticas de drogas. Sin embargo, la opción de una posible amnistía planteada por Andrés Manuel López Obrador tampoco es un proceso fácil, ni se consigue por decreto. Como sea, en México necesitamos buscar alternativas de construcción de paz

México parece romper todos los récords de violencia de los que se tenga registro en la historia moderna del país; solo en noviembre se abrieron mil 851 carpetas de investigación por asesinato, lo que equivaldría a que durante ese mes hubo, al menos, un homicidio cada 23 minutos. También aumentaron los robos a casas, a negocios, de secuestros y violaciones.

Es el saldo de la espiral de violencia que ha dejado la estrategia militar de seguridad que inició en 2006 el expresidente Felipe Calderón, que continuó Enrique Peña Nieto y que sigue en el mismo camino con la Ley de Seguridad Interior, que se discute en el Senado de la República.

Organizaciones de la sociedad civil, académicos y  luchadores sociales han rechazado esta propuesta, que legaliza la represión. El representante en México del Alto Comisionado de la  ONU para los Derechos Humanos, Zeid bin Ra’ad Zeid envió una carta al Senado para no aprobar la ley, que calificó de “preocupante”.

Entre sus motivos están: la ley utiliza conceptos ambiguos que benefician el uso arbitrario del uso de la fuerza; sometimiento de las autoridades civiles a mandos militares; el presidente podrá ordenar acciones del ejército con amparo en la ley; no existe fortalecimiento de las instituciones locales de seguridad; no hay una regulación clara de cuándo podrá utilizarse el “uso legítimo de la fuerza”; no busca una promoción, respeto y garantía de los derechos humanos; afectación a la protesta social; e inhibe la transparencia y rendición de cuentas de las fuerzas de seguridad.

Froylán Enciso, investigador de Centro de Investigación y Docencia Económicas especializado en la economía política de las drogas especula sobre el uso verdadero de la Ley de Seguridad Interior: 

“Tengo sospecha de que el apuro por aprobarla tiene que ver con la colaboración que desde el 2013 se estableció para que México se volviera un tapón a la migración centroamericana y a los flujos de droga que venían de Sudamérica”, dice Enciso, en entrevista telefónica.

En esa misma línea, la Ley de Seguridad Interior sería usada como moneda de cambio en el Tratado de Libre Comercio, para “ofrecerles el Plan Frontera Sur con estrategias de desarrollo como la instalación de Zonas Económicas Especiales y sobre todo ofreciendo el territorio nacional como un puente para inversiones de empresas energéticas”.

La ley se plantea, por sus impulsores, como una manera de darle un marco jurídico a las acciones que ya realizan las fuerzas armadas.

Pero la guerra, dice Enciso, “en ningún caso lleva a la justicia”.

La amnistía no se hace por decreto

Del otro lado está la amnistía. Aunque el precandidato de Morena, Andrés Manuel López Obrador, no menciona la palabra “amnistía”  en su  Proyecto de Nación 2018-2024 de más de cuatrocientas páginas, esta semana retomó esa propuesta (que ha mencionado en varias ocasiones) en su visita a Guerrero, una de las zonas más golpeadas por la violencia.

“A mí no me extraña que sea un escándalo porque todos estamos metidos en una lógica de guerra, necesitamos una alternativa a la militarización, no a perpetuar el mal uso de las fuerzas armadas”, dice Enciso.

Y explica: Benito Juárez declaró una amnistía a los enemigos de la república partidarios de Maximiliano de Habsburgo en 1879. Desde entonces Sebastián Lerdo de Tejada,  Lázaro Cárdenas, Manuel Ávila Camacho y Luis Echeverría han extinguido acciones penales en contra de enemigos políticos para restablecer la paz.

Para Enciso, “la gran diferencia es que en el pasado se ha usado después de guerras convencionales, o sea invasiones, guerras civiles o por motivos ideológicos. Lo que está proponiendo Amlo tiene antecedentes, pero no tiene puntos de comparación porque en la actualidad estamos imbuidos en un conflicto no convencional que inició Felipe Calderón”.

Desde su perspectiva, es necesario que López Obrador de más información sobre su propuesta, porque “para llegar a una amnistía en términos de una justicia transicional es un proceso súper complejo. No es una cosa que se haga por decreto”.

Lo importante, para el académico, es empezar a construir un modelo de paz de seguridad ciudadana. “Hay que acercarse a las organizaciones de víctimas y empezar a pedirles ayuda para emprender una discusión nacional, no sobre militarismo, no sobre las ideas de mantener una guerra contra el crimen organizado sino mantener un proceso de paz”, insiste.

¿Y qué le toca hacer al ciudadano de a pie para abonar a una situación de paz?

“Tenemos que explorar hasta donde nos ha afectado la violencia y hasta donde la hemos normalizado, discernir entre justica y venganza. Tenemos que sincerarnos íntimamente y darnos cuenta hasta qué punto el ambiente de violencia nos ha desgastado”.